
En el principio, las culturas semíticas, ubicadas en el Oriente Medio, y más allá en el Lejano Oriente, la Escuela si se le puede llamar así, aparece como la subsidiaria a las diferentes necesidades económicas, políticas y sociales, es decir, que desde la transmisión oral hasta nuestros días, ha respondido al contexto de cada época. Cabe hacer que la Escuela, nació como un privilegio de los poderosos. Tanto Mesopotamia, Egipto, Roma y Esparta la formación era exclusiva y no inclusiva, elitista, destinada solo a los nobles.
Siguiendo un poco la línea de tiempo, el papel que jugara la iglesia al instalar Escuelas Monásticas y Catedralicias, las cuales estaban dedicadas a la formación del Clero y de gente cercana al poder. En este punto de la historia, la enseñanza era muy visual y manual, es decir, viendo y haciendo. Luego, llegando al Siglo XVIII, aparecen las Escuelas impulsadas desde lo universal, es decir, creando espacios pedagógicos para todos. De ahí, que la entrada del Estado con vocación pedagógica hizo que se crearan algunas escuelas públicas, un tanto, excluyentes pues separaban a los estudiantes según la ascendencia social, en otras palabras clasista y reproductora de las desigualdades sociales. Con la llegada de la Revolución Industrial del Siglo XIX y XX, la escuela se pensó desde la preparación del recurso humano a efecto de ocupar puestos de trabajo para la producción. El otro hito que atravesó la escuela, es la incursión de pedagogos como Dewey y Piaget que le apostaron a la formación, autorregulación y autonomía de los educandos.
Llegando a nuestros días, entonces la Escuela, será gubernamental y no gubernamental y las concertadas, aquellas que son financiadas en parte por el Estado. En Honduras, existieron estas últimas hasta que se dio el proceso de oficialización, lo que vino a darle un gran impulso a los aspectos de cobertura, retención y gestión en los niveles y centros educativos del País. La pregunta que nos hemos planteado en este artículo es: ¿Qué le pasa a la Escuela de hoy?. Es interesante, decir, que la Escuela fue cediendo tiempo y espacio para educar, pues se acortaron las jornadas escolares, se eliminaron materias que eran sumamente necesarias en la formación de los estudiantes. Las leyes que han adoptado los Estados y gobiernos, como signatarios han hecho que la Escuela pierda autoridad, en corregir e instruir, con esto, esta legislación ha hecho que el padre de familia, no refuerce las bases morales, espirituales y toda la formación axiológica que es fundamental para la convivencia y los mejores comportamientos de los educandos. Los códigos del Menor y la Adolescencia son malas chepias de otras latitudes, en donde hay otras prácticas y formas de vida diferentes a las nuestras.
Hoy la Escuela lucha con lo que se conoce como “Contracultura”, es decir, que mientras la Escuela trata de hacer su trabajo en formación ética, científica y en normas de convivencia, el padre en su casa, le permite a sus hijos menores escolares el uso de redes sociales, dispositivos las 24 horas del día, el uso de un vocabulario soez, totalmente atropellado. El paternalismo equivocado en la casa, hace que esta generación sea cada día más de cristal y líquida como lo apunta el filósofo Baumann. La Escuela, no puede llamar la atención a efecto de prevenir, corregir y moldear, porque el padre, piensa que se les están vulnerando los derechos a su hijo. La Escuela aplica medidas reparatorias, el padre muchas veces las demerita, desprestigia, descalifica y ridiculiza, viendo a la Escuela, como el lugar donde no se debe aplicar disciplina. La Escuela, atraviesa una de sus peores crisis de su historia en su quehacer educativo. No hay simbiosis entre padre de familia y la Escuela, estamos disparatados, salvo raras excepciones, en donde todavía, hay un remanente de padres que le dan a la Escuela el espacio para aplicar sus Reglamentos Internos. No se justifica la agresión física ni verbal intimidatoria, pero, si el docente puede formar todavía, entonces, se debe revisar la legislación, de tal manera que la Escuela tenga las herramientas, personal capacitado como psicólogos, educadores especiales, curriculistas, orientadores, médicos y odontólogos, no escasos, sino en buen número, es decir, que haya correspondencia entre el número de estudiantes y el personal encargado en cada centro educativo.
Los desafíos que afronta la Escuela hoy son incontables, por ejemplo, niños y niñas que ven la Inteligencia Artificial como la que le hará todas sus asignaciones, profesores en un mutismo total. atemorizados, amedrentados y hasta asesinados por sus mismos estudiantes. Jóvenes que no siguen instrucciones, impartición de contenidos con una pasmosa superficialidad y obviedad. La Escuela está rebasada de lo social y vaciada de lo pedagógico, lo que trae como aparejada consecuencia profesionales con mínimas competencias, estudiantes esperando que la Secretaría de Educación emita oficios de dos y tres recuperaciones con ponderaciones que dan risa. Por esto, y otras cosas, no podemos competir y la Escuela arrastra un rezago de todo a todo. Si este gobierno y los que vengan en los próximos veinte años no revisa el quehacer de la Escuela y el papel de los padres, el Sistema Educativo de Honduras, estará en una precariedad casi irreversible. Está a tiempo, se debe hacer un Pacto por la Educación en Honduras, en donde todos volvamos a creer en la Escuela, como eso que decíamos que era el “segundo hogar”. Que los padres tomen su lugar que les corresponde, y, que las autoridades educativas, distritales, municipales y centrales, permitan que la Escuela trabaje y forme a los niños y jóvenes de este País, “contrario sensu”, nos lamentaremos, pero será demasiado tarde, para remediar y revertir el desastre . Encontremos a la Escuela de nuevo. Empoderemos a los maestros y maestras para que hagan su papel de educar integralmente. Volvamos la Escuela “un lugar” y no un “no lugar”, que los padres se acerquen a la Escuela pero no para defender conductas indefendibles. El Estado de Honduras, debe heredar una Escuela competitiva, científica y llena de principios y valores que sean aprehensibles para los niños. Hacer un calendario de principio y al final de capacitaciones, que no interrumpan las labores, como lo viene haciendo y por cierto muy mal. La capacitación debe ser en el primer mes antes de iniciar el año lectivo, y, al finalizar el año escolar. Los ricos van a la Escuela de 7:00am- 3:00pm, los pobres, van a la Escuela de 7:00 am – 12m. Los ricos no paran sus clases por el sol, ni por el humo, los pobres se van a la “virtualidad sin conectividad”. Los ricos tienen facilidades en sus centros, hasta profesores substitutos tienen, los pobres si el profesor no llega, es un día perdido e irrecuperable.
En fin, ALGO le PASA a la ESCUELA en Honduras. Le falta constructivismo, le falta la adopción de un modelo educativo, políticas educativas consensuadas, socializadas e implementadas en todo el País. Enseñarle a los jóvenes lo pertinente, relevante y actual despertando el pensamiento crítico, anticipándose al futuro. Vale más educar y formar a un pueblo, que mantenerlo en la ignorancia e incultura. Sería bueno imitar la Escuela del Lejano Oriente como China, Japón y Corea del Sur, en donde las jornadas son extremadamente largas, se observa la disciplina, hay responsabilidad y limpieza, el enfoque académico es riguroso y exigente, no admite la mediocridad y promueve la meritocracia, se forma en carácter y respeto, hay cumplimientos de horarios y contenidos. Lo anterior, hace que la Escuela asiática, ocupe el lugar que tiene para esas culturas anteriormente subrayadas.





