
Tegucigalpa. – El periódico digital “okdiario.com”, recientemente dedicó un artículo al economista estadounidense Richard Thaler, quien es profesor de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago y recibipo en 2017 el Premio Nobel de Ciencias Económicas por sus contribuciones a la economía conductual. Su trabajo desafía uno de los pilares del pensamiento económico clásico, que es la idea de que los seres humanos toman decisiones de forma completamente racional, según destaca el prestigioso medio de comunicación.
“En su conferencia cuando le entregaron el Nobel, pronunciada en Estocolmo el 8 de diciembre de 2017, Thaler resumió décadas de su investigación con una afirmación que ya figura entre las más citadas del campo: «Hay muchos factores supuestamente irrelevantes que no son irrelevantes. Importan». La observación es el núcleo de su programa académico y el punto de partida de la economía conductual moderna”, acota el diario. La Academia Real de Ciencias de Suecia le concedió el premio «por integrar supuestos psicológicamente realistas en los análisis de la toma de decisiones económicas»”.
“A lo largo de cuarenta años, Thaler documentó que las personas no actúan como los modelos económicos predicen: sobrevaloran lo que ya poseen, tratan el dinero de forma inconsistente según su origen o destino, y responden a señales contextuales que la teoría clásica declara irrelevantes”.
Thaler según destacan, lideró durante más de dos décadas la firma de gestión de activos Fuller & Thaler, donde aplicó los principios de la economía conductual a las inversiones financieras.
¿Qué son los factores supuestamente irrelevantes para Richard Thaler?
El término que Thaler utilizó en su frase célebre citada luego de ser pronunciada en Estocolmo es autorreferencial. En el primer capítulo de Portarse mal: cómo la economía conductual fue rehecha por los de fuera (2015), el economista dedica un bloque entero a los «factores supuestamente irrelevantes» (FSI), unas variables que los modelos convencionales descartan porque no afectarían a un agente perfectamente racional, asegura en su escrito el medio antes citado.
Según Thaler, el problema es que esos factores sí inciden en el comportamiento real. La forma en que está redactada una carta, el orden en que aparecen las opciones en un menú o el modo en que se presenta un descuento alteran las decisiones de las personas de manera sistemática y predecible. De ahí que ignorar esos efectos no los elimina, simplemente los deja fuera del análisis
En la conferencia del Nobel el mismo utilizó un ejemplo cotidiano. Antes de cenar con amigos, Thaler retiró de la mesa un recipiente con anacardos para que los invitados no comieran demasiado antes del plato principal.
Desde la óptica del modelo racional, retirar opciones no puede hacer a nadie más feliz, puesto que las personas quieren comerlos, pero en la práctica, los invitados se sintieron aliviados. El anacardo resultó ser unfactor supuestamente irrelevante que sí importaba, destaca en su narrativa sobre Thaler el diario.
Como ya se indicó, Richard H. Thaler recibió el premio Nobelpor sus contribuciones pioneras a la economía del comportamiento, un campo que integra conocimientos de la psicología con la teoría económica para comprender cómo las personas toman decisiones en la vida real. Sus investigaciones demostraron que los individuos no siempre actúan de manera perfectamente racional, como supone la teoría económica tradicional.
Las principales razones por las que se le concedió el premio fueron las siguientes:
1) Integración de la psicología y la economía: Thaler mostró que las decisiones económicas están influenciadas por factores psicológicos, emociones, hábitos y sesgos cognitivos. Esto permitió desarrollar modelos más realistas del comportamiento humano en áreas como el ahorro, el consumo, la inversión y las finanzas.
2) Concepto de contabilidad mental (Mental Accounting): Demostró que las personas organizan mentalmente su dinero en diferentes «cuentas» según su origen o destino, aunque económicamente todo el dinero tenga el mismo valor. Por ejemplo, una persona puede gastar fácilmente un bono extraordinario mientras evita utilizar parte de su salario para el mismo fin.
3) Problemas de autocontrol: Explicó que muchas personas tienen dificultades para actuar conforme a sus objetivos de largo plazo debido a la preferencia por recompensas inmediatas. Este fenómeno ayuda a comprender por qué muchas personas ahorran poco para su jubilación, consumen en exceso o postergan decisiones importantes.
4) Preferencias sociales y sentido de justicia: Sus investigaciones mostraron que las personas no buscan únicamente maximizar su beneficio económico, sino que también consideran la equidad y la justicia. En muchas situaciones prefieren renunciar a una ganancia antes que aceptar un trato que consideran injusto.
5) Arquitectura de decisiones y los «nudges» (empujoncitos): Junto con Cass R. Sunstein desarrolló el concepto de «nudge», explicado en el libro Nudge. Un «nudge» consiste en diseñar el entorno donde las personas toman decisiones para orientarlas hacia mejores resultados sin eliminar su libertad de elección. Ejemplos son: • Inscribir automáticamente a los trabajadores en planes de pensiones, permitiéndoles retirarse si así lo desean. • Colocar alimentos saludables en lugares más visibles en cafeterías. • Simplificar formularios para aumentar el cumplimiento tributario o la donación de órganos.
6) Aplicaciones prácticas para las políticas públicas: Sus investigaciones influyeron en gobiernos, bancos centrales y empresas de todo el mundo. Las ideas de Thaler han sido utilizadas para mejorar programas de ahorro, salud pública, educación financiera, pago de impuestos, eficiencia energética y protección del consumidor.
La importancia económica del trabajo de Thaler, consiste en que cambió la forma de entender el comportamiento de consumidores, inversionistas y ciudadanos. En lugar de asumir que las personas siempre toman decisiones racionales, mostró que existen patrones sistemáticos de comportamiento que pueden estudiarse científicamente y utilizarse para diseñar mejores políticas públicas y estrategias empresariales.
Sus aportaciones también ayudaron a explicar fenómenos financieros como las burbujas especulativas, el exceso de confianza de los inversionistas y ciertas anomalías de los mercados que la teoría económica clásica no lograba explicar satisfactoriamente.
Resumiendo, la concesión del Premio Nobel de Ciencias Económicas de 2017 a Richard H. Thaler representó el reconocimiento de un cambio profundo en la manera de entender la conducta económica. Durante décadas predominó la idea de que las personas actuaban siempre de forma plenamente racional, disponían de toda la información relevante y buscaban maximizar su bienestar mediante decisiones perfectamente calculadas. Thaler demostró, con abundante evidencia empírica, que esa visión resulta incompleta. En la práctica, las decisiones humanas están condicionadas por sesgos cognitivos, emociones, hábitos, limitaciones de información y problemas de autocontrol.
Sus investigaciones no sustituyen a la teoría económica tradicional, sino que la enriquecen al incorporar una comprensión más realista del comportamiento humano. Gracias a ello, economistas, gobiernos y empresas cuentan hoy con mejores herramientas para explicar fenómenos que antes resultaban difíciles de comprender, como el escaso ahorro para la jubilación, las decisiones irracionales de consumo, las burbujas financieras o la resistencia de las personas a cambiar determinados hábitos.
Asimismo, el concepto de los nudges o «empujoncitos» ha demostrado que es posible mejorar las decisiones individuales mediante cambios sencillos en el entorno de elección, preservando siempre la libertad de las personas. Este enfoque ha dado origen a políticas públicas más eficaces en campos tan diversos como la salud, la educación, el ahorro, la protección del consumidor, la recaudación tributaria y la conservación del medio ambiente.
En definitiva, el legado de Richard H. Thaler trasciende el ámbito académico. Sus aportaciones han contribuido a construir una economía más humana, más empírica y más útil para comprender la realidad. El Premio Nobel reconoció no solo una serie de descubrimientos científicos, sino también una nueva forma de diseñar instituciones y políticas económicas que tengan en cuenta cómo las personas realmente piensan y actúan. Por ello, su obra constituye uno de los avances más significativos de la ciencia económica en las últimas décadas y continúa influyendo en la investigación, la formulación de políticas públicas y la toma de decisiones en organizaciones de todo el mundo.




