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La campaña electoral en las redes fecales

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CISI

Desde que Jesús de Nazaret se subiera a un promontorio para que le viera y oyese la muchedumbre mientras les hablaba de las bienaventuranzas, hecho conocido como el “Sermón de la Montaña”, hasta las últimas concentraciones en polideportivos para escuchar a los candidatos en campaña electoral, han pasado dos mil años sin cambios sustanciales. Si el “Hijo” del carpintero, considerado en su tiempo como un líder religioso y político, hizo su entrada en Jerusalén entre aclamaciones, agitar de palmas y ramas de olivo, para terminar crucificado, el candidato acude al mitin entre aplausos, consignas partidarias y flamear de banderas, subiendo al escenario a discursear para terminar glorificado. Pero en la próxima campaña estas parafernalias probablemente el Covid-19 las convertirá en quimeras.

El candidato opositor siempre mantiene un monocorde discurso populista: “El gobierno lo ha hecho todo mal, votad por mí, entregadme el poder, y yo os prometo… blablabla”. Ignorancia y pobreza son terreno abonado para la manipulación. “Lo que firmo ahora como candidato no tiene ningún valor cuando sea presidente”,confesaba sin pudor el locutor salvador de Honduras durante la pasada campaña como candidato del socialismo chavista. Desde hace dos mil años los que estamos al pie de la montaña escuchando a Jesús, y frente al escenario pendiente del político, buscamos lo mismo, esperanza. 

De faltar las concentraciones partidarias los candidatos aumentaran su presencia en los medios. Las redes sociales se han convertido en redes fecales. Como ejemplo observemos las similitudes entre las últimas elecciones de Brasil, El Salvador y Estados Unidos. Jair Bolsonaro apostó por WhatsApp, aplicación que utiliza más de 120M de brasileños. Grupos de “wasaperos” especializados por temáticas subieron a la red una media de mil mensajes al dia. “Fuentes fiables” era la coletilla para difundir noticias falsas, así como información perniciosa contra su adversario Fernando Haddadquien asqueado e indignado dijo: “se me quitan hasta las ganas de votarme a mí mismo”. 

Nayib Bukele tiene debilidad por Twitter que utiliza incluso para despedir funcionarios.  Sus adversarios le denunciaron por utilizar “cuentas robot” para desinformar a la opinión publica. Siendo ya presidente fue invitado a discursear ante la Asamblea de las Naciones Unidas, al comienzo se tomó una selfi. “Estar aquí ante ustedes es un honor que he querido compartir con el mundo. El nuevo mundo ya no está en esta Asamblea General, sino en el lugar a donde irá esta foto. Una red de miles de millones de persona conectadas todo el tiempo. Aunque no lo queramos aceptar la red se vuelve cada dia más el mundo real, y este formato de Asamblea se vuelve cada vez más obsoleto”. Estas patologías arrogantes, narcisistas, mesiánicas, la padecen conocidos líderes políticos de la oposición hondureña. 

Donald Trump, cuyo comportamiento recuerda al “elefante en la cacharrería”, con su equipo de campaña, contrataron a la empresa Cambridge Analytic que les proporcionó información sobre unos 87M de usuarios de Facebook. Material con el que diseñaron perfiles diferenciados por afinidades y convergencias. Los usuarios estuvieron recibiendo -sin saberlo- información “personalizada”, induciéndoles por su proyecto político. Trump también utiliza Twitter para comunicar sus mensajes de posverdad, lo que dice “se siente verdadero” aunque no esté verificado. La posverdad distorsiona la realidad, se manipulan las emociones para influir en la opinión publica.

Tres presidentes gracias a las redes, para quienes la idea de “comunicación” y “realidad” recuerda la del ministro de Propaganda de Adolf Hitler, Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, (sin Internet). Convergencia con Bukele: “Una red de miles de millones de personas conectados…es el mundo real”. Confluencia con Trump: “Lo que importa de lo que se dice es el impacto social que produce”. Integremos: «La información difundida aunque sea falsa, manipulada, o solo verosímil, provoca emociones y sentimientos auténticos, que generan una nueva realidad donde se toman decisiones y acciones concretas», repitiéndose el ciclo. 

Terminamos viviendo en la hiperrealidad, en un simulacro, como dice el filósofo Jean Baudrillard. Cuando para entender el suceso no somos capaces de separar la información del sentimiento que provoca nos situamos en una realidad paralela, en Matrix. No vemos las cosas como son sino como somos nosotros. ¿Dónde dejamos el pensamiento crítico? En el horizonte la campaña electoral más sucia posible.

Las redes no están para informar lo que sucede, sino para formar la opinión pública”.  -Noam Chomsky-

 

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