Por Alberto García Marrder
Para Proceso Digital, La tribuna y El País de Honduras
Estados Unidos tiene ahora un buen pretexto para realizar una incursión militar, no una invasión, a Cuba: detener a un prófugo de la justicia estadounidense, el poderoso Raúl Castro.
Si ya lo hizo con Nicolás Maduro en Venezuela, nada impide que el presidente Donald Trump de la orden de hacerlo, a pesar de las opiniones de los expertos que sería una locura detener a un jubilado ex militar de 94 años, que es un símbolo del apellido Castro en Cuba.
Raúl Castro es el hermano menor de Fidel Castro, muerto el 25 de noviembre de 2016, y no tiene actualmente-en teoría- un cargo público.
Un tribunal de Florida ha implicado a Castro, casi más de 30 años después, del derribo de dos avionetas Cessna y la muerte de cuatro tripulantes de la agrupación anticastrista “Hermanos al Rescate” de Miami. Están acusados también, con nombres y fotos, cinco de los militares y pilotos cubanos que participaron en el suceso.
(Uno de ellos, años después, pidió asilo en Miami sin revelar su pasado militar y su petición fue rechazada).
El suceso ocurrió el 24 Febrero de 1996, cuando Raúl Castro era ministro de Defensa de Cuba y habría dado su vista bueno para que un Mig-29, de fabricación soviética, lanzará sus misiles contra las indefensas Cessnas.
Yo vivía entonces en Miami, como corresponsal extranjero de una agencia española de noticias, y viví entonces la indignación y furia por la muerte de los cuatro.
“Hermanos al Rescate” fue fundada en los años noventa para, en un principio, a detectar, por el aire, a balseros cubanos que salían de Cuba y pudieran ser rescatados luego por lanchas o buques.
Pero lo que era, en principio, un gesto humanitario, se convirtió luego en aventura política, específicamente anticastrista.
Cuando volaban sobre la Habana, los atrevidos pilotos abrían la ventanilla de su Cessnas para lanzar propaganda contra la dictadura de los Castro, violando el espacio aéreo de Cuba, de apenas 12 millas.
Ahora bien, hay todavía una incógnita de que cuando sucedió el ataque a las dos avionetas fue cuando estaban en el espacio aéreo internacional o si ya habían entrado al cubano. Aún hoy, sigue esa incógnita, por importante que es.

Si hubiera una incursión militar norteamericana, al estilo de Nicolás Maduro, ya se pueden pronosticarse dos posible represalias cubanas por drones: Una a la base naval norteamericana de Guantánamo en la isla y la otra, a la ciudad de Cayo Hueso (Key West), en el sur Florida y muy cerca de Cuba.
En la grabación entre la torre de control aéreo y el Mig-29 se escucha “Les dimos cojones, patria o muerte”.
Cuatro miembros de “Hermanos al Rescate» murieron por el impacto de los misiles: Carlos Costa, Pablo Morales, Pablo de la Peña y Armando Alexandre.
Más de treinta años después, la Organización Civil de la Aviación Internacional (OACI) estableció que el ataque tuvo lugar sobre aguas internacionales y no sobre cubanas como alega la dictadura castrista. Eso es lo que va alegar la justicia norteamericana, ciertamente influenciada por la colonia de exiliados cubanos en Florida.
Washington y La Habana están manteniendo, de una forma discreta, conversaciones en Ciudad de México sobre el futuro de Cuba.
Por parte de Washington, está Marco Rubio, un cubano—americano de Miami que ahora es el Secretario de Estado y mano derecha del Presidente, Donald Trump en asuntos exteriores. Y por Cuba, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y guardaespaldas del Raúl Castro, muy conocido como “El Cangrejo”, por tener en una mano seis dedos.
Actualmente, la isla tiene una crisis agobiante por la falta de petróleo y los incesantes cortes de luz. Y un “pánico” generalizado por lo que viene. Por bien o mal.












