Leer en pantalla o en papel: lo que revela el cerebro infantil

Chasty Fernández

La tecnología educativa ha revolucionado las aulas y ampliado las oportunidades de aprendizaje. Hoy, miles de niñas y niños utilizan tabletas para leer, investigar y desarrollar actividades escolares. Sin embargo, una pregunta sigue despertando el interés de investigadores y educadores: ¿lee igual el cerebro infantil cuando el texto está en una pantalla que cuando está en un libro?

La evidencia científica indica que no. Ambos formatos permiten aprender, pero el cerebro procesa la información de manera diferente. Diversos estudios han encontrado que la lectura en papel favorece una comprensión más profunda y una mejor retención de la información, especialmente cuando se trata de textos largos o de estudio. En cambio, la lectura en pantallas suele propiciar un recorrido más rápido del contenido, conocido como escaneo, que puede llevar a sobreestimar cuánto se ha comprendido.

Una de las razones es que el libro ofrece referencias físicas que ayudan a construir un “mapa mental” del texto. Recordar que una idea estaba al inicio de una página o cerca del final de un capítulo facilita recuperar la información. En las pantallas, el desplazamiento continuo del texto y la mayor carga cognitiva que generan el brillo, las notificaciones o el cambio constante de contenido pueden disminuir los recursos que el cerebro dedica a comprender.

Las diferencias aparecen incluso antes de que las niñas y los niños aprendan a leer. Estudios con preescolares muestran que la lectura compartida de un libro físico activa con mayor intensidad las áreas del cerebro relacionadas con el desarrollo social. Además de favorecer el lenguaje y la comunicación, permite que interpreten emociones, gestos y expresiones de la persona que lee. En las pantallas también existe aprendizaje, pero la estimulación social y la activación de estas áreas cerebrales son menos intensas.

Esto no significa que las tabletas deban desaparecer de las aulas. Por el contrario, son herramientas valiosas para acceder a bibliotecas digitales, desarrollar competencias tecnológicas, investigar y enriquecer las clases. El desafío consiste en utilizarlas con un propósito pedagógico claro y no como un sustituto del libro impreso.

En Honduras, donde fortalecer la comprensión lectora sigue siendo un desafío, la discusión no debe centrarse en escoger entre pantallas o papel. La meta es formar lectores críticos, capaces de comprender, analizar y disfrutar lo que leen. Para lograrlo, es fundamental crear espacios de lectura acogedores en los hogares, centros educativos y comunidades, donde niñas y niños puedan explorar libros que despierten su curiosidad y fomenten el gusto por la lectura. La tecnología puede enriquecer este proceso al ampliar el acceso al conocimiento, pero nunca debería sustituir el valor del encuentro con un libro ni el vínculo humano que nace cuando una historia se comparte. El futuro de la educación no está en elegir entre pantallas o papel, sino en aprovechar lo mejor de ambos para formar generaciones que lean con comprensión, imaginación y pensamiento crítico.

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