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“HUBRIS”, La enfermedad del poder.



PG NietoPor: Pedro Gómez Nieto

El prócer y libertador José San Martin decía: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices que se encuentran con miserables cuotas de poder”. Cuando el poder es un atributo de la autoridad vivimos en democracia. A la inversa, si la autoridad es consecuencia del poder soportaremos la tiranía. En ambos casos, el poder somete la voluntad de terceros, por convicción, interés, o imposición.

Un problema en las democracias es el “hecho diferenciador”. Minorías reclamando equiparar su “singularidad” al marco legal de los derechos establecidos para la sociedad. Estos derechos “a la carta” implican prebendas, incluso exención de deberes que sí soporta la ciudadanía, debilitando y cuestionando el modelo. Decía Churchill:“Cuando las naciones son poderosas, no siempre son justas, y cuando desean ser justas dejan de ser poderosas”.

Legalidad y moralidad duermen bajo el mismo techo, pero no en la misma cama. Es de justicia respetar la ley, pero esa ley puede confrontar la moral, y viceversa. Ejemplo recurrente: el aborto. Existen países con marcos legales que lo permiten, pero siempre confrontará la moralidad, ¿dónde situaremos la justicia? El político con poder se parapeta en la justicia para aplicar la ley, pero sin poder exigirá el derecho moral para su “realidad alternativa”. Los próceres no quieren entender que si para confrontar una supuesta ilegalidad vulneran también la ley se convierten en parte del problema. Si mantenemos el pie dentro del cubo con el agua que necesitamos para apagar el fuego, no podremos levantarlo tirando del asa.

El neuropsiquiatra Peter Garrard determinó que: “El poder cambia el cerebro de quienes mandan, y obedecen”. Disfuncionalidad preocupante tratándose de políticos con poder porque, al distorsionar la realidad su accionar quedará desequilibrado. Adama Dieng, asesor de la ONU, advierte: “Los discursos de odio, anteceden a la violencia con odio”. Odio que transpiran y vomitan los próceres, producto de su fracaso, incompetencia e impotencia, contaminando al pueblo, produciéndose la violencia, destrucción de la propiedad y saqueos, retroalimentando la crisis que generan. Su patología llega al paroxismo de considerar presos políticos a los delincuentes.

El 10.12.2018 publiqué “Terrorismo Político”, conteniendo información de organismos internacionales sobre lo que sí es, y nunca será, un preso político. Las sociedades avanzadas poseen instituciones fuertes como herramientas de contrapoder político, pero los próceres llevan dos años defecando sobre nuestras instituciones para destruirlas. ¿Así fortalecerán su democracia distópica?

“En el poder y en la enfermedad”, libro del doctor David Owen, identifica los patrones que se producen en el comportamiento de personas con poder, porque “altera y degrada su neuroquímica”. A estos trastornos los denominó síndrome de “Hubris” (transgredir los límites). Algunas patologías: Arrogancia, soberbia, y desprecio hacia terceros. Narcisismo y exagerada autoconfianza, tomando decisiones incoherentes, aberrantes. Comportamiento impulsivo, irreflexivo y temerario, situándose por encima del bien y del mal. Ego sobredimensionado, se siente poseedor de dones especiales que le hacen insustituible. El salvador autoelegido titular de la verdad escatológica.

Hay una anécdota sobre Evo Morales contada por el periodista boliviano Rodríguez Peña. Evo decía: “Cuando algún jurista me dice que lo que estoy haciendo es ilegal, bueno, yo lo meto por más que sea ilegal. Después le digo a los abogados: si es ilegal, ¡legalícenlo! ¿Para qué han estudiado?” Hubris total. El poderoso se enfada con los hechos porque no se ajustan a sus deseos, para terminar convencido de que él crea la realidad.

Hubris también se detecta en diferentes gremios, por ejemplo, en los medios de comunicación. Según el doctor David Owen, hay directores, periodistas, presentadores, y locutores que pasan de describir la realidad a prescribirla. Es decir, a establecer la obligatoriedad de cómo deben ser y hacerse las cosas.

El dictador Lenin decía: “Si la ideología se contrapone con la realidad, peor para la realidad. Indubitado que nuestros próceres fracasados padecen Hubris. Tres ejemplos: Cuando escuchamos a “Mel” decir que: “el pueblo no se puede equivocar porque es la voz de Dios, y él representa al pueblo”, identificamos Hubris. Cuando Orlando Zelaya, presumiendo de integridad y moralidad, dice que: “se encuentra en la luz mientras aquellos liberales que le adversan pertenecen al lado oscuro del partido”, identificamos Hubris. Cuando Nasralla, salvador de Honduras, dice que el Departamento de estado le pasa lo comunicados oficiales antes de publicarlos, identificamos Hubris.

El debate es el único antídoto contra los manipuladores de la opinión”. -Albert Jacquard-

               

                                                                                                 PG. Nieto.

                                                                                                   Asesor y Profesor CISI.

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