Tegucigalpa (Proceso Digital/Alejandro García) – Entre calles estrechas, gritos de vendedores, motores que avanzan a tientas y una oferta interminable de productos, los mercados de Comayagüela laten como el corazón económico de la capital. Son ruido, caos y movimiento, pero también sustento, tradición y un espacio donde miles de familias encuentran su forma de sobrevivir.
Oficialmente, los mercados abarcan desde la cuarta hasta la octava avenida, y de la segunda a la cuarta calle de la ciudad gemela de Tegucigalpa. En la práctica, se extienden mucho más: ocupan aceras, plazas, esquinas y cualquier espacio disponible. Los fines de semana, la saturación es total.
Los mercados más emblemáticos —Álvarez, Colón, Las Américas, San Isidro y los puestos de la séptima avenida— funcionan como puntos de encuentro y de vida. Representan una parte significativa de los ingresos de Comayagüela y son el motor de la economía informal de la capital hondureña.
Apenas se cruzan los puentes que unen a las dos ciudades, aparece un universo compacto de vendedores estacionarios y ambulantes. Ese desorden característico, esa mezcla de gritería, olores y colores, ha definido por décadas la identidad de la zona. Aquí no existe el “derecho de vía”: peatones, motos y vehículos avanzan guiados por instinto y por un código no escrito que evita choques y roces mayores.





La historia de estos mercados está ligada al crecimiento desordenado de la ciudad. Las antiguas casas coloniales se transformaron en negocios hasta formar un gigantesco mercado a cielo abierto. Su mayor atractivo sigue siendo el mismo: “aquí se encuentra de todo”. Y casi siempre, más barato que en un centro comercial.
No existe un censo exacto, pero se calcula que miles de puestos operan diariamente y que el movimiento económico ronda los 100 millones de lempiras al día, según economistas que estudian la economía cotidiana de la capital. También generan decenas de miles de empleos, la mayoría informales.
En estos puestos se vende de todo: frutas, verduras, ropa usada importada, uniformes, útiles escolares, repuestos de celulares, alimentos, flores, libros usados, hierbas para el amor, el desamor, la suerte o la salud. La mayoría de los negocios pertenecen a personas que emprendieron ante la falta de empleo formal.
El mercado San Isidro, fundado en 1905, es el más antiguo. Ubicado entre la quinta y sexta avenida, conserva tradiciones y costumbres arraigadas. El mercado Álvarez, en la primera calle y cuarta avenida, cuenta con una plaza comercial y estacionamiento propio, aunque también convive con puestos que ocupan parte de la vía.





Cada mercado se organiza mediante su propia asociación, encargada de asignar espacios y regular la convivencia entre comerciantes.
Historias de vida entre los pasillos

Francisco Flores lleva 30 años vendiendo en la cuarta avenida, frente al mercado Álvarez. Su puesto ofrece ropa americana, uniformes, zapatos y mochilas. Con ese negocio ha mantenido a su familia.
Cuenta que diciembre es la mejor temporada por las fiestas y el ambiente festivo. “Había tiempos mejores, aunque es relativo. Lo que sube es el costo de vida”, reflexiona. Su rutina inicia a las 8:00 de la mañana y termina a las 5:00 de la tarde, excepto los jueves, que dedica al descanso y actividades religiosas.
Recuerda que empezó como vendedor ambulante hasta que la junta directiva del mercado Álvarez logró que se habilitara una calle para convertirlos en vendedores estacionarios. “Aquí los clientes siempre encuentran lo que buscan, y uno sale con el sueldo para la comida del día”, dice.
Una nueva amenaza: los comercios chinos

Los comerciantes enfrentan ahora un desafío creciente: la expansión de grandes negocios chinos que ofrecen productos a precios muy bajos. Francisco admite que esta competencia es dura, pues los asiáticos tienen proveedores más baratos y mayor capacidad de abastecimiento. Los vendedores locales se ven obligados a adaptarse para no perder a sus clientes.
Organización y resistencia

Claudia Salinas, secretaria de la junta directiva de Asonavemh, detalla que solo en el mercado Álvarez existen 834 puestos. Recuerda que los mercados han sobrevivido inundaciones, incendios, inseguridad y acumulación de basura. Destaca, sin embargo, que la limpieza de la quebrada El Sapo ha reducido el riesgo de inundaciones.
Asonavemh nació para dar un espacio fijo a los vendedores ambulantes de la tercera avenida. Salinas subraya que los mercados siguen siendo más baratos que los centros comerciales, tanto para clientes como para mayoristas.
Un templo entre el bullicio
Entre los mercados se levanta la parroquia María Auxiliadora, una joya arquitectónica con más de un siglo de historia. Su construcción inició en 1911 con la llegada de los salesianos. En 1958 fue bendecida como templo y en 1968 se convirtió en parroquia independiente. Su cúpula y vitrales destacan en medio del caos urbano.

El pulso de Comayagüela
Así, la vida de Comayagüela descansa en gran parte en sus mercados. Más allá del desorden y el bullicio, son espacios de encuentro, trabajo y supervivencia. Cada día reúnen a miles de capitalinos que buscan salir adelante en medio de una realidad compleja, pero también profundamente humana.(PD/ag)












