Migración y retornados: La normalización de la partida y el desafío del retorno

Por Alma Adler

Durante años, Honduras administró la migración como un mecanismo funcional y no como un fracaso estructural. El nuevo contexto internacional y el aumento sostenido del retornado obligan al próximo gobierno a una definición inaplazable: elevar la migración y el retorno a política prioritaria de Estado, orientada a transformar una salida normalizada en integración productiva y el regreso en una estrategia de desarrollo con visión de futuro.

Durante años, en Honduras había primado una política no escrita pero eficaz: normalizar la partida de su gente y administrar las consecuencias. La migración se volvió funcional al sistema: redujo presión social, maquilló el desempleo y sostuvo la economía a través de las remesas, mientras el Estado postergó las reformas que habrían permitido quedarse. Solo en la última década, los hondureños en el exterior enviaron más de 60 mil millones de dólares al país, según el Banco Central de Honduras y el Banco Mundial. Ese flujo superó ampliamente los ingresos generados por las principales exportaciones tradicionales y representó, en promedio, entre el 20 y el 25 % del PIB anual.

Asimismo, este modelo tuvo un costo demográfico profundo. Entre 1.2 y 1.5 millones de hondureños emigraron en los últimos diez años, de acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, la ONU y la Organización Internacional para las Migraciones. Esta salida sostenida equivalió a entre el 12 y el 15 % de la población nacional. Honduras no solo perdió fuerza laboral: perdió capital humano, tejido social y generaciones completas en edad productiva.

Durante ese período, irse dejó de ser una tragedia y volver se volvió incómodo para el sistema. El país dependió de quienes se fueron y se desentendió de ellos cuando fueron retornados. Esa fue la verdad que durante mucho tiempo se evitó decir: la migración no fue una falla del modelo, fue parte de su diseño.

Hoy, sin embargo, el contexto ha cambiado. Las políticas cada vez más restrictivas y abiertamente antinmigrantes en Estados Unidos y Europa alteraron de forma estructural el ciclo migratorio. Irse ya no garantiza permanencia ni estabilidad, y volver dejó de ser una decisión voluntaria para convertirse, en muchos casos, en una imposición. El retorno, antes marginal, se volvió central. El país enfrenta ahora una realidad que no puede seguir gestionando con inercias pasadas: hacerse cargo del retorno de quienes, durante años, apoyaron la economía nacional con su trabajo y sus remesas.

Otros países avanzaron antes en este proceso. Colombia certificó competencias adquiridas en el exterior y vinculó retornados a proyectos productivos. México homologó estudios y oficios, facilitando inserción laboral y emprendimiento. Portugal combinó incentivos fiscales y crédito dirigido para transformar el retorno en inversión local. En todos los casos, el denominador común fue claro: el retornado dejó de ser visto como problema y pasó a ser tratado como activo económico y ciudadano pleno.

Honduras puede y debe aprender de estas prácticas. Reconocer saberes, articular empleo territorial, facilitar crédito productivo y construir alianzas reales con el sector privado no es filantropía: es visión estratégica. Gobernar la migración ya no consiste en contener salidas, sino en ordenar retornos con propósito.

En definitiva, el desafío no es técnico ni coyuntural, sino jurídico y político. La Constitución de la República reconoce a todos los ciudadanos como titulares plenos de derechos, sin distinción entre quien partió y quien se quedó. Gobernar el retorno no es un gesto de buena voluntad, sino una obligación del Estado. El nuevo gobierno debe asegurar que volver no signifique quedar al margen del trabajo, de la legalidad y del espacio público. Cuando el retorno se acompaña de derechos efectivos y oportunidades reales, el país deja de administrar ausencias y empieza a cumplir su mandato republicano.

Fuentes

  • Banco Central de Honduras (BCH). Remesas familiares, series históricas 2014–2024. Informes anuales y boletines macroeconómicos.
  • Banco Mundial. Migration and Remittances Data; World Development Indicators. Estimaciones sobre población migrante hondureña y peso de remesas en el PIB.
  • ONU – Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (UN DESA). International Migrant Stock. Datos comparados sobre emigración hondureña en la última década.
  • Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Perfil Migratorio de Honduras; World Migration Report. Análisis de flujos migratorios, retorno y reintegración.
  • CEPAL. Panorama Social de América Latina. Comparación regional del peso de remesas frente a otros rubros de divisas.
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