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La herencia de Trump: la radicalización de masas en Estados Unidos

Washington, (EEUU) – (Especial para Proceso Digital-Por Alberto García Marrder)

El legado del expresidente Donad Trump está quedando muy claro: una radicalización de masas en tiempos de internet y de consecuencias imprevisibles.

La insurrección del pasado 6 de enero con el asalto al Capitolio en Washington, por simpatizantes de Trump, fue apenas un indicio. La creciente radicalización de la ultra derecha en Estados Unidos es un problema mayor y serio.

En tiempos pasados, la radicalización de un país era cuestión de años con mítines políticos, manifiestos en la prensa y discursos en la radio.

Trump ha utilizado como púlpito una tecnología innovadora de mensajería, Twitter, para llegar a su más de 54 millones de seguidores en cuestión de segundos. Y en sus cuatro años en la Casa Blanca, envió desde su celular (“smartphone”) la cantidad exacta de 10,227  ”tweets”, a un promedio de siete por día.

(Además de sentar “cátedra dogmática”, Trump utilizó Twiter para nombrar o despedir a miembros de su gabinete, para ridiculizar o insultar a sus rivales. Por ahora, Twitter canceló su cuenta por enviar desinfomaciones e incitar a la violencia.)

Trump ya no es presidente, pero aún cuenta con una masa fuerte de seguidores y podría aspirar a ser de nuevo candidato presidencial en las elecciones del 2024. Setenta y cuatro millones le votaron el 3 de noviembre pasado.

El conservadurismo radical pregonado por Trump, una especia de populismo nacionalista y de supremacía blanca, ha contado con excelentes portavoces: la cadena de televisión Fox News y sus grandes estrellas, así como prensa y radio afines.

Fox, propiedad del magnate australiano Rupert Murdoch, apoyo constantemente a Trump y este, sin duda, llegó a ser lo que fue, gracias a esta cadena y a sus presentadores como Tucker Carlson y Sean Hannity, que llegaron a ser casi como sus asesores políticos.

Y acaba de morir Rush Limbaugh a los 70 años de un cáncer pulmonar, el rey absoluto de la radio conservadora y quien fue el que realmente inspiró a Trump a seguir esa ruta populista que lo llevó a la presidencia en el 2016. Y de él aprendió, también, que una información falsa o manipulada, cien veces repetida, se convierte en verdad.

¿Qué es lo que impulsa a una radicalización a gran escala? Esa es la pregunta que el portal “Politico Magazine” le ha hecho a Michael Jensen, ex experto en extremismos del Consorcio Nacional para el Estudio del Terrorismo:

“Primero, hay que tener una audiencia vulnerable y receptora de una narrativa extremista, que quiera echar la culpa de sus problemas a otros y que comparta sus planes de conspiraciones contra los que intenten socavar su bienestar. Y segundo, hay que tener un líder de gran influencia política para transmitir esa narrativa extremista, como lo es Donald Trump, un experto en manejar la televisión”.

Para Jensen, en los últimos cuatro años, Trump, ha impulsado una narrativa que no solo es polarizante, señalando las diferencias entre la derecha y la izquierda, “sino también destacando que el “otro” es el enemigo a combatir a toda costa para preservar la manera de ser, sean aquellos demócratas, periodistas o científicos.”.

Y ante la radicalización instaurada por Trump, hay cincos etapas previas:

1-  La narrativa: Hay que estar en contra de algo y entre más extremista y anti-sistema, mejor. Y eso se propaga a millones en cuestión de segundos por internet.

2-  ¿Para quienes? Para todo aquel que esté descontento, enfadado, se sienta discriminado y con ganas de luchar por los derechos que siente haber perdido.

3-  Un líder para inspirar: Donald Trump, desde luego.

4-  ¿Por qué medio? Por internet (Twitter), televisión (Fox News), prensa (“The New York Post”) y radio (hasta hace poco Rush Limbaugh).

5-  El rendimiento: Esa masa radicalizada son votos y “donaciones”. Trump tiene ya un “fondo de guerra” de unos 70 millones de dólares recaudados.

He consultado con el sociólogo cubano-americano, Ricardo Puerta, sobre las bases políticas de Trump y me dice que tiene su base social propia, pero que esta, “es más Trumpista que republicana”.  Y carece de historia en el Partido Republicano.  Y sobre su estrategia, me explica:

“Trump siempre empieza seleccionando temas que son anti-sistema y que tienen insatisfecha o marginada a un amplio segmento de la población. A eso le agrega mentiras o exageraciones falsas que vuelven la denuncia más repugnante”.

La psicóloga Sophia Moskalenko, de la Universidad de Pennsylvania, escribe en “Psycology Today” que siempre se creía que los “malos” (los terroristas) son los que se radicalizan y nunca los buenos americanos. “Ahora es difícil negar que la radicalización está creciendo en este país”.

Pone como ejemplo que los crímenes de odio han subido en un 17 por ciento, que los tiroteos masivos causaron en 2017 más muertos que en las pasadas cuatro décadas y que disturbios violentos aumentaron en 2017 un ocho por ciento en relación a años anteriores.

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