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Las pinturas de Altamira se transforman en arte contemporáneo en la Bienal

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Venecia (Italia) – Las pinturas rupestres de Altamira, admiradas y estudiadas internacionalmente por ser las primeras representaciones del arte del Paleolítico, inundan el histórico Palazzo Donà de Venecia desde una perspectiva más contemporánea, en el marco de la 59ª Bienal de Arte.

Se trata del evento colateral “With Hands Signs Grow” (“Con las manos crecen los signos”), una exposición que transforma los suelos y las paredes del interior de este palacio del siglo XIV en la Exposición Internacional de Arte de Venecia 2022, que abrirá al público el próximo sábado y que estos días muestra a los medios las propuestas de sus más de 200 artistas participantes.

“Tras analizar la historia, visitar Altamira y el arte rupestre de otros muchos lugares, estos cuatro artistas devuelven esa propuesta a una nueva caverna que se enfrenta a la dificultad del mundo. Es el arte que funciona para un nuevo tiempo”, ha explicado a EFE el comisario de esta iniciativa, Alfonso de la Torre.

Los protagonistas son los artistas españoles Nuria Mora, Ruth Gómez, Daniel Muñoz y Sixe Paredes, que presentan cuatro “microrrelatos” contemporáneos de Altamira, subraya De la Torre.

Altamira en Venecia

Lo que han hecho es tomar como referencia las pinturas prehistóricas de Altamira (Cantabria, España) para realizar una revisión conceptual y presentar una visión contemporánea, pero respetando la esencia del arte paleolítico.

El evento colateral cuenta con la dirección artística de Juan Carlos Moya y ha sido desarrollada por la Fundación Odalys y Signum Foundation, con el apoyo del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira.

Altamira, un lugar de encuentro

La obra de Daniel Muñoz (Moraleja, Cáceres,1980) se titula “Drag image” y se centra en el arte mural y la modificación del entorno por parte del individuo.

El autor explica a EFE que habla del turismo de masas y cómo este ha desgastado el arte en Altamira hasta obligar al cierre de la cueva para su preservación, y critica la “superficialidad de las imágenes y la cacería y ese consumo compulsivo, sobre todo con los teléfonos móviles”.

La artista Ruth Gómez (Valladolid,1976) presenta “Cuevas”, un conjunto mural de grandes dimensiones que reflexiona sobre la naturaleza, los animales, la fertilidad y la espiritualidad a través de la pintura de jabalíes, mamuts y ciervos, pero también hombres cazando y mujeres teniendo hijos.

Sixe Paredes (Barcelona,1975) opta por un doble trabajo, un ensamblaje telar y una pintura, ambos de grandes dimensiones para “transmitir la majestuosidad de Altamira”.

Trabaja los volúmenes, el juego de colores y la superposición de pinturas, igual que los hombres del paleolítico pintaron unos sobre las obras de otros, en los volúmenes de la cueva.

Finalmente, Mora (Madrid, 1974) aborda la evolución del hombre en “XYZ-Transcending Physical Limits”, un políptico que comienza con una reducida paleta de colores y se va progresivamente ampliando.

Mora habla de “Altamira como un lugar lleno de frescos, los más antiguos de la Humanidad”, mucho más que unas pinturas en una pared, “un espacio de observación, un lugar de encuentro, una suerte de pictogramas que servía para que las personas de entonces se comunicaran”.

“Todos en nuestra mente tenemos una imagen de lo que suponemos que fue Altamira. En mi pieza pretendo hablar de los descubrimientos y las aperturas, haciendo referencia a la evolución de la imagen hasta nuestros días”, argumenta.

La exposición se completa con una proyección y una obra múltiple en el vestíbulo interior del palacio, que incluye piezas de los cuatro artistas e imágenes que evocan la cueva de Altamira y que han sido facilitadas por el museo.

La intención es que el proyecto sea itinerante y acogido por entidades como el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, dando protagonismo a diferentes artistas locales en cada edición. AG

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