México podría reventar la paciencia de Trump por su apoyo a la revolución cubana: depende de la inestable presidenta

Análisis de Alberto García Marrder 
Especial para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras    

Hay que darle mérito a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum (de origen aleman-judío) de aguantar las presiones del presidente estadounidense, Donald Trump. (¿De aguantar o aprender a sobrevivir? 

México no es una Colombia o Venezuela. Es mucho más por su cercanía de la primera potencia del mundo y de su economía entrelazada.  

Y se merece una presidenta que le hable de tú a tú a Trump y que no apoye causas ideológicas retrógradas, como la Cuba comunista o la Venezuela chavista. 

Una firmeza de una mujer estadista me ha hecho recordar a la ex primera ministra británica, Margaret Thather (1979-1990). En mis tiempos de corresponsal en Londres recuerdo el “Prime Minister Question “dónde todos los miércoles a mediodía en Parlamento, Thatcher contestaba las preguntas de un miedoso líder de la oposición, Neil Kinnock ( 1983-1992). Prácticamente, Thatcher se lo comía. 

No espero que Sheinbaum sea como la Thatcher. 

Pero la mexicana que aparece de lunes a viernes a las ocho de la mañana en esas “mañaneras” o supuestas ruedas de prensa donde todo está organizado hasta las presuntas. 

A sus 63 años, su típica cola de caballo y hablar pausado, no tiene pinta de ser la primera presidenta de México. Si parece ser una profesora rural de párvulos, a quienes habla para convencer de lo bueno de su gobierno. 

Lo malo es que nos habla con la vieja retórica ideológica revolucionaria que ha sido un fracaso en Venezuela, Cuba o Nicaragua bajo los apellidos del Chavismo, Castrismo o Sandinismo. 

Y eso de “solidaridad humana con los hermanos cubanos que sufren por un acoso imperialista” suena a vieja consigna de Hugo Chávez o Nicolás Maduro. 

Trump no le perdonará haber enviado a Cuba dos buques, un petrolero y otro con alimentos básicos, para ayudar por la grave crisis que tiene la isla por la falta de combustible y alimentos. 

Decapitada la cúpula chavista por el audaz  derrocamiento de Maduro, Trump dijo a la prensa: “Ahora vamos por Cuba”. 

Por una mediación mexicana, existen ya negociaciones serias entre Estados Unidos y Cuba. Y la delegación cubana la encabeza nada menos que el hijo mayor de Raúl Castro, Alejandro Castro Espin, un veterano de la Inteligencia y Contrainteligencia Cubana. 

Raul Castro y su hijo, Alejandro Castro Espim..de guayaberas..

Que ofrecen los cubanos: 1-Una transición, pero dejando a los Castro en el poder. (Trump y Marco Rubio, su Secretario de Estado ya han dicho NO. 2-Mano libre para que EEUU arregle la economía, a una de mercado. 3- Elecciones en dos años. 4- La moneda oficial: el dólar  y 5- un exilio dorado en Moscú para Raúl Castro de 94 años y su familia. 

 La respuesta de Trump y sobre todo de Rubio, un cubano americano de Miami, es que Cuba no puede poner condiciones. Quieren una rendición total. 

Y es aquí donde la mediación de Sheinbum será agobiante y crítica: ¿Escuchar más al señor de los misiles y “Marines” o a sus amigos cubanos que hablan su mismo idioma? 

Y esa es la gran encrucijada de la presidente mexicana. Y está en juego también la cruda realidad de que su economía depende de sus exportaciones a Estados Unidos y de las remesas que envían los inmigrantes mexicanos a sus familiares en México. 

Mis colegas mexicanos, tan respetuosos con el gobierno de turno, no se andan ahora por las ramas y se atreven a calificar a su presidenta, de “floja y errática”. 

La cadena de radio y televisión británica BBC lo dijo así en un titular: “México es el más fuerte y débil ante Trump: La encrucijada de Claudia Sheinbaum tras la intervención de EEUU en Venezuela”. 

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