Tegucigalpa – (Proceso Digital /Alejandro García) – La Biblioteca Nacional “Juan Ramón Molina” permanece en el corazón del centro histórico de Tegucigalpa como uno de los espacios culturales más antiguos y significativos del país. Entre sus paredes se conserva buena parte de la memoria escrita de Honduras y una ventana hacia la literatura universal, con más de 40 mil volúmenes que abarcan siglos de pensamiento, creación y registro histórico.
Un patrimonio que resiste el tiempo

Ubicada en la avenida Miguel de Cervantes, a dos cuadras del parque Central, la Biblioteca Nacional es un refugio para investigadores, estudiantes y lectores que buscan comprender el pasado y el presente del país. Su misión —recopilar, conservar y difundir la producción literaria y documental hondureña y extranjera— se mantiene vigente desde su fundación en 1880, durante la reforma liberal impulsada por el presidente Marco Aurelio Soto y su secretario Ramón Rosa.
Desde sus inicios, la institución reunió fondos bibliográficos provenientes de la Universidad Nacional, donaciones particulares y colecciones oficiales. Entre las primeras aportaciones destacaron los 309 volúmenes donados por el propio presidente Soto, así como obras entregadas por intelectuales como Enrique Gutiérrez, Francisco Bardales y Miguel Ugarte.
A lo largo del siglo XX, la Biblioteca se consolidó como un pilar cultural pese a limitaciones presupuestarias, cambios de sede y periodos de abandono. El edificio que ocupa actualmente, la antigua Tipografía Nacional, es un inmueble histórico que también funcionó como Real Caja de Rescates, sede del Congreso Nacional y cuartel militar.



En 2009 adoptó oficialmente el nombre del poeta Juan Ramón Molina, figura clave del modernismo centroamericano, reforzando su identidad como casa de la palabra escrita.
Colecciones que cuentan la historia del país
El edificio alberga cuatro colecciones principales, cada una con su propia sala:
• Colección hondureña “Clementina Suárez” — Reúne todo el material publicado en Honduras, así como obras de autores nacionales editadas en el extranjero. Es un archivo esencial para estudiar la identidad literaria y social del país.
• Colección extranjera “José Martí” — Contiene más de 21,500 obras, de las cuales casi 20 mil son títulos literarios. Ofrece una mirada amplia a diversas disciplinas del conocimiento humano.



• Colección infantil “Rubén Berríos” — Un espacio diseñado para fomentar la lectura desde la niñez, con libros ilustrados, cuentos y materiales pedagógicos.
• Fondo Antiguo “Antonio R. Vallejo” — Resguarda los libros más antiguos y frágiles. Aquí se trabaja en su preservación y digitalización, convirtiéndolos en audiolibros o materiales audiovisuales para garantizar su acceso a nuevas generaciones.
Además, dentro de la Biblioteca funciona la Agencia Nacional del ISBN, encargada de registrar y otorgar códigos a los libros publicados en el país.
Modernización y acceso digital



Uno de los mayores desafíos de la institución es la conservación de textos antiguos, un proceso costoso y delicado. Para enfrentar esta realidad, la Biblioteca impulsa un proyecto de digitalización que incluye la conversión de obras hondureñas a audiolibros; la publicación de contenidos en plataformas como YouTube y Spotify de la Secretaría de Cultura y la integración de obras al catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, permitiendo acceso libre y gratuito desde cualquier parte del mundo.
También existe un acuerdo con la Cinemateca “Enrique Ponce Garay” de la UNAH para digitalizar materiales audiovisuales antiguos, como grabaciones en VHS, casetes y disquetes.
Un espacio vivo para la comunidad
La Biblioteca Nacional recibe visitas de escuelas, colegios y familias que buscan acercar a niños y jóvenes al mundo de la lectura. Estudiantes de secundaria acuden para realizar consultas, mientras que el edificio también sirve como sede de exposiciones y proyecciones de cine hondureño.



Durante años, la fachada sufrió deterioro y grafitis debido a la inseguridad y la falta de atención estatal. Hoy, con la llegada de nuevas autoridades al gobierno central y a la Alcaldía de la capital del país, resurge la esperanza de su fortalecimiento.
Se prevé que el proceso de restauración, como parte de los proyectos de rescate cultural impulsados por la Secretaría de las Culturas, Artes y Patrimonio de los Pueblos y la alcaldía capitalina, vengan a fortalecerla, mientras que ya la han incluido en la ruta de cultura, historia y turismo de Tegucigalpa, dijo el alcalde de la ciudad Juan Diego Zelaya, quien tiene entre sus planes, el rescate del abandonado centro histórico de la capital hondureña.
Un legado que sigue creciendo



Con 146 años de existencia, la Biblioteca Nacional continúa siendo un espacio de encuentro, aprendizaje y memoria. Su historia —marcada por mudanzas, reformas y renovaciones— refleja el esfuerzo persistente de Honduras por resguardar su patrimonio intelectual y abrir caminos hacia el conocimiento. (PD/ag)









