
La semana recién pasada, el mundo fue testigo de un singular y portentoso encuentro: los líderes de las dos potencias mundiales se encontraron, esta vez en Beijín, la capital china.
La cumbre de tres días de duración sirvió de marco para una negociación que dejó a las claras el carácter e intenciones de sus protagonistas. Por un lado, el premier chino mostró la seriedad y estricta observancia protocolar que la milenaria cultura china impone en actos como este, en contraste con la actitud histriónica, digna de un conductor de televisión más que de un estadista, del presidente norteamericano.
Sin duda, el presidente Shi sorprendió a su homólogo, cuando en su discurso hizo alusión a un concepto bastante difundido en los círculos académicos, pero seguramente desconocido para el mandatario americano: El premier chino no vaciló en advertir que “ojalá y los Estados Unidos no vaya a caer en La Trampa de Tucídides”.
Tucídides fue un famoso historiador griego que dedicó buena parte de su vida a describir y analizar las guerras del Peloponeso, la célebre conflagración del mundo antiguo que tuvo por protagonistas a Esparta y Atenas.
La mencionada Trampa de Tucídides consiste en que, cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a la potencia hegemónica dominante, esta última se ve tentada a provocar una tendencia letal a la guerra. Esto fue precisamente lo que sucedió en la antigua Grecia: Esparta, la potencia hegemónica de entonces, comenzó a ver con recelo el florecimiento de Atenas, lo que provocó que los espartanos atacaran a sus vecinos, provocando una matanza que al final solo causó destrucción y oprobio en la región.
El concepto “Trampa de Tucídides” fue introducido por el profesor americano de Harvard Graham Allison, para estudiar situaciones posteriores pero similares al Peloponeso. El politólogo estudió 16 casos en los últimos 500 años, en los que una potencia dominante se vio amenazada por una emergente, lo cual le conminó a iniciar una guerra.
Desde la emergencia de España unificada en el siglo XV que amenazó la hegemonía portuguesa en el Atlántico, pasando por el increíble repunte de la Francia napoleónica, hasta las dos grandes guerras mundiales del siglo XX, el análisis es claro y la amenaza actual evidente: el crecimiento chino preocupa a los americanos y esto hace indispensable que ambas se pongan de acuerdo para evitar una confrontación que en nada beneficiaría al mundo.
Sin embargo, los resultados previstos por Allison no son halagadores: 12 de estas 16 ocasiones terminaron en confrontación bélica. Por esta razón, el profesor de Harvard llamó a su libro: “Destinados para la guerra”.
Pero no conviene disparar las alarmas: la Cumbre de Beijín puede ser un primer gran paso hacia el estado de distensión mundial que tanto necesita la humanidad para seguir prosperando. El discurso del presidente Shi no pudo ser más oportuno: “Somos los dos países más prósperos del planeta; conviene entonces que trabajemos unidos en pro del bienestar de todos en vez de confortarnos”.
En el caso del premier asiático, las acciones hablan más que las palabras: China ha sido, en efecto, una potencia expansionista, ¡cómo negarlo!, sin embargo, su proceder no han sido las armas ni la guerra sino el comercio. ¡Ojalá y todas las guerras y confrontaciones tuviesen este cariz! Seguramente la historia mundial sería un relato menos escabroso que el que hemos tenido a lo largo de los siglos. ¡Está bien que haya confrontación, pero de ideas, de intercambio de productos y de mejoras innovadoras!
Shi y Trump han dado al mundo un buen ejemplo de dialogo. Por el bien de todas y todos, deben continuar en esa deriva. ¡Ojalá y pronto se libere el Estrecho de Ormuz! ¡Crucemos los dedos para que Putin entienda que no gana nada manteniendo su estulto modo de pensar respecto a Ucrania! ¡Hagamos votos para que las guerras en el futuro consistan en poner a disposición de las personas, productos baratos, tecnología amigable con el ambiente y razón en vez de fuerza!
Mientras tanto en Honduras, aprendamos más de lo bueno que China, esa potencia milenaria nos puede enseñar, continuemos aprendiendo de los valores humanísticos que los Padres Fundadores de los Estados Unidos transmitieron al mundo y dejemos atrás esta deriva confrontativa que nada bueno nos va a traer.







