Tegucigalpa (Especial Proceso Digital Lilian Bonilla) – Durante los últimos seis años, Honduras ha recibido según cifras oficiales aproximadamente 53 mil millones de dólares en concepto de remesas familiares, una cifra que supera ampliamente la inversión extranjera directa y representa uno de los principales pilares de la economía nacional, sin embargo, el desafío sigue siendo el mismo: transformar estos recursos en una verdadera herramienta de desarrollo sostenible.
– Honduras posee una oportunidad histórica para convertir las remesas en uno de los principales motores de su desarrollo económico y social.
Diversos estudios indican que más del 90 % de las remesas recibidas por los hogares hondureños se destina al consumo inmediato, principalmente alimentación, vivienda, salud, educación y pago de servicios. Aunque estos gastos contribuyen al bienestar de las familias y dinamizan las economías locales, su impacto estructural sobre el crecimiento económico es limitado porque de acuerdo con los expertos no se complementa con inversión productiva.
El potencial desaprovechado
Un reciente estudio de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), titulado —Remesas familiares: Transformando Dependencia Externa por Prosperidad Territorial — que lideraron los master David Carías Dávila y Julio Rivera, destaca que si una parte significativa de los 53 mil millones de dólares recibidos hubiera sido canalizada hacia actividades productivas, Honduras habría contado con una fuente de financiamiento capaz de impulsar miles de emprendimientos, fortalecer pequeñas y medianas empresas, generar empleo y consolidar cadenas de valor en sectores estratégicos como la agricultura, el turismo, la manufactura y los servicios.
En la misma sintonía un análisis de la organización de investigación independiente Sendas, señala que las remesas han incrementado su importancia en la economía hondureña y que son “la red que sostiene pero no impulsa”, y recuerda que en una década, las remesas pasaron de representar el 17 % del Producto Interno Bruto (PIB), al 30 %, recibiendo solo en 2025 12,212 millones de dólares.

Proceso Digital entrevistó al especialista David Carías Dávila, quien reiteró que las remesas familiares se han convertido en el principal soporte de la economía hondureña, pero su impacto podría ser mucho mayor si una parte significativa de estos recursos se destinara a la inversión productiva.
Según explicó, en los últimos cinco años los ingresos acumulados por este concepto han superado el billón de lempiras. No obstante, señaló que más del 90 % de estos recursos son utilizados para cubrir gastos de consumo y manutención de los hogares.
“Existe una teoría milenaria que dice: enséñale a un hombre a pescar y comerá toda la vida; dale un pescado y comerá un día. Eso es precisamente lo que nos está ocurriendo como país”, expresó Carías Dávila al referirse a la dependencia creciente de las remesas.

Municipalidades podrían tener un aliado de desarrollo en remesas
Las remesas representan recursos privados que llegan directamente a los hogares, pero también constituyen una oportunidad para construir desarrollo territorial. La experiencia internacional demuestra que, mediante incentivos adecuados, estos flujos pueden convertirse en capital de inversión que multiplique su impacto económico y social.
En ese sentido el académico destacó que, aunque estos recursos contribuyen a reducir los niveles de pobreza y mejoran la calidad de vida de miles de familias, no están generando las condiciones necesarias para impulsar un desarrollo económico sostenible. “Sin las remesas la pobreza sería mucho más galopante, pero no estamos saliendo de ella”, advirtió.
Carías Dávila consideró que es necesario cambiar la visión sobre el uso de las remesas mediante políticas públicas que promuevan el ahorro, la inversión y el emprendimiento.
El investigador indicó que las municipalidades pueden desempeñar un papel estratégico mediante programas de desarrollo económico local, facilitando permisos de operación, procesos de construcción, capacitación empresarial y apoyo a cadenas de valor productivas.
De acuerdo con el estudio realizado por la UNAH, el 71 % de las remesas que llegan al país se concentra en cinco municipios: Tegucigalpa, San Pedro Sula, La Ceiba, Comayagua y Choluteca. El 29 % restante se distribuye entre los demás municipios del territorio nacional.
Finalmente, el entrevistado enfatizó que Honduras debe fortalecer sectores productivos como la agricultura y la industria para reducir la dependencia de la migración y de las remesas. “Las remesas caen como oxígeno puro en muchas comunidades, especialmente las más deprimidas del país. Sin embargo, si no generamos oportunidades productivas, seguiremos consumiendo el pescado en lugar de aprender a pescar”, concluyó.

Productividad para cuando hondureños regresen
Las remesas familiares siguen siendo el principal estabilizador macroeconómico de Honduras, con más de 5,000 millones de dólares recibidos en lo que va de 2026, afirmó el oficial de Política Económica del Cohep, Alejandro Kaffati.
El economista señaló que, aunque las remesas representan la principal fuente de ingresos para miles de hogares, el reto es convertir esos recursos en un motor de inversión y productividad. Para ello, consideró necesario fortalecer la coordinación entre el sistema financiero, el sector privado y el Gobierno para crear mecanismos que permitan utilizar parte de las remesas como capital semilla para emprendimientos y pequeños negocios.
“Las remesas siguen siendo el principal estabilizador macroeconómico del país, pero necesitamos convertirlas en un promotor de la inversión nacional y de la productividad”, expresó.
Kaffati subrayó que el objetivo es que las remesas no se destinen únicamente al consumo, sino que también contribuyan al fortalecimiento de la economía local, la generación de empleo y mejores oportunidades para quienes las reciben y para los hondureños que regresen al país.
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Evidencia del impacto económico
El comportamiento de las remesas en los municipios hondureños refleja una estrecha relación con la actividad económica local. Los análisis del estudio académico muestran que, a medida que aumentan las remesas, también crece la dinámica económica municipal.
Los coeficientes de correlación evidencian esta relación: Municipios categoría A: 81.8%, municipios categoría B: 50.8%, municipios categoría C: 44.5% y los municipios categoría D: 98.3%
Los resultados del estudio en mención confirman que las remesas no solo benefician a las familias receptoras, sino que generan efectos multiplicadores en las economías locales mediante el incremento del consumo, la demanda de bienes y servicios y la circulación de recursos financieros.
En este punto se enfatiza que es particularmente significativo es el caso de los municipios categoría D, donde la correlación alcanza el 98.3 %, demostrando una alta dependencia de las remesas como fuente de dinamización económica.
Los datos de los estudios demuestran que existe una relación directa entre remesas y actividad económica. Por ello, convertir estos flujos financieros en inversión representa uno de los caminos más sólidos para impulsar el desarrollo local, generar empleo y reducir la dependencia económica de la migración.
Una oportunidad histórica
De todos es sabido que las remesas han sido fundamentales para sostener la economía nacional y mitigar los efectos de la pobreza de miles de hondureños. Pero hoy los expertos basados en la data recuerdan que, el país enfrenta la necesidad de dar un paso adicional, transformar parte de esos recursos en capital productivo. LB












