
El Trans-450, un proyecto de movilidad urbana de Tegucigalpa, ciudad que actualmente cuenta con más de 1.7 millones de habitantes, fue concebido en su momento como una solución estructural de mediano y largo plazo a los graves problemas de congestionamiento y movilidad de personas que, desde hace al menos tres décadas, aquejan a la capital hondureña.
En sus inicios, el proyecto, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), avanzó en la construcción de las terminales de abordaje y los carriles exclusivos por donde circularían los autobuses articulados que recorrerían un extenso tramo entre el Estadio Nacional, la populosa colonia o Ciudad Kennedy y la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah).
Sin embargo, una cadena de denuncias por presuntos actos de corrupción en la ejecución de la obra, sumada al desinterés y la falta de voluntad política de las dos administraciones municipales siguientes, encabezadas por el ahora presidente Nasry Asfura (2014-2021) y Jorge Aldana (2021-2026), condenaron al Trans-450 al abandono. Lo que debía ser una solución moderna al transporte público terminó convertido en un símbolo del despilfarro, la improvisación y la desidia municipal.
A partir de entonces, la obra entró en un franco y progresivo deterioro: los carriles especiales fueron invadidos por los buses y taxis del transporte urbano, algunos tramos fueron fusionados e integrados irregularmente a las vías existentes, mientras las novedosas terminales de los buses articulados terminaron convirtiéndose en refugio de indigentes y migrantes, en su mayoría venezolanos, e incluso en espacios propicios para la delincuencia.
Todo esto ocurrió sin que ninguna autoridad asumiera la responsabilidad de rescatar un proyecto que costó millones de lempiras a los contribuyentes capitalinos y cuya deuda con el BID continúa pagándose.
Ante este panorama, los capitalinos terminamos resignándonos durante más de una década a dar por perdido el Trans-450, justo cuando la ciudad comenzaba a enfrentar un agravamiento sostenido del tráfico vehicular, producto del crecimiento desordenado del parque automotor y la ausencia de políticas públicas efectivas en materia de movilidad urbana.
En la gestión de Aldana el problema se agudizó debido a que las obras de alivio vehicular como puentes y pasos a desnivel se estancaron y otros no avanzaron por falta de fondos municipales, entre ellos, el interconector de Ciudad Mateo, el paso a desnivel en el bulevar Juan Pablo II, inaugurado al final del año anterior, y el viaducto subterráneo en el bulevar Suyapa, los cuales estuvieron paralizados por meses.
Sin nuevos proyectos de infraestructura vial y obras de alivio vehicular, la ciudad capital ha llegado a su punto más crítico y actualmente enfrenta un colapso y caos vial durante las horas pico, cuando los miles de empleados del sector publico y privado, más lo estudiantes de escuelas, colegios y universidades se desplazan a sus trabajo y centros de estudios en la mañana o retornan a sus hogares en horas de la tarde.
Las largas colas y trancones, especialmente en el Anillo Periférico, la salida al Sur, Valle de Ángeles, el bulevar Fuerzas Armadas, las salidas al oriente y norte del País, son exasperantes e inaguantables para los ciudadanos que cada vez que se encuentran con estas filas descargan toda su ira y enfado en el alcalde de turno.
Por tal motivo, las nuevas autoridades municipales, que encabeza el recién alcalde electo Juan Diego Zelaya, enfrentan, además de los problemas históricos y recurrentes de la ciudad, un monumental desafío para devolverle a la capital el flujo normal en sus calles y la tranquilidad a la ciudadanía, cansada de esperar una solución inmediata al gravisimo trafico vehicular de la ciudad.
En ese contexto, la reactivación del Trans-450 en un plazo de 27 meses anunciada por el nuevo alcalde, si bien no viene a resolver en su integralidad el agudo problema del tránsito vehicular, puede convertirse en parte de las alternativas para comenzar a buscarle una solución a la problemática vial, ya que permitirá que muchos ciudadanos opten por dejar sus vehículos en sus casas y comiencen a utilizar un transporte público asequible y seguro.
Por supuesto, el problema del caos vial se resuelve también con otras medidas de corto, mediano y largo plazo que pasan por el reordenamiento de las rutas del transporte público, la construcción de nuevos puentes y pasos a desnivel, un programa de circulación de vehículos particulares en ciertos días de la semana y la adaptación de los horarios de entrada y salida de los empleados públicos.
En función de eso, la decisión de Juan Diego Zelaya de rescatar el Trans-450 tras más de una década de abandono debe entenderse como una oportunidad histórica para corregir errores del pasado y recuperar la confianza ciudadana en la gestión pública municipal.
Pero también es una prueba de fuego: la población de Tegucigalpa ya no tolera promesas huecas ni proyectos inconclusos. El Trans-450 puede renacer como parte de la solución al caos vial o quedar, una vez más, sepultado bajo el peso de la improvisación y la falta de liderazgo. La diferencia esta vez no la marcarán los anuncios, sino la capacidad de cumplirle a una ciudad que lleva demasiado tiempo esperando soluciones.





