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La bolsa agricola

Jose S. Azcona Bocock

Los productos agrícolas nunca tienen precio fijo. Existen tantos factores que inciden en el costo de la producción, la demanda, la variabilidad de producción en otros países, que hacen que los precios tengan una mayor flexibilidad que en otros rubros. Esto hace bastante difícil hacer una planificación financiera acertada para una empresa agrícola.

Es por esto que hay tantas quiebras en el sector agrario. Aunque no podemos evitar completamente el factor de riesgo, si existen sistemas de seguros (que por ley ya se deberían de estar implementando) para garantizar quien invierta en la producción no vaya a perder su inversión por culpa de clima u otro factor natural o por un descalabro de precios.

Pero hay otro factor que contribuye casi en igual medida que el financiero y de seguros para evitar que nuestra producción agrícola sea adecuadamente remunerada, y este es el de irregular acceso a los mercados, donde los especuladores y los estafadores están presentes en cada etapa del proceso y fácilmente quedan impunes después de actuar.

Es por esto que requerimos de una bolsa agrícola. Una bolsa da un parámetro de precios fijados por las condiciones reales de mercado en el presente y a futuro, que es lo más importante en la planificación de la producción. No se tiene que contar con una proyección que puede ser errónea, sino que se puede colocar en venta producción futura sin el alto porcentaje de descuento que cobran los coyotes u otros agentes dedicados a financiar el proceso.

Los precios son fijados por el mercado, pero el hecho de que quede un registro de las transacciones (por ejemplo al vender una cosecha con meses de anticipación) es que se hace mas difícil incumplir con las obligaciones. Estas abarcan tanto al comprador que esta obligado mas que por un contrato privado por una obligación que lo puede expulsar y sacar del mercado sino cumple, como para el productor que al fallar en sus entregas también tiene una penalidad que va mas allá de no recibir su ingreso.

El Estado de Honduras tiene un ente encargado de controlar la comercialización de los granos básicos, que es el Instituto Hondureño de Mercadeo Agrícola (IHMA). Esta institución se dedica a comprar granos a precios fijados unilateralmente (aunque considerando las variaciones del mercado y se dedica a suplir el mercado nacional y mantener una reserva estratégica).

La función de mantener la reserva estratégica y la supervisión no deben de cesar. Es más, al decrecer las funciones de fijar precios unilateralmente y permitir más la participación del mercado, ayudar a crear medios de intercambio para productos que van mas allá de los granos básicos, y servir de registro para las transacciones de productos agrícolas la institución resultante estaría adquiriendo más funciones. Sin embargo, estas funciones serían más eficientemente desempeñadas ya sería el mercado quien fijaría los precios y se eliminaría la distorsión entre las ventas informales por medio de coyotes u otros intermediarios que dejan sin respaldo al productor.

Va a existir siempre un interés nacional de conservar una producción de granos básicos. Independientemente de lo que digan las doctrinas del libre mercado siempre tenemos un deber de proteger a nuestros productores contra los granos importados por medios arancelarios. Sin embargo, debemos de hacer que una mayor proporción de esta producción entre la economía formal para reducirle los riesgos a los productores y los márgenes de utilidad de quienes especulativamente financian esta producción y que a la larga son sus mayores beneficiarios.

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