Hortiterapia: la jardinería como tratamiento clínico

Chasty Fernández

Nuestro cerebro está constantemente haciendo malabarismos con el trabajo, la familia, el clima, el tráfico, los horarios, las pantallas, la violencia y los altos costos que vivimos a diario. En un país como Honduras, donde el calor parece más intenso cada año y donde muchas y muchos vivimos en tensión constante, la jardinería se ha convertido en mucho más que un pasatiempo: la ciencia la considera una herramienta terapéutica.

Siempre encuentro una sensación de liberación cuando arreglo el jardín. Y aunque la idea de cultivar nuestro interior como si fuera una planta viene desde la antigüedad, es apenas en las últimas décadas cuando la neurociencia comenzó a estudiar qué ocurre en el cerebro al sembrar, podar o tocar la tierra.

La hortiterapia —o terapia verde— utiliza la jardinería como herramienta terapéutica. Estudios muestran que reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y ayuda al cerebro a recuperarse del agotamiento provocado por el ruido, las pantallas y la tensión de la vida urbana.

La evidencia clínica también ha encontrado beneficios en personas con ansiedad, depresión, estrés postraumático y deterioro cognitivo. En adultos mayores, la jardinería regular se relaciona con menor riesgo de desarrollar demencia gracias a la combinación de actividad física, estimulación mental y contacto con la naturaleza.

Incluso las plantas de interior tienen efectos positivos. Desde los años ochenta, la NASA estudia las plantas como purificadores naturales de aire.También sugieren que las plantas aromáticas y las de abundante follaje verde generan mayores beneficios sobre el sistema nervioso.

La lavanda ayuda a disminuir la ansiedad y la tensión corporal; el romero favorece la memoria y la concentración; y el jazmín contribuye a mejorar el descanso y la relajación. Otras plantas como el potus, la monstera y el filodendro, además de ser fáciles de cuidar en climas cálidos como el de Honduras, aportan una sensación visual de frescura y calma ideal para dormitorios, oficinas o espacios de estudio.

La jardinería consciente potencia aún más sus beneficios. Dedicar entre 20 y 30 minutos a regar, podar o simplemente observar las plantas con atención plena ayuda a disminuir el estrés y genera una profunda sensación de calma. Entre el movimiento, el contacto con la tierra y la contemplación silenciosa, el cerebro encuentra una forma natural de descanso emocional.

Conclusión

En un mundo saturado de violencia, pantallas y estrés constante, la jardinería se vuelve un pequeño refugio para la mente. La ciencia muestra que el contacto con las plantas ayuda a reducir el estrés, mejorar el ánimo y recuperar la calma mental.

No hace falta mucho espacio: una maceta o unos minutos al día pueden ser suficientes para reconectar con lo esencial. La ciencia ya mostró el camino. Ahora queda algo más simple —y más difícil a la vez—: hacerlo parte de la vida cotidiana.

¿Y si lo que necesitamos hoy no es desconectarnos del mundo… sino volver, por unos minutos, a algo vivo?

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