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Remover las ventanas a un avión en pleno vuelo

Roberto Flores Bermúdez, Ex canciller

Mediante un tweet del 18 de mayo del año pasado, la Administración Trump anunció la intención de congelar los fondos de sus aportes y poner fin a su membresía en la Organización Mundial de la Salud (OMS). El anuncio se correspondió con una visión distorsionada sobre la pandemia, cónsona con la errática estrategia nacional. Una medida como esa, dijo la Doctora Rebecca Katz, directora del Centro para la Seguridad y Ciencias de la Salud Global de la Universidad de Georgetown, equivale a remover las ventanas de un avión en pleno vuelo. Las consecuencias podrían ser graves no solo en función de la pandemia, sino también con los demás programas de prevención y tratamiento globales en curso. Estados Unidos contribuye con el 27% del presupuesto de la OMS para la erradicación de polio; 19% del presupuesto para combatir la tuberculosis, HIV, malaria y otras enfermedades prevenibles; y el 23% del presupuesto para emergencias de salud. 

Desde su sede en Ginebra, la OMS define las líneas de política global en salud y hace gestiones internacionales, como el caso del Mecanismo de Acceso Mundial a las Vacunas (COVAX), en coordinación con la Coalición para las Innovaciones en la Preparación para Epidemias (CEPI) y la Alianza para las Vacunas (GAVI). También ha establecido un fondo rotatorio para la compra masiva de vacunas certificadas con insumos para su aplicación, a precios bajos. Las gestiones globales se hacen desde Ginebra, pero son las oficinas regionales las que trabajan en el campo. Ese es el caso de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la que ya ha gestionado apoyo técnico y suministros para luchar contra la pandemia por un valor de 263 millones de dólares. De igual manera, la OPS juega un papel clave para la obtención y distribución de las vacunas contra el COVID-19 a nivel regional. Honduras está trabajando muy de cerca con la organización para asegurar una cuota razonable, en la medida en que las vacunas se hagan disponibles.

La atención a la salud, tanto regional como internacional, está mejor servida alejándose de políticas partidistas, patrioteras y de exclusión. El debilitamiento de una agencia como la OMS, particularmente en las condiciones actuales, propaga la pandemia, prolonga el sufrimiento de las personas e incrementa el número de fatalidades. Este es un ejemplo más de la necesidad de revitalizar la concertación multilateral. El momento es una oportunidad para fortalecer a la OMS y que, sus agencias regionales, guíen y orienten a los países en las soluciones de la pandemia y a prepararse en la prevención de las futuras que ya se están visualizando. 

Como resultado final de esta pandemia, los países apuntan a un mejor sistema global de investigación, desarrollo e innovación de medicamentos, redes de distribución, de aplicación de los remedios, y capacidades de tratamiento local. En vista de la dimensión del desafío, habría más garantías de éxito si las respuestas se buscan en conjunto.

En efecto, la Unión Europea está promoviendo una Unión Europea de la Salud, con el propósito de mejorar el marco de seguridad de salud, reforzar la preparación para las crisis y fortalecer su Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC), todo ello en coordinación con la OMS. En nuestra región contamos con el Consejo de Ministros de Centroamérica y la República Dominicana (COMISCA). Si bien llevamos a cabo campañas regionales de salud, compartimos estadísticas y realizamos negociaciones conjuntas, ojalá podamos dar pasos adicionales como región en la coordinación institucional para la reacción ante crisis como la que nos aqueja. El ejemplo de la Unión Europea es digno de considerar. El trabajo conjunto con la OPS hacia ese fin podría ser un buen camino.

Una de las primeras decisiones que tomó la nueva administración en los Estados Unidos de América fue la de retornar y de fortalecer a la OMS. La atinada decisión del Presidente Biden indudablemente contribuirá a salvar vidas, tanto en Estados Unidos como fuera de el. Un país como el nuestro no puede dejar de reconocer la importancia del desarrollo de la agenda multilateral, con la amplia participación del colectivo de países que integran la comunidad internacional. Este mes de enero se cumple un año de la declaratoria de la pandemia por la OMS. Es alentador saber que también se ha iniciado una nueva etapa en las relaciones internacionales, donde los foros multilaterales jugarán un renovado papel.

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