Tegucigalpa (Especial Proceso Digital) – La escalada del conflicto en Medio Oriente y la confirmación del presidente estadounidense Donald Trump de que las operaciones militares continuarán al menos tres semanas más han disparado las alertas en todo el mundo. Con el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20 % del petróleo global— bajo amenaza, los precios internacionales del crudo se han disparado y los gobiernos se apresuran a activar planes de emergencia. En Honduras, sin embargo, aún no se conocen medidas integrales para enfrentar el impacto económico de esta crisis.
El precio del West Texas Intermediate (WTI), referencia clave para Honduras, subió a 114 dólares por barril, mientras el Brent europeo cerró la Semana Santa en 109 dólares. El incremento golpea directamente a países dependientes de la importación de combustibles, como Honduras, donde cualquier variación internacional se traslada casi de inmediato al costo de vida.
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El mundo activa planes de emergencia
Filipinas fue el primer país en declarar una emergencia energética nacional. Su gobierno redujo la semana laboral a cuatro días, ordenó recortes del 20 % en el consumo de energía en instituciones públicas y aplicó subsidios para evitar que el precio real llegue a los consumidores. La medida busca contener la inflación y proteger a los sectores más vulnerables.
En Asia, Tailandia y Vietnam impulsaron el teletrabajo para reducir la movilidad, mientras Sri Lanka decretó asueto los miércoles en instituciones estatales. India prioriza el suministro de gas para hogares y transporte, y China decidió suspender las exportaciones de combustibles refinados para preservar sus reservas estratégicas, las mayores del mundo. También, Italia prolongó hasta el 1 de mayo la reducción del precio de la gasolina.

Centroamérica también se mueve
En la región, varios gobiernos han comenzado a diseñar respuestas. Guatemala prepara un plan de 10 puntos que incluye vigilancia de precios, eliminación temporal de impuestos a los combustibles, subsidios y un fondo de contingencia de 1,500 millones de quetzales. En República Dominicana, el presidente Luis Abinader sostiene reuniones con sectores productivos para definir medidas que estabilizan precios de alimentos y servicios.
Panamá destinó 100 millones de dólares para un fondo que estabilice tarifas del transporte público y active sectores productivos durante los próximos 10 meses, además de ordenar la racionalización del gasto estatal. Nicaragua mantiene congelados los precios de gasolinas, diésel y gas LPG desde 2022. Costa Rica y El Salvador continúan con subsidios, pero sin planes adicionales. En Chile, el gobierno aprobó un subsidio de 225 millones de dólares para apoyar a 7.5 millones de familias afectadas por el alza. México subsidia el 81,2 % de los impuestos al diésel para mitigar el impacto de la guerra. En tanto, en Colombia, Petro planteó medidas para mitigar efectos de la guerra, entre esas: la «autorregulación» en el consumo de combustibles como primer paso para «pasarse cuanto antes a energía eléctrica y energía autogenerada limpia».
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Honduras: subsidios, pero sin estrategia definida
En Honduras, el gobierno del presidente Nasry Asfura anunció que absorberá el 50 % del incremento en gasolina regular y diésel. También se han ofrecido descuentos en productos básicos a través de Banasupro.
Otra medida en el plan del gobierno hondureño se encuentra continuar con el teletrabajo, retomar las clases presenciales del 6 al 10 de abril y luego regresar a clases virtuales, así como tomar otras acciones que optimicen la movilidad.
Sin embargo, más allá de estas medidas puntuales, no se ha presentado un plan integral para enfrentar la crisis energética ni sus efectos en la economía.
El Ejecutivo adelantó que el presupuesto 2026 será enviado al Congreso tras el feriado de Semana Santa, pero no ha detallado acciones específicas para mitigar el impacto del alza en combustibles, fertilizantes y otros insumos clave. Tampoco se han anunciado medidas de ahorro energético, incentivos al transporte público o estrategias para proteger a sectores productivos.
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Qué funciona y qué está en juego
El alza del petróleo encarece el transporte, los alimentos, la energía y toda la cadena productiva. En países vulnerables, como Honduras, el impacto es mayor debido a la dependencia total de los hidrocarburos importados. “La economía nacional no es la causa de esta crisis, pero sí recibe el impacto directo”, recordó el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA).
A nivel global, las medidas más efectivas han sido los subsidios focalizados, el teletrabajo, la reducción de jornadas, los fondos de contingencia y la protección de reservas estratégicas. Pero varios gobiernos advierten que estas acciones deben ser responsables. “No se puede comprar popularidad con dinero que no se tiene”, dijo el presidente chileno José Antonio Kast al referirse a la necesidad de mantener la estabilidad fiscal.

Una crisis que revela una vulnerabilidad estructural
Expertos coinciden en que la dependencia del petróleo expone a los países a crisis recurrentes. Por ello, organismos internacionales recomiendan acelerar la transición energética, diversificar fuentes de abastecimiento, fortalecer la transparencia en la estructura de precios y promover políticas de eficiencia y ahorro.
Mientras el conflicto en Medio Oriente continúa y los precios se mantienen altos, Honduras enfrenta el desafío de definir una estrategia clara. La experiencia internacional muestra que actuar a tiempo puede amortiguar el impacto económico y social. La ausencia de un plan integral, en cambio, deja al país más expuesto a una crisis que ya golpea a millones de hogares. (PD)









