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Realidades contra Trump

Por: Ricardo Puerta

Tegucigalpa.– Estoy casi seguro que el Presidente Donald Trump desearía contar con hechos comprobados científicamente que le den sustento a sus políticas migratorias. Pero en vez de ello, los hechos analizados metódicamente por investigadores profesionales norteamericanos, en vez de ayudarle, le contradicen.

De eso trata este artículo. Comenta estudios recién publicados en Estados Unidos por académicos norteamericanos reconocidos, y usa sus resultados, análisis, conclusiones y aplicaciones para poner a prueba dos argumentos repetidos por Trump, que ejemplifican sus incongruencias. El artículo cierra con una síntesis del escrito.

Argumento 1El mayor número de indocumentados llega a Estados Unidos por la frontera de México. 

Falso. El Presidente Trump repite esta idea para criminalizar las fronteras terrestres norteamericanas con México, y en consecuencia, justificar la construcción de 3,200 kilómetros de más de muro, que serían sumados a los 1,050 kilómetros de muros y cercas que ya existen en esa zona fronteriza del país del Norte.

Sin embargo, los datos migratorios del Gobierno de los Estados Unidos contradicen el argumento. Desde 2007 son más los inmigrantes que en número absoluto llegan a los aeropuertos del país con visas temporales y que después se quedan dentro del territorio norteamericano en forma irregular –tras habérseles vencido la visa temporal— al compararlos con el total de inmigrantes que cruzan la raya fronteriza terrestre de México-Estados Unidos de manera clandestina.

Datos oficiales del Gobierno estadounidense confirman que la gran mayoría de los nuevos inmigrantes que se mantienen indocumentados en Estados Unidos no pasó a territorio norteamericano por haber cruzado una frontera terrestre de manera clandestina.

En el estudio realizado por Donald Kerwin y Robert Warren, recién divulgado el  6 de marzo, 2017,  por el Centro de Estudios de Migración (CMS en inglés) y titulado «The 2,000 Mile Wall in Search of a Purpose» (“El muro de 2.000 millas en busca de un propósito”)se lee …”casi dos tercios (66 %) de los nuevos inmigrantes ilegales entraron a Estados Unidos por un aeropuerto, amparados por una visa temporal, otorgada por Consulados norteamericanos en el extranjero;  y una vez dentro del país, permanecieron en el mismo, cuando su visa de entrada ya se les había vencido,  mintieron de alguna forma en los trámites de su visa o en la entrevista de entrada, a la llegada”.

California es el Estado de la Unión Americana donde más personas se quedaron al expirar sus visas (890.000), seguido por Nueva York (520.000), Texas (475.000) y Florida (435.000).

Por primera vez desde el año 2013, los inmigrantes de origen asiático — chinos en número superior, seguidos por los nativos de India, es el grupo nacional que más ha crecido últimamente en Estados Unidos como población inmigrante indocumentado. Después de ese año los chinos siguieron superando en número a los indocumentados de procedencia mexicana y de países centroamericanos. Hasta el 2012, eran esos latinoamericanos –mexicanos y centroamericanos—los que más pasaban ilegalmente a territorio estadounidense. Con el cambio, se rompía con la tendencia histórica de un pasado reciente, que estuvo mantenido por décadas, en que los mexicanos, por si solos, encabezaban la lista del total de “wetbacks“ o “mojados.

La “oleada asiática” realmente comenzó en el 2007, y desde entonces, los inmigrantes llegados a EE.UU. — por vía aérea y con visas temporales desde ese continente– muestran un crecimiento anual sostenido. Al presente, superan en 600.000 a los inmigrantes anuales que entran ilegalmente a Estados Unidos por una frontera terrestre. Analistas reconocidos pronostican que esa tendencia seguirá afianzándose a favor de los chinos en el futuro predecible.

Basado en intuiciones sugeriría, como hipótesis plausible, que un buen número de los asiáticos que “llegan a Estados Unidos” con visa, lo hacen para “americanizarse”. Es decir, para aprender el idioma, si es posible estudiar, tener un entendimiento vivencial de la cultura empresarial y de la sociedad norteamericanas, y en suma, adaptarse al “American way of Life” (“al sistema de vida norteamericano”). Una vez “logrado ese múltiple objetivo”, se vuelven a Asia, retornando a su país de origen con “ese nuevo capital social, producto de la experiencia migratoria”.

Tal proceso aumenta la empleabilidad del asiático retornado, no solo en China, sino también en “otros países análogos” de la región –como Taiwán, Corea del Sur y Vietnam. En ellos operan numerosas empresas transnacionales, con capital, tecnologías y gerencia occidentales: norteamericanas y europeas.  Sabiendo esto, es plausible que esas mismas empresas, con casas matrices en Estados Unidos o en países de Europa, sean las que de una manera directa o indirecta, promuevan y organicen estos procesos “de americanización/occidentalización de asiáticos”

Argumento 2La inmigración resulta en más delincuencia en EE.UU.

Falso. Aunque como argumento general Trump lo aplica contra todo lo que no sea “estadounidense”.

Lo cierto es que tampoco existen los hechos que sustentan tal argumento. Más bien lo contrario es lo que prevalece como prueba. Así lo confirma el estudio, cuyo coautor es el sociólogo Graham Qusey, profesor de la Universidad “William and Mary” en Williamsburg, Virginia.

Qusey declaró  a la agencia EFE…”los inmigrantes nacidos en el extranjero, así como sus hijos nacidos en Estados Unidos, tienen menos probabilidades de ser delincuentes”. Y agrega… «las personas nacidas en el extranjero y los hijos que han nacido en Estados Unidos tienen menores índices de criminalidad que los residentes nativos”. Y fundamenta lo informado con la siguiente explicación: “La gente que emigra a un nuevo país busca mejores oportunidades, y por eso está muy motivada y determinada a conseguir objetivos concretos». Y añade: “a muchos les preocupa la deportación, y por tener ese temor, evitan cualquier contacto con las instancias judiciales”.

Su estudio, «Inmigración y crimen: evaluación de un asunto contencioso«, lo produjo en colaboración con el sociólogo Charis Kubrin, de la Universidad de California-Irvine, basando su análisis en 51 investigaciones anteriores. El estudio se publicará en la “Revista Anual de Criminología”.

 

Tras comentar las conclusiones los autores insistieron en lo opuesto o hipótesis nula –es decir, “que la inmigración no resulta en más delincuencia”. Consecuente con ello, Ousey pidió que los análisis que quieren encontrar la fuente de la delincuencia, dejen de concentrarse en los inmigrantes. Y en su lugar, “adopten un enfoque más amplio para así prevenir políticas públicas equivocadas, basadas en el temor a los «extranjeros». Sugiere que «el crimen se explique por sus causas sociales, como son la desigualdad, la pobreza y la segregación racial. “Si se hace algo en relación con estas causas habrá más posibilidades de controlar el crimen», añadió.

A pesar de lo anterior, Ousey reconoce que aún prevalece la idea que la inmigración trae más delito a la sociedad porque los inmigrantes tienden a debilitar el control social informal, que en las comunidades locales produce orden y estabilidad.

Y yo agregaría que en Honduras, la percepción errada que comenta el investigador Ousey, criminalizando a los migrantes, también existe. Generalmente la comparten y comentan, más en privado que en público, un número significativo de funcionarios gubernamentales, abogados, jueces, periodistas, comunicadores sociales, líderes cívicos y hasta religiosos.

Qusey señala en su estudio un hecho que yo como autor de este escrito ni siquiera me lo había imaginado: el terrorismo no está incluido en los tipos de delitos que por mandato legal debe investigar al Buró Federal de Investigaciones/FBI de Estados Unidos, y por eso, ningún atentado terrorista, ocurrido en Estados Unidos,   fue incluido en el estudio de Kubrin y Ousey.

Pero como los límites de este artículo nada tiene que ver con el FBI, yo agregaría lo siguiente: En los atentados del 11 de septiembre del 2001, así como el del Maratón de Boston, ocurrido el 15 de abril del año 2013, no hubo siquiera un terrorista o cómplice que haya entrado a Estados Unidos por tierra, desde México, como inmigrante documentado o indocumentado.

Por la forma en que se organizaron, ejecutaron y efectos que tuvieron, ambos actos, desde que sucedieron, fueron considerados “terroristas”, tal como están tipificados por las leyes vigentes de Estados Unidos.

El atentado del 9-11 destruyó el complejo de edificios del World Trade Center, popularmente conocido por las “Torres Gemelas de Nueva York”. Sus víctimas sumaron 2,950 como mínimo, entre muertos y desaparecidos. Y el atentado del Maratón de Boston, mató a 3 personas e hirió al menos a 264.

La información que he revisado sobre ambos atentados evidencian que los inmigrantes terroristas muertos y los cómplices que los apoyaron,  se encontraban en territorio norteamericano protegidos por una de estas situaciones legales migratorias: 1) poseían  una visa de entrada al país –de turista, estudiante, de trabajo temporal u otra análoga—- obtenida en un consulado norteamericano autorizado en el extranjero, aún vigente al “pasar por migración a la llegada” , 2) eran extranjeros naturalizados o residentes permanentes con su green card o tarjeta de residente americano, ó 3) habían nacido en Estados Unidos de América, gozando de  todos los derechos de un ciudadano norteamericano.

Después de los atentados, aparecieron pruebas demostrando que algunos de los ejecutores e implicados en los atentados, habían dado información falsa para poder lograr la condición legal migratoria que poseían, y por ello, lo obtenido “legalmente” quedaba inválido. Otros, menos en número, al momento del atentado estaban todavía activos o en reserva en la Guardia Nacional del Ejército norteamericano, o en el pasado, cuando eran más jóvenes habían recibido entrenamiento militar en las  fuerzas armadas de los Estados Unidos, por estar activos en una de sus tres ramas especializadas.

Conclusión

El mayor número de indocumentados que hoy llega a Estados Unidos no entra por la frontera de México, sino que viene de Asia, mayormente de origen chino, y llega por vía aérea, con visa legal temporal, concedida en el extranjero por el sistema consular estadounidenses. En balance entran más de 600,000 asiáticos por año a territorio norteamericano por uno de los numerosos aeropuertos internacionales de la nación, que el total de mexicanos y centroamericanos que pasan clandestinamente a Estados Unidos por tierra, desde México cada año.

Y una vez dentro de territorio estadounidense, a los asiáticos se les vence la visa, y se quedan por más tiempo en el país, sin normalizar su condición migratoria. Producto de ello, desde el 2013, los chinos como grupo nacional, es el más indocumentados, y a su vez, el que más se incrementa anualmente. Los pronósticos anticipan que en número, seguirán   a la alza en los próximos años, según estimados dados por entendidos en la materia.

La inmigración no redunda en más delincuencia en Estados Unidos. Son menores las tasas de delincuencia en los inmigrantes y en sus hijos, que en la población nativa estadounidense y sus descendientes.

En tal sentido, la explicación de la delincuencia en Estados Unidos hay que buscarla en las causas sociales de la migración y no en la migración misma. Entre esas causas,  los autores mencionados aquí citan como válidas para Estados Unidos la inequidad, la pobreza y la segregación racial. Y para Honduras aconsejaría agregarle estos correlatos por el potencial explicativo que tienen; crianza familiar, formas de inseguridad, tipos de violencia, corrupción, impunidad, desempleo y subempleo.

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