Los enemigos de la realidad

Julio Raudales

Antonio Escohotado, el extraordinario filósofo español acaecido hace unos pocos años, nos dejó al final de su vida un legado inapreciable de obligatoria lectura para quien ame la libertad y busque la prosperidad social. Se trata de una obra en tres volúmenes titulada “Los enemigos del comercio”

En ella, el filósofo y jurista, hace un detallado recorrido por la historia de la humanidad desde Grecia, pasando por la Europa del medioevo, la revolución industrial, hasta nuestros días, con especial hincapié en las causas que explican la miseria y la prosperidad.

El autor distingue a lo largo de la historia, dos modelos básicos de sociedad: una es la clerical-militar o sublime, la otra es la comercial-industrial o prosaica. Ambos tipos de arreglos sociales se han confrontado de forma sempiterna, tanto interna como externamente y del resultado de este cotejo derivan siempre los cambios que determinan el avance o retraso en la calidad de vida de la gente.

Ejemplos que ilustran la diferencia entre estos dos tipos de sociedades son Atenas versus Esparta, Cartago en oposición a Roma y, más acá, la Unión Soviética contra los Estados Unidos de América. No significa esto, sin embargo, que todas esas sociedades siguen un único modelo de organización. En todas ellas ha existido una fuerte confrontación interna en sus liderazgos y, generalmente quien logra imponerse de forma hegemónica, es quien aplica su forma de ver el mundo y, por ende, consigue mejores o peores estadios sociales para su respectiva población.

Licurgo, el rey del Esparta, por ejemplo, logró imputar a sus súbditos, una visión militarista y estoica de la vida. Los espartanos odiaban el intercambio y la libertad de elegir. Las consideraban formas decadentes y frágiles de organización que dejarían al estado griego a merced de las fuerzas extranjeras. Por otro lado, pensaban que esclavizar a los vencidos en batalla, era la mejor forma de asegurar incrementos en la producción a un costo muy bajo.

Solón en cambio, había logrado convencer a los atenienses de las ventajas que permitir el libre intercambio de bienes y servicios tiene sobre el bienestar de la gente. La libertad en todos los sentidos proclamaba el rey de Atenas, es la mejor forma de garantizar que cada uno logre por sí mismo el éxito personal. 

Solón abolió la esclavitud, promulgó leyes que liberaban el comercio con los estados vecinos, incentivó el desarrollo de las artes y el deporte y, por tanto, hizo de Atenas la potencia económica de su tiempo y legó al mundo una cultura que prevalece por más de tres mil años hasta nuestros días.

Roma y Cartago confrontaron, siglos más tarde, una visión sinóptica a la de sus predecesores. Los Romanos militaristas, invasivos y esclavistas, los cartagineses comerciantes y amigos de la libertad. Lamentablemente, las guerras púnicas le dieron la victoria a Roma cuya hegemonía imperial impidió durante siglos el avance y la cultura que, por ejemplo, árabes y chinos vivieron durante siglos y que provocó que Europa se sumergiera durante siglos en el oscurantismo y la ignorancia.

Hoy, luego de siglos de avances y desaciertos, el mundo continúa confrontando estas dos visiones. La clerical-militar y sublimes continúa imponiéndose en forma de comunismo, fascismo, nacionalismo y en los últimos años con un neopopulismo atroz que pugna por destruir los avances derivados de la etapa en la que el comercio y la libertad se han expandido luego de la revolución industrial. El mejor ejemplo de dicha deriva es lo que sociedades como la europea, norteamericana y del lejano oriente han logrado. 

Los primeros 25 años del nuevo siglo han sido testigos de un nefasto retroceso en la consecución de estas libertades. El epítome llegó con el ascenso de Trump a la cúspide del poder en los Estados Unidos. Las decisiones tomadas a lo largo de 2025 son una muestra de la perversión que pudiésemos experimentar si no se detiene el avance de su escalada de oscurantismo e ignorancia. 

Afortunadamente, su país sigue siendo uno de leyes, donde prima la división de poderes y el peso de 250 años de democracia ininterrumpida pesan más que la maldad, los desafueros y la ignorancia de un líder sin cultura ni visión. 

La acertada decisión que la Suprema Corte tomara el viernes anterior, misma que reverte los abusos arancelarios del presidente, son una elocuente muestra de que todavía hay esperanzas para el mundo. Ojalá y la racionalidad se imponga y los enemigos del comercio pierdan una a una cada batalla contra la libertad y por ende el desarrollo y bienestar primen frente al oscurantismo. 

spot_img

Lo + Nuevo

spot_imgspot_img