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El veredicto



Por: Thelma Mejía

Tegucigalpa.-  Un tribunal del Distrito Sur de Nueva York emitió su veredicto en torno al caso de narcotráfico y otros delitos del ex diputado Juan Antonio Hernández, conocido como “Tony” Hernández, hermano del presidente Juan Orlando Hernández.

El veredicto fue letal y la pena carcelaria se conocerá en enero de 2020.

Tony Hernández tuvo un juicio al estilo de “el Chapo” Guzmán, con jurado anónimo y todas las rigurosidades del caso. La Fiscalía de Nueva York, que representa al Estado de Estados Unidos, lo consideró un importante capo de la droga que movió cantidades de kilos de cocaína con sus socios hondureños, guatemaltecos, mexicanos y colombianos, es decir, una red que operaba a diestra y siniestra con la colaboración cómplice de la autoridad nacional hondureña.

Tan así que la fiscalía de Nueva York habló de millonarias cantidades de dinero que habría soltado el Chapo Guzmán para financiar campañas políticas, entre ellas la de Juan Orlando Hernández. Los relatos de los testigos no solo fueron escalofriantes por la frialdad con que decidían quién vivía o moría, también porque relataron, sin tapujos, como usaron  al Estado y sus instituciones para volver lícito sus ilícitos. Y en esa trama, la Fiscalía de Nueva York, demostró que Tony Hernández (TH) fue un  operador eficaz.

Era el hermano del Presidente de la República—reelecto en una cuestionada elección—pero que se supone es la persona mejor informada del país. TH no era una persona común, era alguien cercano al primer anillo de poder de un gobierno en la familia presidencial. No en vano, uno de los administradores de “el Chapo” dijo en el juicio que, a diferencia del resto de capos que  atestiguaron en el juicio, TH no era “como nosotros, nosotros no teníamos un hermano Presidente”.

Cómo operaron estas mafias, cómo usaron y sobornaron a policías, jueces y otros operadores de justicia, sobra recordarlo, así como su penetración en la narco política. El rompecabezas se arma solo. Lo que sigue,  lo que se viene, son escenarios para los cuales la sociedad hondureña debe prepararse porque está en juego, no un gobierno, está en juego un País y su democracia.

La familia presidencial, sus abogados y el mismo Juan Orlando Hernández han reiterado, primero, la inocencia de su hermano, segundo, que ese es un caso aislado que no tiene nada que ver con el gobernante porque éste ha sido “implacable” con los carteles de droga hondureños. La publicidad sobre esos hechos inundan los espacios  en los medios de comunicación ya sea como publicidad abierta o como publicidad nativa.

TH tuvo dos juicios paralelos: el de Nueva York, el válido, y el de sus abogados hondureños en tierras catrachas, todo un staff de lujo salió a la palestra pública  cuestionando la justicia estadounidense, sembrando falsas esperanzas de los procesos, colocando la duda razonable bajo la cual apostaban a la inocencia del imputado. Fue el juicio del año en el cual también cayeron máscaras.

Pero la lógica en este tipo de procesos que se libran en los tribunales de Nueva York indica que este cuento no ha terminado. Para el país, los escenarios se vuelven complejos pues pese a las expresiones de desmarque hechas por Hernández, el espíritu de cuerpo con que lo ha arropado su gabinete, su partido, la policía y los militares, en la calle la inconformidad arrecia y aunque se aprecia una calma aparente, debajo las llamas se asemejan a las de un volcán en erupción.

Es obvio que el gobierno de Hernández se mantiene por inercia y por apoyos coyunturales, y que en esta estrategia por llegar al final de sus días, cederá en todo o casi todo, las medidas populistas a la orden del día, el partido moviéndose como nunca para mostrar que está vivo, que el tsumani TH y sus conexiones no les afectan, y que el “país fantasía” va viento en popa, aunque en la calle, los comerciantes se quejan por la caída en las ventas, las empresas se empiezan a ir del país, el desempleo está a la orden del día y el despilfarro de fondos públicos se reparte con cuchara grande. En esa cesión de cuotas que hace y hará el gobierno para poder llegar al final, el país quedará desdibujado.

El veredicto de Nueva York marcó a este país y profundizó la desconfianza hacia las instituciones, tanto así que los últimos sondeos muestran una caída estrepitosa acerca de la confianza en los tres poderes del Estado, así como altos niveles de percepción de corrupción y penetración del crimen organizado. La democracia está en coma y con ella sus ciudadanos, así lo viene advirtiendo desde hace un año el Latinobarómetro. ¿La salvará la ciudadanía?

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