
El QS World University Rankings 2027, elaborado por Quacquarelli Symonds, una firma internacional dedicada al análisis y la evaluación de la educación superior, volvió a encender una señal de alarma para Honduras. La Universidad Nacional Autónoma de Honduras quedó, por segundo año consecutivo, fuera de un listado que reúne a más de 1,500 universidades del mundo. QS toma en cuenta aspectos como la reputación académica, la opinión de los empleadores, la producción científica, el impacto de las investigaciones, la relación entre docentes y estudiantes y la presencia internacional. No es una medición perfecta ni la única forma de evaluar una universidad, pero tampoco puede ignorarse.
He señalado esta situación penosa indicando que la UNAH debe volver a la luz. El resultado de este ranking es el efecto visible, pero ahora corresponde examinar algunas de sus posibles causas. El prestigio no desaparece repentinamente. Se deteriora cuando una institución pierde dirección, confianza, capacidad para producir conocimiento y claridad sobre la forma en que debe gobernarse.
La Universidad puede imaginarse como una mesa sostenida por cuatro patas: autonomía, mérito, transparencia y gestión profesional. El prestigio es la superficie que esas cuatro bases sostienen. Si una se debilita, la mesa pierde equilibrio. Si varias fallan al mismo tiempo, toda la institución comienza a tambalear.
La primera pata es la autonomía. La UNAH conquistó ese derecho el 15 de octubre de 1957 para proteger su autogobierno, la libertad de cátedra, el pensamiento crítico y la capacidad de orientar la educación superior sin quedar sometida a los intereses políticos del momento.
Pero hoy es necesario reabrir la autonomía, no para disminuirla ni para intervenir la Universidad desde afuera, sino para devolverle su contenido verdadero. La autonomía se debilita cuando la política partidaria influye en sus decisiones, pero también cuando grupos internos se apropian de ella y la convierten en una protección para sus intereses.
Una caja de pandora universitaria se abre cada vez que el mérito es sustituido por el favor, cuando los nombramientos responden a compromisos personales, cuando las reglas se acomodan a determinados candidatos o cuando la autoridad se utiliza para hostigar, excluir o imponer. Entonces aparecen el nepotismo, la improvisación, los conflictos laborales, la mediocridad y la pérdida de confianza.
La segunda pata es el mérito. La próxima elección de rector o rectora debe ser una oportunidad para cerrar esa caja y comenzar a recuperar la Universidad. La máxima autoridad de la UNAH no puede ser escogida como premio, cuota política, pago de favores o resultado de acuerdos celebrados lejos de la comunidad universitaria.
Quien aspire a dirigirla debe demostrar experiencia universitaria, trayectoria académica, capacidad administrativa, solvencia ética, equilibrio personal y conocimiento de la educación superior. Cumplir requisitos mínimos puede permitir una candidatura, pero no demuestra por sí solo que una persona posee la capacidad necesaria para conducir el alma mater de Honduras.
La tercera pata es la transparencia. La autonomía no puede ser un escudo contra la rendición de cuentas. La sociedad tiene derecho a conocer cómo se eligen las autoridades, cómo se utilizan los recursos, cómo se realizan los nombramientos y cuáles son los resultados de la gestión. También debe investigarse, con respeto al debido proceso, cualquier actuación que pueda haber violentado las normas universitarias.
La cuarta pata es la gestión profesional, con la investigación científica en el centro. Una universidad no existe únicamente para impartir clases y entregar títulos. Debe investigar, publicar, innovar, formar científicos, participar en redes internacionales y producir respuestas para los problemas nacionales. Sin investigación sostenida no hay verdadero desarrollo académico, ni reconocimiento internacional, ni posibilidad de recuperar el terreno perdido.
Por eso, el prestigio no es una quinta pata ni un regalo de los rankings. Es el resultado de una autonomía respetada, autoridades elegidas por mérito, decisiones transparentes y una gestión capaz de producir conocimiento y excelencia.
En este proceso también conviene recordar una máxima latina: Roma traditoribus non praemiat; Roma no premia a los traidores. No debe leerse como una amenaza ni dirigirse contra una persona determinada. Es una advertencia sobre la fragilidad de las alianzas construidas mediante favores: quien rompe las reglas para beneficiar a alguien también puede romper mañana la confianza de quien lo favoreció.
Cerrar la Caja de Pandora no significa únicamente sustituir nombres. Significa restituir la legalidad, investigar lo que corresponda, proteger el mérito y evitar que las mismas prácticas regresen con otros protagonistas.
La UNAH volverá a la luz cuando recupere plenamente su autonomía, cuando el mérito decida quién la dirige, cuando la transparencia genere confianza y cuando la investigación vuelva a producir prestigio. No se trata de salvar una administración. Se trata de rescatar el alma mater de Honduras.




