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“Vivimos una escalada de odio y de violencia”, señala Iglesia Católica



La homilia dominical fue realizada por el sacerdote, Juan Carlos Martínez. La homilia dominical fue realizada por el sacerdote, Juan Carlos Martínez.
Autor del artículo: Proceso Digital

Tegucigalpa – “Vivimos una escalada de odio y de violencia en nuestras sociedades”, señaló este domingo el cura párroco de la iglesia catedral metropolitana San Miguel Arcángel de Tegucigalpa, Juan Carlos Martínez, durante la pronunciación de la homilía.

“Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurien, estas palabras de Jesús son gran una novedad radical para nosotros, pero no absoluta pues se fundamenta en el anhelo más profundo del ser humano, la necesidad amar y de sentirnos amados”, apuntó el sacerdote.

Recalcó que esa es la visión de Jesús sobre la vida humana, el ser humano es más humano cuando el amor está en la base de todas sus actuaciones y ni siquiera la relación con los enemigos es una excepción, quien es humano hasta el final descubre y respeta la dignidad humana del enemigo por desfigurada que se nos pueda presentar.

Reiteró que el amor a los enemigos es una actitud específica de los que deseamos ser discípulos de Jesús y está marcado por la gratuidad como lo está el comportamiento de Dios hacia cada uno de nosotros, todos llevamos nuestro germen de orgullo que en determinadas circunstancias se convierten también en un germen de odio.

Apuntó que el odio a los enemigos es un mal que envenena, un impulso negativo, que no nos deja en paz, nunca produce satisfacción sino angustia, tiene un carácter destructivo, a veces se enraíza en heridas de nuestra sensibilidad o de frustraciones de nuestras necesidades exageradas de reconocimiento, de amor, de ser importantes y Jesús viene a liberarnos de todo lo que nos impide vivir.

Martínez se preguntó qué futuro tiene una sociedad, un pueblo, una pareja, una persona que se deja llevar todavía por la violencia o que cultiva el odio y el resentimiento.

“Hemos olvidado la importancia que puede tener el perdón para la humanización de las personas y el avance de las sociedades y de los pueblos, el perdón liquida los obstáculos que vienen de nuestro pasado y despiertan en nosotros energías nuevas para seguir luchando, a seguir caminando”, enfatizó.

Agregó que los cristianos necesitan redescubrir la fuerza humanizadora social y política del perdón y sin una experiencia de perdón, las personas, los grupos, las sociedades, quedan sin futuro, pues el perdón libera, ennoblece y humaniza a quien perdona y a quien es perdonado.

Apuntó que Jesús no nos dice que no tengamos enemigos, sino que si los tenemos seamos capaces de amarlos.

El sacerdote recalcó que el amor al enemigo no es un acto marginal sino el sentido y el centro del amor cristiano, solo cuando se da sin esperar recompensa, cuando se ama sin esperar que el otro responda, cuando se pierde para que el otro gane, sólo entonces se ha llegado al misterio del amor que se nos revela en Jesucristo.

Reiteró que vivimos en una sociedad donde es difícil amar gratuitamente y casi todos nos preguntamos, qué ganamos de esto, para qué sirve, todo lo calculamos y lo medimos, nos hemos hecho a la vida de que todo se obtiene pagando y corremos el riesgo de convertir todas nuestras relaciones en puro intercambio de servicios, pero el amor, la amistad, la cercanía, la alegría interior, no se obtienen con el dinero, son del orden de la gratuidad.

Aludió cuatro frases imperativas que se sitúan en situaciones concretas de la vida: “al que te pegue en una mejía, preséntale la otra; al que te quite la cama, déjale también la tuya; a quien te pida, dale y a quien se lleva lo tuyo, no se lo reclames”, son frases gráficas, incisivas, donde se puede imaginar el impacto que esas frases producían en aquellos que los escuchaban y en aquella época para los judíos el mayor agravio era recibir una bofetada y el poner la otra mejía no significa que Jesús esté aconsejando resignarse con su suerte sino que está invitando a no utilizar la violencia.

Añadió que ese evangelio tiene una aplicación todos los días, a todas las horas y a todos los niveles de la vida, en la familia, en la sociedad y en el ambiente laboral.

Cuestionó que tenemos una tendencia a criticar a los demás, a encontrar defectos en las personas, a mirar sólo lo negativo e incluso a condenarlos, pero Jesús invita a no condenarlos, Él no condena a nadie, nadie nos ha nombrado juez de nadie.


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