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Honduras y las huellas del narcotráfico



Honduras y las huellas del narcotráfico
Autor del artículo: Especiales Proceso Digital

Tegucigalpa. - Eran los años setenta cuando el tema del narcotráfico se instaló en Honduras, la guerra fría hizo que su interés se desplazara, pero entrado los años noventa y el nuevo milenio, el tema de la droga no solo creció, conformó poderosos grupos de transportistas locales que en sus testimonios en Nueva York han revelado cómo operaron y cómo penetraron una institucionalidad comprando y pagando lo que hallaron a su paso, entre ellos políticos y operadores de justicia. Son las huellas del narcotráfico.

Los capos hondureños que han desfilado por los tribunales de justicia de Estados Unidos, ya sea en Nueva York o en el estado de Virginia, entre otros, han relatado con lujo de detalles sus campos de operación, las rutas de las drogas, la custodia que les daba la autoridad, policial o militar, para trasegar sin problemas sus productos con rumbo al mercado de Estados Unidos.

Zonas geográficas como el occidente del país o la región del Caribe han sido puntos estratégicos para el transporte de cocaína procedente de Colombia, así como para otra actividad que se deriva de la criminalidad organizada: el trasiego de armas.

En sus testimonios, los relatos de los capos de la droga han dejado entrever que en la mafia de poco o nada sirven los códigos, cuando sus intereses están en juego, de ahí que la muerte para ellos es una especie de rifa o de ruleta rusa donde no necesitan reparar a quién van a matar a la hora de ordenar un crimen: puede ser un pariente, un socio,  un amigo, una autoridad o alguien que les incomode porque denuncia o descubre sus actividades.

En los años setenta, cuando el tema del narcotráfico surge en el país, fue precisamente por el crimen de una pareja, los esposos Mario y Mery Ferrari, encontrados en lo que hoy se conoce como la populosa colonia Cerro Grande. Ellos habrían sido asesinados por estar implicados en un tráfico de esmeraldas.

Esos fueron los inicios del narcotráfico en Honduras, que surge ligado a los militares según los registros de la historia. Algunos de los personajes de la época implicados eran oficiales de alto rango que ya fallecieron. Luego llegó la década de los ochenta y el tema de la guerra fría desplazó el interés por la narcoactividad en Centroamérica, lo cual no significa que la misma no siguió su ruta y afianzamiento.

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Ramón Matta guarda prisión en una cárcel de Estados Unidos

La captura del hondureño Ramón Matta por agentes estadounidenses para llevárselo a ese país, sin que hubiera un tratado de extradición entre Honduras y Estados Unidos, fue de lo más notorio en los años ochenta, el gobierno justificó la decisión alegando que el imperio de Matta había crecido tanto que podría convertirse en un peligro para la democracia y la estabilidad del país.

Matta fue acusado por Estados Unidos de estar implicado en el crimen de un agente de la DEA, guarda prisión en una cárcel de ese país y su familia ha mantenido una batalla legal por tratar de probar su inocencia. Matta se le ligó con importantes carteles colombianos y mexicanos de la época, se dice que era un respetado mediador en el mundo del hampa.

Los nuevos capos

Su hijo, Ramón Matta Waldurruaga, acaba de cumplir una pena de dos años en una cárcel de Estados Unidos por temas de drogas, tras su entrega voluntaria a las autoridades de ese país. Aquí en Honduras, le espera una orden de captura y un proceso judicial por lavado de activos, según el Ministerio Público.

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Ramón Matta Waldurruaga

De los años ochenta e inicios de los noventa, el tema de la narcoactividad no era una agenda principal, pero fue a inicios del 2000 que comienza a tomar fuerza y nombre de grupos de transportistas como Los Cachiros, los Montes Bobadilla, o el de “Payco” o “Coqui”, entre otros, comienzan a ser manejados por los cuerpos antidroga hondureño y estadounidenses.

También se asoma la presencia del narco en la política, salpicando a algunos diputados hondureños, incluso, uno de ellos fue asesinado en la Penitenciaría Nacional. Pero lejos estaba el país de imaginarse los nexos que la narcoactividad tenía con las estructuras del Estado y su nivel de penetración, soborno y corrupción.

Por ejemplo, las andanzas de Carlos Arnoldo “El Negro” Lobo eran casi imperceptibles, hasta que lo capturaron y comenzó a aflorar su papel como un gran transportista local de droga que movía a grandes carteles colombianos y mexicanos; luego aparecieron en el escenario el cartel de los hermanos Valle Valle y casi en paralelo, ya se hablaba del misterioso alcalde de El Paraíso, Copán, Alexander “Chande” Ardón.

Sus historias florecieron de a retazos: Máximo Fagot y Winter Blanco en el litoral caribeño, más Los Cachiros,  Héctor Emilio Fernández, “Don H” en la zona norte, Víctor Hugo Morales “El Rojo” en occidente y la zona norte,  el cartel de Los Pinto, entre otros nombres que han llenado las páginas de los diarios escritos y digitales, además de las emisiones informativas electrónicas. Unos más destacados que otros, pero todos ellos configurando un panorama de presencia territorial más fuerte de lo imaginado.

La narco política

Se suma a este mapa de la droga, el apoyo incondicional de policías y militares corruptos, cúpulas enteras que seguro irán apareciendo más adelante, así como dolorosos crímenes de gente que confrontó y combatió a las mafias como el zar antidroga, Arístides González y Alfredo Landaverde.

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La investigación del asesinato de Aristides Gonzales constató que cerca del lugar donde se cometió el crimen se encontraban policías de Tránsito.

En su gestión como embajadora de Estados Unidos en el país, la diplomática Lisa Kubiske, advertía de los pasos que seguiría su país contra estas mafias criminales y diseñó la llamada “Ruta Kubiske”: transportistas de droga, empresarios y políticos. Ese fue el bosquejo que más o menos dejó y así se está cumpliendo.

Al caer los primeros transportistas de droga, capturados unos, extraditados otros, y entregados voluntariamente otros más, el golpe al poder económico se dejó venir de un solo: la poderosa familia Rosenthal era tocada por las agencias anti mafias de Estados Unidos, y su emporio resquebrajado.  Uno de los hijos de esta familia y su primo, guardan prisión en una cárcel tras llegar a un acuerdo con las autoridades.

En tanto, la ruta Kubiske hacia los políticos también empieza a hacer estertores, y hoy al exdiputado Tony Hernández que fue llevado a los tribunales de justicia de Estados Unidos y declarado culpable por cuatro delitos, entre ellos el de conspirar para introducir droga. Su caso meció al país porque en los testimonios de los narcos, éstos no dejaron títere sin cabeza en cuanto a sus nexos con los políticos y la política hondureña.

El financiamiento del dinero sucio del narcotráfico a las campañas políticas fue retratado con detalles por parte de los capos.

En esas conexiones y sus rutas de droga, salió a relucir los nexos con los carteles mexicanos, entre ellos el otrora todopoderoso Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien estuvo en Honduras, financió campañas y se incomodó incluso con la extradición de los hermanos Valle Valle, relatan los mismos mafiosos.

El Chapo Guzmán, asegura la Fiscalía de Nueva York, aportó a las campañas políticas hondureñas por medio de Tony Hernández, y los narcotraficantes que fueron testigos así lo han confesado. Pero en sus valoraciones finales, la Fiscalía de Nueva York asegura que la presencia del narcotráfico ha corroído todo o casi todo en Honduras y que los políticos, haciendo uso del poder, usó al Estado y lo puso al servicio del crimen.

El presidente Hernández ha salido al paso de esas negociaciones, niega que Honduras sea un narco estado, peor que esté al servicio de la criminalidad organizada, considera que es víctima de una conspiración y rechaza haber recibido dinero del narcotráfico.


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