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La pirámide de edades y sus revelaciones

Por: Mario E. Martín

Tegucigalpa.- Disponemos de instrumentos y medios para analizar y hacer conciencia sobre la realidad social de nuestro país, todos valiosos y relativamente accesibles.  

La pirámide de edades es uno de esos instrumentos estadísticos, diríamos tesoros, que queremos aprovechar y compartir en nuestra columna.  La pirámide se define como una representación gráfica que revela la relación de género, edad y número poblacional y por supuesto, como todos los indicadores de desarrollo, con dinámica cambiante.

Afortunadamente contamos con la más reciente, certificada por la última asistencia de Naciones Unidas para el censo de 2013, que merece tomarse en cuenta, dada nuestra dinámica poblacional en los últimos años, particularmente en términos de la migración.  Y tenemos indicadores formales parciales y recurrentes que nos permiten mantener el panorama de la evolución social y poblacional de nuestro país, como la encuesta permanente de hogares, el registro nacional de las personas, y los nuevos registros de migración, además de indicadores menos formales pero igualmente reveladores como los que podemos extraer de Internet.

En estos momentos que nos obsesiona el avance de la economía – ilustrada a través de las cifras de inversión, ingreso y empleo, no necesariamente de desarrollo o cambio estructural, creemos que merece nuestra atención lo que revelan las estadísticas sociales, partiendo de la información de la pirámide.  Como la última de que disponemos es la resultante del censo de 2013, nuestra conformación poblacional requiere actualizarse técnicamente y tenerla en mente en nuestro rutinario análisis económico, y político y de la migración.

Sería interesante, por ejemplo, saber que parte de la pirámide goza de las mejores condiciones sociales, en todas las ópticas, desde ingreso hasta servicios sociales y seguridad social.  Convendría atraer la atención a estos análisis de los políticos, los funcionarios y hasta los mercadólogos, ahora que están proponiendo cambios de políticas públicas patrones de consumo.

La primera interesante revelación de la pirámide es el sesgo hacia la base, predominando los grupos de edad menor a los 25 años, que suman un 24.5 % de la población total es decir más de 2 millones.  Entre ellos estan los NINIs, o jóvenes que ni trabajan ni estudian que distinguen nuestra crisis de falta de empleo para ese alto porcentaje en esa edad.  La implicación que podemos derivar es la necesidad de focalizar la generación de empleo, y la formación profesional en esos grupos.  Por supuesto, es necesario analizar si el sector educativo lo cubre, y en qué porcentaje.

La segunda revelación, más bien reiteración de los que hemos estado oyendo en las campañas políticas en términos de participación política, es la mayoría de 51,2 % de mujeres sobre 48.0% de hombres.  El instrumento además muestra que esa mayoría, en las edades de 14 a 19 años.  Necesitamos analizar la participación económica y política de esos jóvenes desempleados y su empoderamiento en las decisiones políticas y, en lo posible en que regiones del país.

La tercera revelación es que los ancianos, o tercera edad avanzada, mayores de 80 años, solo son el 2.3%, de la población total de 8.4 millones en ese año, o no más de 250,000 ciudadanos.  Los mayores de 65 resultan no más de 85,000, la mayoría mujeres.  Este hecho requiere definir el componente de atención a la tercera edad, desde el punto de vista del género.  Faltaría también profundizar en los porcentajes de mujeres en condición de jefes de hogar.

Una cuarta revelación es la amplia base poblacional, comparada con la forma de la pirámide de un país desarrollado, digamos la de Suecia.  Mientras la nuestra encierra a los grupos menores de 30 años mostrando una mayoría joven, la de Suecia es estrecha, revelando la mayoría de la población madura.  Las imágenes, asi comparadas, son dramáticamente reveladoras, con sus implicaciones de demanda de servicios sociales y la velocidad de reproducción.

Hay tantas otras realidades que requieren que le dediquemos tiempo y análisis para conocer mejor nuestro país, nuestra población y sus necesidades:

· Cuál es la diferencia de la pirámide entre las regiones?  Interesa explorar ese indicador para focalizar mejor los programas de empleo, de atención a los grupos vulnerables como los de la tercera edad, de las mujeres solas, de la formación profesional y vocacional, según los recursos naturales y la actividad industrial.

·Estamos en capacidad ya de delinear políticas públicas de mediano plazo (mas allá del periodo de cada administración), la de migración, para mencionar la más urgente.

· El complemento del Plan de Nación es el del recurso humano.  

Estamos creciendo y urbanizándonos, en una carrera contra los recursos y el cambio climático.  Sabemos dónde conviene urbanizar, re poblar, re ubicar, incentivar mayor densidad?  Estamos conscientes del efecto poblacional de las Zedes?  Compartimos estos criterios con los gobiernos municipales? 

Quienes son los agentes y promotores deseables para aprovechar y adelantar estos análisis?  La tarea de gobernares exigente y prioritaria, pero resulta lógico involucrar otras instancias, la universidades por ejemplo.  Ciertamente los estudios, proyectos e inversiones para el desarrollo.Se invitan comentarios a: marioemartin69@gmail.com

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