Tegucigalpa (Especial Proceso Digital Lilian Bonilla) – La violencia doméstica continúa siendo una de las principales problemáticas que afectan a miles de mujeres en Honduras y en muchos casos, tal como lo evidencia la realidad constituye el antecedente directo de los femicidios.
– Las mujeres ahora no sólo llegan golpeadas llegan heridas, mutiladas y bajo amenazas de muerte, alertan defensoras. Endurecer penas no basta, piden prevención, más investigación y apoyo estatal para salvar vidas
– Actualmente sólo existen nueve Casas Refugio en el país, con recursos limitados y falta de un reglamento a la ley.
Aunque existen denuncias, medidas de protección y señales de alerta previas, numerosas víctimas terminan perdiendo la vida a manos de sus agresores, lo que evidencia fallas en los mecanismos de prevención y protección.
Examinando casos recientes de femicidios en los que existían antecedentes de maltrato físico, psicológico, económico o amenazas, es fácil darse cuenta que es evidente que la violencia intrafamiliar escala progresivamente hasta convertirse en violencia letal; uno de los casos que podemos mencionar en esta ocasión es el de la enfermera Elvia Mercedes Gómez, un claro ejemplo de violencia doméstica que lamentablemente terminó en tragedia.

Cifras conmovedoras que no dejan duda
Las estadísticas oficiales revelan una realidad cada vez más preocupante.
La portavoz de la línea de Emergencia 1-4-4 subinspectora Bessy Marín, en entrevista con Proceso Digital, recordó que la violencia doméstica no se limita a las agresiones físicas, sino que incluye violencia psicológica, económica, sexual y patrimonial.
En lo que va de 2026, las autoridades reportan 134 detenidos por violencia doméstica y maltrato familiar. Francisco Morazán, Cortés y Choluteca encabezan la lista de los departamentos con mayor número de llamadas de emergencia, detalló Marín. Además, se contabilizan 213 atenciones legales y 165 intervenciones relacionadas directamente con violencia doméstica.
Datos de la Línea 1-1-4 muestran un incremento significativo en las solicitudes de ayuda. Durante 2024 se registraron 1,359 llamadas relacionadas con violencia doméstica, de las cuales 569 requirieron actuación policial inmediata, 526 correspondieron a asesoría e información, mientras que 264 recibieron orientación psicológica. Ese mismo año fueron detenidas 283 personas vinculadas a hechos de violencia doméstica.
La situación se agravó en 2025. El número de llamadas aumentó a 2,028, lo que representa un incremento cercano al 50 % respecto al año anterior. De estas, 1,082 requirieron intervención policial, 608 estuvieron relacionadas con asesoría e información, 280 recibieron apoyo psicológico y 58 solicitaron orientación legal.
Las cifras también reflejan una mayor cantidad de capturas. En 2025 se contabilizaron 508 detenidos, de los cuales 178 fueron arrestados por violencia doméstica, 103 por maltrato familiar, siete por violación y 220 por otras alertas relacionadas con violencia.
La subinspectora, recordó a las mujeres y familias en general que la Línea 114 opera las 24 horas del día, los siete días de la semana, brindando atención inmediata, acompañamiento psicológico y asesoría legal a las víctimas.

Sin embargo, las cifras más estremecedoras provienen del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh). La Unidad de Estadísticas de la institución documentó 17,334 denuncias de violencia contra las mujeres entre 2021 y junio de 2026. Esto equivale a un promedio de nueve denuncias diarias, es decir, una mujer buscando ayuda cada dos horas y 45 minutos.
LEER: Al menos nueve denuncias diarias por violencia contra mujeres reciben en el Conadeh
La tragedia alcanza dimensiones aún más graves cuando se observan los registros de muertes violentas. Entre 2002 y junio de 2026, unas 8,530 mujeres fueron asesinadas en Honduras. A ello se suma un índice de impunidad superior al 95 %, una realidad que mantiene sin justicia a miles de víctimas y sus familias.
Solo en lo que va de 2026, cerca de 140 mujeres han sido asesinadas en el país, una cifra que mantiene en alerta a organismos defensores de derechos humanos y organizaciones que trabajan en la protección de las víctimas. La defensora de los derechos de la mujer Honorina Rodríguez, dijo que es momento de declarar una emergencia por femicidios.

Formas de violencia en escalada y crueldad
La directora de Calidad de Vida, Ana Lisseth Cruz, expresó su profunda preocupación por el alarmante incremento y la transformación de la violencia doméstica en Honduras, una problemática que ya no solo se refleja en las estadísticas, sino también en la gravedad de los casos que atienden diariamente.
“Estamos sumamente preocupadas porque la violencia doméstica no solo se ha disparado en cifras, sino también en hechos. Antes recibíamos mujeres golpeadas; ahora llegan heridas, macheteadas, mutiladas, amenazadas de muerte e incluso víctimas de atentados con armas de fuego”, lamentó en entrevista con Proceso Digital.
La funcionaria explicó que la institución recibe cada mes entre 30 y 35 mujeres remitidas por diferentes organismos, entre ellos Ciudad Mujer, el Ministerio Público, la Corte Suprema de Justicia, la Policía Nacional, la Línea 114 y los centros de salud. Muchas de ellas llegan acompañadas de sus hijos e hijas, quienes también sufren las consecuencias de la violencia.
Cruz señaló que, aunque la mayoría de los casos son nuevos, también atienden a mujeres reincidentes que regresan con sus agresores debido al fuerte control psicológico al que son sometidas. A ello se suman factores como la dependencia económica, las amenazas contra sus familiares y la falta de confianza en el sistema de justicia y temor a asistir a sus citas por temor a perder sus trabajos si piden permisos pese a que esto está establecido en la Ley Contra la Violencia Doméstica.
Otro aspecto preocupante es el impacto que esta situación tiene en la niñez. Según Cruz, los hijos e hijas de las víctimas llegan con severas afectaciones emocionales y psicológicas. Algunos incluso han resultado golpeados al intentar defender a sus madres durante los episodios de agresión.

Más allá de los golpes, entendiendo el ciclo de violencia
Cuando se habla de violencia doméstica, muchas personas piensan únicamente en golpes o agresiones físicas. Sin embargo, especialistas en salud mental consultados por PD, advierten que la violencia dentro del hogar adopta múltiples formas, muchas de ellas silenciosas e invisibles, pero igual de destructivas para las víctimas.
La violencia física es la más evidente. Incluye empujones, bofetadas, golpes, quemaduras, heridas con armas o cualquier agresión que cause daño corporal. Sin embargo, antes de llegar a este punto, generalmente existen otras formas de violencia que se desarrollan de manera progresiva.
La violencia psicológica es una de las más frecuentes. Se manifiesta mediante insultos, humillaciones, amenazas, manipulación, control excesivo, intimidación y desvalorización constante. Con el tiempo, estas conductas afectan la autoestima de la víctima hasta hacerle creer que no puede vivir sin su agresor.
Los psicólogos agregan que otra modalidad es la violencia económica, cuando una persona controla el dinero, impide que su pareja trabaje, le niega recursos para cubrir necesidades básicas o utiliza la dependencia financiera como mecanismo de control. En este punto Ana Cruz, reveló que en las Casas Refugio conocen casos que el agresor les dice a sus víctimas que si salen a trabajar las mataran.

También existe la violencia sexual, que incluye cualquier acto íntimo realizado sin consentimiento, así como la violencia patrimonial, relacionada con la destrucción, retención o apropiación de bienes y documentos personales.
Los especialistas explicaron a PD, que estas formas de violencia son parte de un ciclo repetitivo conocido como «círculo de la violencia». Este proceso generalmente inicia con una etapa de tensión, donde aparecen discusiones, amenazas, celos y conductas de control. Posteriormente ocurre el episodio de agresión, que puede ser verbal, psicológica o física.
Después de la agresión suele llegar una fase conocida como «luna de miel». En esta etapa, el agresor pide perdón, promete cambiar, muestra arrepentimiento y realiza demostraciones de afecto. Estas conductas generan esperanza en la víctima, quien cree que la situación realmente mejorará. Sin embargo, con el paso del tiempo la tensión vuelve a acumularse y el ciclo se repite, generalmente con niveles de violencia cada vez más graves.

En ese sentido, los especialistas en atención a víctimas de violencia detallan que, desde la psicología, existen varias razones que explican por qué muchas víctimas permanecen o regresan con sus agresores. Una de ellas es la dependencia emocional generada tras años de manipulación y control. También influye el miedo a represalias, las amenazas contra los hijos o familiares, la dependencia económica, el aislamiento social y la pérdida progresiva de la autoestima.
Ante este escenario muchas víctimas desarrollan sentimientos de culpa y llegan a responsabilizarse por las agresiones que sufren. Otras mantienen la esperanza de que el agresor cambie o temen enfrentar solas una nueva vida.
A esto se suma la falta de apoyo institucional, el temor a perder el empleo, la lentitud de algunos procesos judiciales y el miedo a que las denuncias no prosperen, factores que dificultan aún más la decisión de abandonar una relación violenta.
Asimismo, defensoras de los derechos de las mujeres recuerdan que la violencia doméstica no afecta únicamente a las mujeres. Los hijos e hijas que crecen en hogares violentos suelen presentar ansiedad, depresión, problemas de conducta, dificultades escolares y secuelas emocionales que pueden acompañarlos durante toda la vida.
La realidad que hoy enfrentan cientos de mujeres hondureñas refleja una crisis que exige respuestas urgentes. Detrás de cada cifra hay una historia de dolor, una familia afectada y en casos más drásticos tal como lo muestra la realidad hay muchos femicidios un mal terrible que como sociedad no se puede seguir ignorando. LB












