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Expediente clínico personal

Daniel Meza Palma, Exsecretario de Planificación, agosto 1984-enero1986

Después de la pandemia de la Gripe Española, transcurrieron 100 años para que la humanidad se enfrentara a la pandemia de COVID19 con repercusiones sanitarias devastadoras por los encierros, limitada locomoción de personas en todos los modos de transporte y efectos económicos adversos que aún no logran superarse tanto por las secuelas dejadas en contagiados como por las variantes y subvariantes que amenazan no dejar en paz a la humanidad.

El lapso transcurrido entre la aparición del virus, sus mecanismos de trasmisión y la dificultad de un diagnóstico y tratamiento apropiado, impuso una presión inusitada sobre los sistemas sanitarios a nivel planetario fundamentalmente para contar con una vacuna desarrollada al margen de protocolos y plazos, que permitiera combatir el impacto desastroso en la salud, la vida de las personas y la actividad económica.

La precariedad de los sistemas de salud principalmente en los países de menores ingresos; la escasez de equipos para contrarrestar y tratar los síntomas relevantes; la escasez de vacunas una vez disponibles y su pésima distribución, incrementaron el estrés general con serias consecuencias en aquellos que evitaron o escaparon al contagio.

Las bajas ocurridas en el personal sanitario de primera línea; la aplicación del ´código de guerra´ y la insuficiente experiencia en la aplicación de la telemedicina, aumentaron los episodios de ansiedad en pacientes con dolencias preexistentes.

Las consecuencias de COVID19 a nivel individual, familiar, de comunidades, países y la eventualidad de recurrencia de pandemias similares en el futuro cercano, obligan a fortalecer una mayor conciencia de parte de la población para prevenir y enfrentar embestidas a la salud personal y colectiva. COVID19 ha demostrado que el tema de salud debe complementarse hoy con conocimientos y acciones proactivas de la población. 

En países con sistemas unificados de salud existen expedientes clínicos electrónicos disponibles en computadoras o en la nube. Pero, en contextos como el hondureño donde la atención sanitaria está segmentada en diversas entidades públicas y la práctica privada, exige que los ciudadanos consideren construir sus expedientes clínicos personales, para facilitar la información más completa posible cuando se trata de acudir a consultas ambulatorias o a establecimientos en donde el médico requiere de información previa para evitar males mayores que pueden convertirse en eventos fatales.

La aplicación de suero glucosado a un paciente diabético o la alergia a un determinado componente de un producto anestésico, pueden provocar la muerte, y la normativa referida a los expedientes clínicos solo exige mantener vivo el expediente por un plazo de 5 años.

Los obstáculos para acceder a la información del paciente y su familia, así como a las vacunas que le han aplicado, tratamientos médicos, resultados de laboratorio, estudios radiológicos, procedimientos, operaciones quirúrgicas, tratamientos dentales, etc. debe abarcar de ser posible la existencia del paciente. Y esa tarea nadie más que el interesado y su familia está llamada a construirla, mantenerla y cuidarla, así como se conservan los documentos patrimoniales. El expediente clínico personal requiere dedicación, disciplina y tiempo. Sin embargo, su utilidad durante la existencia del paciente facilitará su vida y hará más eficaz y segura la tarea de aquellos que tengan que tratarlo de forma habitual o por inesperadas emergencias.

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