
Tegucigalpa. – Concluido el encuentro presidencial “Escudo de las Américas”, Estados Unidos pone nuevamente a los militares en el centro de la lucha contra el narcotráfico y el narcoterrorismo como parte de su política de recomposición del poder hegemónico en América Latina. 12 países aliados le han acompañado en esa apuesta en donde los carteles de la droga son uno de los principales objetivos a combatir ante su avance en la región y su penetración en las instituciones de los Estados, con mayor intensidad en unos, y asomando su fuerza, en otros.
Los carteles de las drogas dejaron de ser un simple puente de paso de estupefacientes para configurarse en grupos paralelos de poder que tienen aliados fuertes e influyentes en la política y el Estado. Honduras fue uno de los ejemplos, un expresidente fue condenado por narcotráfico en una corte federal de Estados Unidos, pero el presidente Donald Trump—el que promueve ahora el Escudo de las Américas—lo indultó contra todos los pronósticos, sin que ello signifique que el delito por el cual fue sentenciado Juan Orlando Hernández quede eliminado.
El caso del expresidente Hernández representará desafíos para los países aliados por el mensaje dado por el propio gobernante de Estados Unidos, al ser considerado como una de las más fuertes bofetadas a la lucha contra las drogas. El tiempo dirá como será ese nuevo “realineamiento” antidrogas.
Un realineamiento que pone nuevamente a las Fuerzas Armadas en el centro de la política de guerra contra el narcoterrorismo y el narcotráfico, pues previo al encuentro presidencial “Escudo de las Américas”, los titulares de la Defensa y la Seguridad de la mayoría de los países del hemisferio latinoamericano se reunieron en la llamada Conferencia de las Américas contra los Carteles para suscribir una Declaración Conjunta al respecto.
En ella, los titulares de la Defensa y Seguridad acordaron en cuatro puntos, “Promover la Paz a través de la Fortaleza” para hacer frente a futuras amenazas “a nuestros intereses mutuos, y unirnos a una coalición para combatir el narcoterrorismo y otras amenazas compartidas que enfrenta el hemisferio occidental”.
También, ampliar la cooperación multilateral y bilateral para fortalecer la seguridad en el hemisferio occidental y cooperar en materia de seguridad fronteriza, la lucha contra el narcoterrorismo y el narcotráfico, la protección de infraestructuras críticas y otras esferas que se determinen mutuamente.
Pretenden así fortalecer la cooperación entre los socios alineados con un interés común en un hemisferio occidental seguro y protegido, destacan en su declaración de lucha contra los carteles en las Américas. Los presidentes latinoamericanos que asistieron a la cita que dio origen al “Escudo de las Américas” han expresado en sus declaraciones que esas acciones conllevan mayor cooperación en materia militar y de seguridad.
En el caso de Honduras, esa cooperación también deberá ser “realineada” y las secretarias de Defensa y Seguridad deberán dar resultados contundentes más allá de la incautación de sendas plantaciones de hoja de coca en zonas dominadas por el crimen organizado en donde nunca se atrapa a los responsables de esas plantaciones, que crecen y se multiplican en el país por obra y gracia de la naturaleza. Las acciones deberán ser ampliadas más allá del combate al microtráfico. Los militares, para el caso, deberán ser más efectivos en la interceptación de aeronaves sospechosas de transportar droga y las nuevas autoridades de Defensa y del Estado Mayor Conjunto, apoyar las gestiones de cooperación con Washington, que fueron torpedeadas en la gestión del ahora general en retiro Roosevelt Hernández, que intentó desmantelar una institución especializada al respecto.
A esas acciones se debe sumar el Ministerio Público, cuyo fiscal general, Johel Zelaya, sorprendió al dar la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico, al polémico general en retiro, Ramiro Muñoz, un hombre de mano dura, con buena recepción mediática, pero con muchas interrogantes al frente de la Policía Militar de Orden Público y del manejo de los centros penitenciarios, según revelan trabajos periodísticos de la prensa local. Muñoz, que dejó la institución castrense por divergencias con Roosevelt Hernández que le quería enviar al exilio en Nicaragua, salió por un tiempo de los reflectores mediáticos y ahora retorna como el hombre “que dará cara” a los narcotraficantes.
La cita presidencial que da vida al Escudo de las Américas se produce en un contexto complejo en América Latina donde países como México, Ecuador, Colombia, Venezuela, tienen fuertes batallas antinarcóticos, mientras naciones como Costa Rica empiezan a ser sacudidas por la penetración de la narcoactividad y los llamados países del triángulo norte: Guatemala, El Salvador y Honduras conviven en sus territorios con la presencia de carteles locales y transnacionales de la droga, además de la presencia de maras y pandillas como la MS-13 y la Pandilla o Barrio 18, ambas designadas como terroristas por Estados Unidos.
La batalla no será entonces de incautaciones. El más reciente golpe al narcotráfico en México con la muerte del líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera “El Mencho”, plantea que habrá un reacomodamiento de fuerzas, quizá una fragmentación del cartel, pero no su extinción. Su conformación, según los análisis de Insight Crime, le permite reconfigurarse por el menú de delitos a los que se dedica, no solo el de las drogas.
La presencia del Cartel Jalisco Nueva Generación como del Cartel de Sinaloa en Centroamérica se halla en varios territorios del istmo, y si la guerra contra los narcos arrecia en México como ya lo ha cantado el presidente Donald Trump, el rebote para países como los nuestros será fuerte pues intentarán desplazarse a las “zonas de descanso” y de “operación” identificadas para repeler la guerra en su contra.
La presencia militar en estos temas será más frecuente de lo usual si se analizan los puntos acordados en la Declaración de la Conferencia de las Américas contra los Carteles y el compromiso político suscrito por 12 gobernantes con Washington para dar vida al “Escudo de las Américas”. Los riesgos de los abusos castrenses se tornan altos y dependerá de la habilidad de los gobiernos, la ciudadanía y los medios, en señalar y atajar esas acciones para no quedar atrapados en una encrucijada crítica que debilitaría aun más las democracias y fortalecería a los carteles que trabajan en la región en alianza con algunos operadores de justicia, entre ellos militares y policías.
La muerte y el entierro de “El Mencho” fue otro ejemplo de esa complicidad estatal que está carcomiendo México, pero también otros países del istmo, donde Honduras no es la excepción. Aquí, al igual que en México, algunos mafiosos de la droga fueron sepultados con escolta de las autoridades, música, sirenas, corridos y todo ese simbolismo que encierra el mundo de los carteles de la droga: un mundo de la impunidad.




