Nuevos aires para Honduras

Carlos Medrano- Periodista

La asunción de Nasry Juan Asfura Zablah al poder de la nación le da un respiro a la democracia hondureña, luego de todas las vicisitudes registradas en las pasadas elecciones internas y generales en las que el partido político LIBRE pretendió quedarse en el poder pese a todas las consecuencias.

Complot en contra de la entrega de material electoral en las elecciones internas, entre otras ”fallas” del sistema, así como utilizar toda la institucionalidad electoral y judicial para boicotear las elecciones generales con el fin de prorrogar el periodo presidencial, forman parte de la pesadilla que acabamos de vivir y de la que no queremos repetir.

El Partido Nacional lideradas por Tito Asfura vuelven al poder de la nación, después de 12 años desastrosos, con la esperanza que hoy harán las cosas bien, sin corrupción, sin imposiciones ilegales, con inversión en empleo y oportunidades y con una decisión férrea para hacer cambios significativos en beneficio de la patria y sus pobladores.

Cada nuevo gobierno en Honduras inicia su mandato cargando no solo promesas, sino también una pesada herencia de problemas estructurales y coyunturales que el país ha arrastrado durante décadas. La expectativa ciudadana es alta sobre el Partido Nacional, pero también existe un enorme escepticismo, alimentado por experiencias pasadas donde el cambio ofrecido no siempre se tradujo en mejoras reales.

Gobernar hoy Honduras es complejo, el país está altamente polarizado, exige más que voluntad política: requiere visión de Estado, diálogo genuino y decisiones firmes.

Uno de los primeros y más urgentes retos será restablecer la confianza de la población en las instituciones públicas, ya que la corrupción, la impunidad y la politización de la justicia han erosionado profundamente la credibilidad del Estado.

Tito Asfura deberá apostar por la transparencia, la rendición de cuentas y el fortalecimiento real de los entes de control, en otras palabras, traer a la CICIH sería una decisión extraordinaria, sería la voluntad política por detectar y castigar de manera efectiva tantos actos deleznables en contra de quienes nos han gobernado.

La seguridad jurídica es clave para la democracia, la atracción de inversiones y el desarrollo económico. Un gobierno entrante debe garantizar el respeto a la Constitución, la separación de poderes y el cumplimiento de la ley sin ideología o revanchismos políticos.

El debilitamiento del Estado de derecho no solo ahuyenta la inversión, sino que profundiza la polarización social.

Finalmente, Honduras enfrenta altísimos niveles de pobreza, informalidad y desempleo, especialmente entre jóvenes y mujeres, de modo que el reto no es solo crecer económicamente, sino hacerlo de manera inclusiva, de modo que se requerirá de un clima favorable a la inversión, apoyo a las mipymes, reglas claras y políticas públicas que incentiven la producción nacional y la competitividad.

Esperamos en Dios que Tito Asfura inicie con buen pie este próximo cuatrienio, que aprete el combate a la inseguridad que sigue siendo una de las principales preocupaciones de la población, tomando medidas no reactivas y apostar por una estrategia integral de seguridad que combine prevención, fortalecimiento institucional, profesionalización policial y un sistema judicial eficaz.

El presidente Nasry Tito Asfura es un hombre de diálogo, de consenso, seguro gobernará con un alto espíritu patriótico, pese a la polarización en la que se encuentra el país. Ojala y sus correligionarios y todos los hondureños le ayudemos a construir consensos, cimentar el diálogo con los distintos sectores —empresarial, social, académico, iglesias y oposición política— para que tengamos 4 años de prosperidad.

Honduras necesita un gobierno que piense a largo plazo, que gobierne con responsabilidad y que anteponga el interés nacional sobre el partidario. Los retos son enormes, pero también lo es la oportunidad de sentar las bases de un país más justo, democrático y próspero. El tiempo y las decisiones marcarán si este nuevo gobierno logra estar a la altura de las circunstancias.

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