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Política distópica ¿Sociedad utópica?

Por: Pedro Gómez Nieto

La carta de António Guterres al presidente JOH es un faro guía. Leamos el comienzo: “Excelentísimo Señor: Permítame expresarle mis más sinceras felicitaciones por su investidura para un segundo mandato como presidente de la Republica de Honduras.

Confío en que, bajo su liderazgo, la República de Honduras avanzará hacia la consecución de las reformas necesarias para el país en aras de alcanzar los objetivos de desarrollo social y económico a los cuales aspira la población”…

El Secretario de la ONU se suma a organismos y naciones que han reconocido el triunfo nacionalista. Este aval coincide -¿casualidad?- con la llegada de la Misión Exploratoria tendente a determinar si existen condiciones para un dialogo nacional que cierre la crisis política. “Mel” y Nasralla han criticado el apoyo de Guterres a JOH, olvidando que una situación similar -a la inversa- se produjo con Almagro, cuando cuestiono el proceso electoral pidiendo nuevas elecciones. Entonces los cantamañanas aplaudieron la posición de Almagro, y ahora lamentan la de Guterres. Como dice el refrán: “Donde las dan, las toman”.

“Mel” y Nasralla decidieron no acudir a la invitación de la Misión Exploratoria, enviando emisarios. Ambos, entendiendo que la OEA no revertiría el resultado electoral (Almagro ha enviado a Colom para fortalecer la gobernabilidad de JOH),  se subieron al carro de LZ solicitando la mediación de la ONU. Ahora “Mel” critica su presencia: “Damos la bienvenida a la misión exploratoria de la ONU pero no les tenemos confianza porque vienen a engañarnos”. Estos “próceres” perciben que el “fueraJOH” quedó en quimera y canción. Ya no quieren dialogo, quieren mediación vinculante (solo si les favorece). Esto es la política distópica, ¿cómo es posible mediar sin dialogar, poniéndole condiciones vinculantes al mediador?

La “Alianza fallida” entrego un pliego de condiciones a la Misión Exploratoria, previas al dialogo (que no quieren). La dicotomía distópica se agrava, ¿cómo exigir condiciones para dialogar que no sean parte del diálogo? Nasralla siempre dijo que el dialogo debe centrarse en el fraude electoral, dejando fuera los asuntos colaterales. Pero el panfleto enviado a los mediadores establece temas colaterales como exigencias previas. Esto es una tomadura de pelo a la sociedad hondureña, a la comunidad internacional y países cooperantes que, dicho sea de paso, hace semanas avalaron el triunfo nacionalista.

El terceto lo completa LZ. Recordemos que fue el impulsor para la mediación de la ONU en la crisis. Está por ver si aceptaría de los mediadores un resultado que dejara en evidencia sus graves errores políticos que viene cometiendo desde la campaña, y que tienen en crisis al liberalismo. Una de sus frases de blindaje es: “no puedo ir en contra de mis convicciones”; pregunta popular: ¿aunque sean erróneas y perjudiquen al liberalismo? El trio de próceres establecen el reducto numantino: debilitar todo lo posible al gobierno, aunque con ello perjudiquen el desarrollo económico y la convivencia social.

La guinda la pone la UE con su comunicado oficial adelantando el contenido del informe final sobre las elecciones, exponiendo que las debilidades detectadas en el proceso no influyeron en el resultado final que se ajusta al emitido por el TSE. A los próceres les queda Venezuela. Su silogismo perverso es considerar que esas debilidades inherentes al proceso electoral y fallas coyunturales expuestas por OEA y UE ¡son la prueba del fraude!, argumento que mantienen desde la campaña. El sistema electoral hondureño no se fundamenta sobre la transmisión electrónica sino por el recuento físico de votos y actas. En ningún informe de los observadores internacionales aparece la palabra fraude, solo “debilidades” e “irregularidades”. En el de la OEA se lee: “No se encontraron diferencias significativas al cotejar las actas oficiales con las aportadas por cada partido, siendo que los resultados se ajustan a los emitidos por el TSE”.

Mención especial merece el nuevo rifirrafe entre LZ y los diputados liberales. Desde su trinchera del CCEPL les ha ordenado abstenerse de participar en la elección de las autoridades de la PGR pues “esos cargos representan al Estado y avalar su elección es como avalar la ilegalidad de este gobierno”. Advirtiendo que en caso de desobediencia “incurrirán en una violación de los principios y estatutos”. Para LZ hay una “fractura constitucional”, pero muestra su dicotomía patológica cuando les permite que tomen posesión de sus curules, lo que sin duda fortalece la legitimidad del gobierno.

Confunde “Estado” y “gobierno”. Si los cargos de la PGR representan al Estado –como dice-, personifican a toda la sociedad y los diputados deben defender los intereses de la sociedad que los eligió; mientras, el gobierno se focaliza desde las instituciones. Desorienta cuando menciona la “ilegalidad del gobierno”, porque el gobierno está representado por tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, y resulta que los diputados liberales integran el poder legislativo que está cuestionando. Su patología “antiJOH” le nubla el entendimiento.

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