
Sally Hogshead acuñó la frase “ la fascinación ” en donde para explicar la fascinación enlista, explica y matiza al menos siete desencadenantes, esto es a saber: poder, pasión, innovación, alarma, místico, prestigio y alerta. Lo que los seres humanos hacen por y desde el poder es inimaginable, ridículo, decisiones descabelladas, asombro y piruetas dañinas. El poder las y las vuelve arrogantes, prepotentes, soberbios, altivos, exhibidos, petulantes, entre otros epitetos. Hay una característica que los distingue e identifica por las acciones que llevan a cabo, esto es, el narcisismo, individualismo, egoísmo, irracionalidad, además, aferrados al poder, convirtiéndose en dictadores, manipuladores de sus constituciones, vulgarizando la democracia, volviéndose en absolutos e intocables.
La fascinación del y por el poder ha llevado a los seres humanos a actuaciones que lindan con la demencia y la estupidez, por ejemplo, cuando el emperador Caligula, (37 d. C), nombró a su caballo “cónsul”. El mismo Constantino, valiéndose del poder, oficializó la religión cristiana para tenerla a su disposición, comenzando con esto, la prostitución de la religión, pues esa mezcla de poder y religión nunca van bien. En este caso la religión, siempre estará supeditada al poder, cuando el gobernante es el que manda. Ya desde, (2500 a. C), un gobernante de Acadia se auto proclamó Dios. La Muralla China, fue mandada a construir para perpetuar la inmortalidad de Qin Shi Huang, según, para poder dar directrices aún después de muerto. El mismo Alejandro Magno, conquistó aún más allá de sus límites para inmortalizar el helenismo. Nerón en Roma, ordenó la muerte de su madre y de su esposa, debido a su narcisismo descomunal.
La forma de gobernar y ostentar el poder, lleva a los gobernantes a cometer actos de lesa humanidad, corrupción, a hacer negociaciones con fuerzas oscuras, grupos salpicados por el crimen organizado, narco tráfico, delincuentes internacionales, redes mundiales de extorsión, inversionistas de la política entre otros negocios turbios. Lo anterior, solo para mantenerse y si es posible perpetuarse en el poder. Los últimos modelos de gobernantes mundiales, de una forma u otra, no terminaron bien sus carreras, ni como personas, ni como líderes de sus países. Veamos los casos de Hitler, (Segunda Guerra Mundial, 1939-1945), quien llevó a su país y al mundo a una de las peores escenas de horror y conflicto, ocasionando la muerte de millones de adultos y niños, y la destrucción de infraestructura y de la misma cultura, arte y atrasando totalmente el desarrollo del continente europeo y del resto del mundo.
Fidel Castro, quien ascendió el poder en 1959, apoyado por grupos de la derecha internacional, para que luego, se declarara una Revolución Socialista en Cuba, lo que trajo como aparejada consecuencia, el exilio cubano y el bloqueo económico por parte del Imperio Norteamericano. Su gestión encantó a muchos, más al final, quedó demostrado que él no gobernó como proletario, sino como burgués, pues el poder que gozó lo hizo prácticamente el hombre intocable, admirado, venerado y respetado por los cubanos, más hoy su figura ya no es como que, su herencia es de calamidad, pena y escasez. Así que, Cuba no es el mejor lugar donde la gente quiere vivir, pues los niveles de desarrollo humano están deteriorados y pauperizados. Richard Nixon, quien fuera obligado en agosto de 1974, a dimitir de su cargo como presidente de Estados Unidos, debido al escándalo llamado “Watergate” que evidenciaba el espionaje a sus opositores políticos, y miraba la posibilidad de perpetuarse en el poder mediante una reelección.
La lista es larga, sin embargo, podríamos poner al mismo Hugo Chávez, quien marcó una época que aparentemente Venezuela, dormía y se levantaba con millones de dólares, los cuales su dictador los repartía por todo América Latina, todo, por la fascinación del poder y toda la gloria, fama, liderazgo político, que decía tener, enfrentando a cada a rato a la Primera Potencia del Mundo, además, se hacía amigo de los enemigos de Estados Unidos, en un abierto desafío y total oposición al Imperio Gringo.
Estás casi tres décadas y lo que viene de este Siglo XXI, se verán diferentes manifestaciones de gente ascendiendo al poder, sin escrúpulos,
decoros, y menos recatos éticos de ninguna naturaleza. Sin duda, que aunque pongan mil instituciones de “política limpia”, los límites serán rebasados. Los excesos que se cometen, los abusos y escándalos que provocan los que ostentan el poder, dejan estelas de dolor, miseria, postergación y un cada vez atraso en educación, salud, trabajo, vivienda, infraestructura vial y tecnológica. El poder y la política deben servir para hacer posible las cosas que las mayorías necesitan.
El poder debe ser el ejercicio natural de los gobernantes, cumplimiento de procesos, satisfacción y resolución de problemas que afectan a toda la población en desarrollo. El poder y la política, no es para que, los que lo ostentan por decisión popular se fascinen, endiosen, enaltezcan y se enriquezcan ilícitamente descaradamente favoreciendo amigos, compadres, activistas y lo peor de todo, las terribles endogamias y nepotismos, de los cuales nos causaban asombro otrora, más hoy, se volvió una práctica común. Así que, no nos fascinemos con el poder, contrarió sensu, sea este, para saber usarlo correctamente, que sea para prestigiar la institución, organización, empresa, corporación, o el país que se gobierne.
A los líderes de presente se les llama a hacer las cosas bien, de lo contrario, ahora la gente, a alcanzado mucha madurez y sabe distinguir y valorar los tiempos buenos, regulares y malos. Recordarles que el fin teleológico de El Estado es la persona humana, es esa persona ya sea del campo o de la ciudad, aldea, caserío o municipio, la veedora social, y que debe ser la depositaria de cada uno de los beneficios que por dignidad le corresponden, independientemente del color político, grupo étnico, posición social, grado de escolaridad o edad.








