
El presidente Nasry Asfura cumplió sus primeros 100 días de gobierno sin poder rendir un informe a la Nación—en cadena nacional—de cómo encontró la casa, los factores externos imprevistos que golpean su gestión y al País, y el rumbo que piensa llevar en medio de la multicrisis y la incertidumbre. Su narrativa de “vamos a estar bien” se ha quedado corta y su administración parece tener problemas de gerencia.
Asfura aun no logra la conexión gerencial en su gobierno que se le vio cuando estuvo al frente de la alcaldía capitalina. Su administración parece navegar en los paralelismos de poder que empiezan a surgir a lo interno de su partido y la lucha en algunos círculos del gabinete por desplazar funcionarios y ver quién tiene más acceso a la puerta principal para la toma de decisiones junto al gobernante.
Todos quieren estar cerca del Rey, pero no le ayudan a construir un discurso que identifique su gestión. Han sustituido sus burros, jeans y camisas ligeras, por el saco y corbata para hacerlo ver mas burócrata, más encajonado y menos accesible. “Papi a la orden” como se le conoce a Asfura, luce como un “presidente atado”, y si bien su imagen, a nivel individual, sigue teniendo réditos positivos, estos no le alcanzan para la valoración global de su gestión.
El partido por Honduras—que representa la presidencia de la República—apenas comienza y ya empezó a “pedir tiempo”: no me juzguen por 100 o 104 días, júzguenme al final, ha dicho en reiteradas ocasiones un gobernante que dirige sus propias conferencias de prensa y conoce el nombre de la mayoría de los periodistas, habla sobre lo que le pregunten, pero al término de estas sus mensajes se diluyen en el tiempo y el espacio. No hay remate discursivo.
Asfura presenta problemas en su estrategia de comunicación, atribuidos no tanto a su equipo de estrategia—que presumo lo tiene—sino a su propia personalidad: concentrar todo en la figura presidencial. De ahí que el rector de la Salud, porque es también el ministro, pase situaciones incómodas porque las funciones no se delegan a tiempo, se hacen sobre la marcha, el gabinete desconoce algunas determinaciones y su equipo de contención para ayudarle a responder y colocar los mensajes, no sale o lo hace tarde cuando las olas crecieron en demasía.
El presidente hondureño vive los mismos problemas de comunicación y estrategia que tuvo su antecesora la presidenta Xiomara Castro, con una diferencia sustancial: los voceros de Castro eran más furiosos y agresivos cuando debían defender una línea oficial. En ese sentido, Asfura parece decantarse mejor por los cronistas del tiempo que en su momento ha tenido el Partido Nacional: en la pandemia tuvo un cronista del coronavirus y ahora se ha estrenado otro cronista: el de la “Casa Blanca” que educa por redes sobre la historia de la casa presidencial.
En los 100 días de su gobierno el mandatario tiene una coyuntura privilegiada: revisar sus acciones y enmendar. Los diversos sectores sociales, políticos, de la academia, medios de prensa y organizaciones de sociedad civil han emitido informes y trabajos de profundidad que permiten atisbar hacia dónde camina el país y qué se debe mejorar.
Si nos diera un informe de gestión de lo que halló y cómo piensa enrumbar sus desafíos podría valorarse mejor el tiempo que está pidiendo en el arranque del partido para no lucir ahogado. Lo que se conoce hasta ahora son fragmentos de un país con tremendos líos, mucha opacidad y una polarización atizada por la oposición política que abandonó el poder. Pero esas versiones no constituyen una versión integral, oficial, que nos merecemos los ciudadanos de este país como parte del derecho a la información y a saber la verdad.
La “gerencia” de “Papi a la orden” amerita de revisiones estratégicas que su Gabinete seguro ya tiene identificadas. El estilo concentrador no está funcionando como se preveía, y en la calle, la percepción es que “la racha” de Asfura no arrancó. A lo interno se habla de reacomodos por venir en un gobierno en donde el partido en el poder, el Nacional, ha iniciado ya campañas prematuras que disputan el liderazgo de Asfura arrancando su administración. ¿A dónde vamos a parar?








