Honduras, pieza clave en la estrategia de Washington contra China

Tegucigalpa / Washington (Especial Proceso Digital) – Estados Unidos ha entrado en una fase de urgencia para frenar la expansión de China y Rusia en Latinoamérica y el Caribe —el hemisferio occidental— y, en ese contexto, el presidente estadounidense Donald Trump convocó a seis mandatarios de la región a una cumbre en Miami el próximo 7 de marzo. La Casa Blanca busca aliados que respalden su estrategia para contener a Pekín en la disputa central del siglo XXI: quién dominará el orden global.

Honduras figura entre los países invitados a este encuentro, considerado la primera cumbre latinoamericana del segundo mandato de Trump. Su presencia no es casual: Washington espera que Tegucigalpa juegue un rol en la renovada política exterior estadounidense.

La nueva confrontación del siglo XXI

Así como el siglo XX estuvo marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética —una disputa que terminó con el colapso soviético—, el siglo XXI se perfila como el escenario de la pugna entre Washington y una China en ascenso. Para Estados Unidos, contener a Pekín es esencial para preservar su condición de potencia global.

La estrategia no es nueva. Retoma la doctrina de “contención” diseñada por George Kennan durante la Guerra Fría. Desde su retorno a la Casa Blanca, Trump ha profundizado ese enfoque: impuso aranceles, desató una guerra tecnológica y bloqueó el acceso chino a chips de alta gama, entre otras medidas.

Mientras tanto, China aprovechó décadas de desatención estadounidense hacia Latinoamérica —lo que los académicos llaman “negligencia benigna”— para expandir su presencia mediante comercio, inversiones y financiamiento. Rusia, tras recuperarse del colapso soviético, también ha buscado recuperar influencia en la región.

Encuentro entre Nasry Juan Asfura y Donald Trump en Mar-a-Lago, donde estrechan lazos y proyectan una visión de futuro compartida para Honduras y Estados Unidos.

Washington quiere recuperar el terreno perdido

La administración Trump busca revertir esas tres décadas de distanciamiento y reafirmar su hegemonía en el continente. El mensaje es claro: América debe alinearse con los valores de democracia y libre mercado, y mantenerse lejos de China, Rusia e Irán, definidos como el nuevo eje adversario de Washington.

Este giro se articula bajo lo que algunos asesores llaman el “corolario Donroe”, una actualización de la Doctrina Monroe de 1823, que proclamaba que ninguna potencia extra hemisférica debía intervenir en América.

En ese marco se inscribe la cumbre del 7 de marzo, a la que asistirán los presidentes de Honduras, Argentina, Bolivia, El Salvador, Paraguay y Ecuador, todos con gobiernos de corte conservador y cercanos a la visión geopolítica de Trump.

Funcionarios estadounidenses han adelantado que el objetivo es construir un frente común contra la creciente influencia china, que avanza mediante inversiones, préstamos y la compra de materias primas estratégicas.

El presidente hondureño Nasry Asfura, quien ya se reunió con Trump en Mar-a-Lago a inicios de febrero, volverá a encontrarse con él, un gesto poco habitual para un país centroamericano.

El dilema Honduras–China–Taiwán

En este tablero geopolítico, Honduras enfrenta un tema delicado: la relación con Taiwán. La administración Asfura heredó la decisión del gobierno anterior, que rompió con Taipéi para establecer vínculos con Pekín.

Durante la campaña, Asfura prometió revertir esa decisión y restablecer relaciones con Taiwán. Sin embargo, ya en el poder, su gobierno ha optado por avanzar “paulatinamente”, según la designada presidencial María Antonieta Mejía. La promesa sigue sobre la mesa, pero sin plazos definidos. Además, hay una franja oscura ya que el gobierno hondureño anterior de Xiomara Castro firmó al menos 16 convenios con China, cuyo contenido es “secreto”.

Para Washington, asegurar que Honduras no profundice su vínculo con China, es parte de una estrategia mayor para evitar que Pekín consolide una presencia dominante en Centroamérica.

El músculo militar de Estados Unidos entra en escena

Paralelamente, Washington activó otra de sus herramientas clave: el Pentágono. Esta semana reunió a los jefes militares del continente en un encuentro encabezado por el general estadounidense John Caine. La prioridad: seguridad hemisférica, combate al crimen organizado y contención de actores externos como China y Rusia.

Honduras estuvo representadapor el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Benjamín Valerio.

Latinoamérica, el tesoro codiciado: alimentos, minerales y agua

Desde el siglo XIX, bajo la Doctrina Monroe, Estados Unidos ha considerado a Latinoamérica como su zona de influencia. Pero mientras Washington miraba hacia Medio Oriente, China avanzó silenciosamente: primero con comercio, luego con inversiones y finalmente con financiamiento para infraestructura.

El Comando Sur encendió las alarmas. La entonces jefa del Comando Sur, general Laura Richardson, detalló que China obtiene de la región 36 % de sus alimentos, 75 % del litio, esencial para autos eléctricos, y una porción significativa de minerales críticos.

Recordó además que Latinoamérica concentra las mayores reservas de petróleo del mundo (Venezuela, Guyana, Argentina, Brasil), 60 % del litio global, más del 30 % del agua dulce del planeta y es el mayor productor mundial de soya.

Rusia, por su parte, ha fortalecido su influencia mediática: más de 30 millones de latinoamericanos consumen contenidos de Russia Today y Sputnik. (PD).

¿Por qué Honduras entra al juego mayor?

Honduras ha mostrado disposición a reconsiderar su alineamiento con China, algo inusual en un contexto donde Pekín ha logrado avances diplomáticos sostenidos en Centroamérica.

Tras reconocer a la República Popular China en 2023, Honduras reabrió el debate sobre su relación con Pekín valorando las desventajas en las políticas económicas internas y su fuerte dependencia estructural de Estados Unidos en comercio, migración (al menos dos millones de hondureños en EE. UU.) y estabilidad política.

Para Washington, este matiz importa. China ha multiplicado por diez su comercio con Latinoamérica en dos décadas. Son 22 de 26 países elegibles que ya se han sumado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Todo en momentos en que Estados Unidos busca frenar la expansión china en su “vecindario estratégico”. Análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), reputado think tank estadounidense, bipartidista y especializado en política exterior, seguridad nacional y análisis estratégico, advierten que la región se ha convertido en un eje central de la estrategia global de Pekín, con megaproyectos como el puerto de Chancay en Perú, que refuerzan la presencia económica y potencialmente militar china en el continente.

En ese contexto, Honduras representa para Washington una oportunidad geopolítica: un país que podría revertir su giro hacia China y enviar una señal regional de que la influencia estadounidense sigue siendo determinante.

La promesa de campaña del presidente Nasry Asfura de restablecer relaciones con Taiwán —y el hecho de que el debate siga vivo tras su elección— refuerza la percepción de que Honduras es un terreno disputado donde Estados Unidos aún puede recuperar espacio diplomático

Además, Honduras ocupa un punto sensible en la arquitectura de seguridad hemisférica. Su cooperación histórica con Estados Unidos en temas migratorios, militares y de lucha contra el crimen organizado convierte al país en un socio cuya alineación tiene efectos más allá de lo económico como quedó plasmado en la reunión uno a uno sostenida entre Trump y Asfura en La Florida.

Para Washington, asegurar que Honduras no profundice su vínculo con China, es parte de una estrategia mayor para evitar que Pekín consolide una presencia dominante en Centroamérica, una región clave por su cercanía territorial, sus rutas marítimas y su peso político en organismos internacionales. (PD)

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