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Consenso de Washington



daniel meza palmaPor: Daniel Meza Palma

A través de la historia, monarcas, inventores, empresarios, políticos y delincuentes han acumulado patrimonios en montos considerados siderales en comparación con los de sus congéneres alrededor del mundo.

 

En las recientes cuatro décadas se ha observado el surgimiento de numerosas fortunas que en gran medida nacieron o se consolidaron a la sombra de los programas económicos establecidos por los organismos financieros internacionales, y de cuyos efectos no han escapado, países desarrollados.

Según un estudio de la Universidad de Chile, en 1989 el economista inglés John Willianson denominó a esos programas como “Consenso de Washington” cuyos componentes básicos aplicables resumió en:

1. Disciplina fiscal, en cuanto a reducir y evitar grandes déficits en las cuentas públicas.

2. Focalización del gasto público en subsidios dirigidos a los más pobres –incluidos aquellos destinados a la salud primaria y a la educación escolar– y en infraestructura, descartando subsidios universales.

3. Ampliación de la base tributaria, aplicación de un impuesto al valor agregado y reducción de las tasas marginales del impuesto a la renta.

4. Tipos de cambio competitivos.

5. Apertura al comercio internacional, con particular énfasis en la eliminación de las restricciones no arancelarias a las importaciones (cuotas, depósitos previos, tipos de cambio múltiples) y en la aplicación de aranceles bajos y parejos.

6. Apertura a la inversión extranjera directa.

7. Privatización de empresas públicas.

8. Desregulación de mercados, fomentando la libre competencia con especial cuidado en no desechar regulaciones prudenciales a los mercados financieros y otras a favor de la protección del medio ambiente.

9. Liberalización de las tasas de interés.

10. Fortalecimiento de los derechos de propiedad (certeza jurídica).

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), conocida como países ricos, tenía 24 miembros en 1989, mientras actualmente cuenta con 36 integrantes, 7 de ellos ubicados en la región exsocialista de Europa Oriental.

Los 10 puntos del consenso no han respondido al eslogan de las olimpiadas: citius altius fortius (más rápido, más alto, más fuerte) y la asimetría en la velocidad y profundización de sus medidas ha estimulado una mayor concentración de ingreso y riqueza para aquellos países y personas que estaban listos para entrar de lleno en la competencia y aprovechar las oportunidades que ofrecía. De hecho, en 2015, el informe de avance de la Organización de las Naciones Unidas respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio indicó deficiencias y brechas en:

  1. La asistencia oficial al desarrollo
  2. El comercio
  3. La sostenibilidad de la deuda
  4. El acceso a medicamentos esenciales
  5. El acceso a nuevas tecnologías.

La liberalización económica y su aliada la globalización, han permitido que países como China, sacaran a millones de personas de la pobreza. Simultáneamente, con el apoyo de la denominada economía digital, se han provocado enormes concentraciones de riqueza.

El mundo ha cambiado mucho desde la Gran Depresión de 1929 y los programas sociales que se crearon posteriormente para reducir las desigualdades exigen una más fina imaginación. En consecuencia, el reto para los estudiosos del desarrollo consiste en crear nuevos esquemas económicos y sociales que permitan el acceso a bienes y servicios para las poblaciones del mundo, al mismo tiempo que se diseñan controles a las concentraciones económicas y de poder sin menoscabar la iniciativa, inventiva, innovación y tecnología que han impulsado el bienestar de la humanidad.

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