La moneda de cambio universal

Julio Raudales

Nada sucede en el universo sin transformación de energía. Ni la rotación de las galaxias, ni la fuerza de la tectónica de placas que separa los fondos oceánicos y crea cadenas montañosas. Todo requiere de energía, aun el rápido movimiento de nuestros párpados al captar la luz cuando despertamos cada mañana, el esfuerzo asincrónico de nuestros dedos al teclear en el celular para “chatear” con los amigos, la fuerza minimalista del reloj de agujas que da la hora en la catedral o aquella descomunal que utiliza la grúa para colocar los contenedores en el puerto.

Todo, absolutamente todo lo que existe, sea vivo o inerme, bueno o malo, útil o dañino, requiere de energía para funcionar. La vida, los fenómenos naturales y aún la muerte que producen las guerras necesitan energía.

Es por ello por lo que, cuando lo que consideramos una fuente de esa energía vital se nos escasea, todo se trastorna. Es decir, todo lo que consideramos necesario para subsistir se vuelve precario. La cotidianidad se transforma en estrés y los problemas que debíamos resolver antes de esa escasez se vuelven secundarios, pasan al plano de lo prescindible, nos obligan a replantear nuestras prioridades.

Eso es justamente lo que ha sucedido durante este aciago mes de marzo, producto de la invasión que, de manera irracional y desafiando toda lógica económica y política, llevaron a cabo Israel y los Estados Unidos sobre Irán.

El estado musulmán, mucho menos dotado de capacidades bélicas, respondió como era obvio: cortando toda posibilidad de suministro petrolero y poniendo en jaque al resto del mundo. De esta forma demuestra, una vez más, que la fortaleza armamentista de potencias como la norteamericana e israelí, resulta innecesaria cuando se cuenta con la capacidad de restar posibilidades de acceso a energía de calidad. Los iraníes tienen hoy la sartén por el mango y con ello han puesto, una vez más, en vilo a todo el planeta.

No es la primera vez que pasa. Ha sucedido siempre a lo largo de la historia. En la guerra de Troya que narra Homero, fue el largo sitio al que los sometieron los espartanos lo que obligó a los troyanos a ceder. Lo mismo en cada hambruna o crisis social, es la falta de recursos, sea alimentarios, de transporte o de salud, sin posibilidades de usar plenamente la energía, no importa la época, es la escasez de la misma lo que ha provocado cada crisis vivida por la humanidad.

Pero no fue sino hasta hace unos de 100 años cuando la humanidad descubrió al petróleo como la fuente más eficaz para proveer la energía que la sociedad requiere para vivir de mejor manera. Este material, junto con el gas natural resulta ser el compuesto adecuado para lograr combustión y con ella movimiento. 

El mundo contemporáneo dio un salto cualitativo a partir de su uso y, luego del descubrimiento de sus propiedades, los lugares del mundo donde se encuentra en cantidades comerciales se han convertido en sitios privilegiados. De ahí que el Medio Oriente, África, Norteamérica, Sudamérica y otros, se han convertido en los grandes proveedores del material que mueve a nuestra sociedad.

Antes de la década de los años 70’ el precio de un barril de petróleo rondaba los 1.75 US$ y ya para entonces, los países productores del crudo conseguían bastante dinero por su exportación. Pero, al darse cuenta de que su demanda se incrementaría en los siguientes años, sus proveedores decidieron integrarse en un cartel y comenzar a tener un comportamiento monopólico para poder controlar, a través de la oferta, un precio que les pudiese generar mayores ganancias. Fue así como se generó por esos años, la primera gran crisis energética ocasionada por los altos precios del petróleo que de un solo golpe se sextuplicó.

Muchas alternativas surgieron desde entonces. Aquella crisis, sin duda, dio pie para mejorar la oferta de sustitutos al preciado oro negro y al gas: ahora hay energía atómica, solar, eólica e incluso la biomasa. Los expertos dicen que, en pocos años, el petróleo y el gas natural apenas cubrirán el 10% de la energía que necesitemos y que las nuevas fuentes alternas nos proveerán los requerimientos que, sin duda irán en aumento.

No obstante, por ahora y mientras los señores Trump, Netanyahu y Jomeini recuperan el buen juicio, no nos queda más remedio que ajustarnos y suavizar nuestro consumo para evitar un colapso global por falta de energía.

spot_img

Lo + Nuevo

spot_imgspot_img