El Poder: Una Imbecilidad Transitoria

Dr. Ignacio Alonzo

El poder enferma, enajena y estupidece, cuando no se ejerce con cordura, sapiencia y prudencia. Mundialmente, podemos ver que el ejercicio del poder, pasa por dar a conocer esa hegemonía que no sirve y sirve muchas veces para demostrar y medir fuerzas. El control que se ejerce desde lo militar, territorial, económico y hasta cultural, se evidencia con la imposición. No siempre, se utilizó la tolerancia o la capacidad de dominar mediante las pericias diplomáticas o alguna forma más civilizada de dominación.

Tanto persas, romanos y mongoles, conquistaron y dominaron sendos territorios en donde ejercían sus maneras exclusivas de avasallamientos, explotación, cobro e imposición de tributos, los cuales debían ser pagados si o si, ya que las estructuras y formas de gobierno de estos imperios, se evidenciaban por la fuerza, intimidación y control de los territorios administrados, autoridades impuestas y órganos de absoluta supervisión, provincial, regional y mundial. Al final sus malas prácticas, hicieron que se derrumbaran y terminaran en tragedia y desgracia manifiesta.

El problema del poder es imbecilidad transitoria, porque no dura para siempre, es perentorio, pasajero y efímero. El poder solo sirve para lograr beneficios para la población a la cual se debe el servidor público, cuando se usa perfectamente. Cuando el poder es manoseado y en forma descarada y egoísta se usa para el beneficio personal o para un determinado grupo, en ese mismo momento se degenera, sesga, y se vicia cualquier acción que el servidor público ejerza. En otras palabras, cabe decir, que a la gente se le olvida, que su nombramiento o elección en un cargo, debe estar enmarcado en el cumplimento de la constitución y las leyes del país, tal como repite el funcionario al momento de ser juramentado. La imbecilidad, se convierte en prepotencia, altivez y soberbia desmedida, que lacera, daña y trunca el derecho y el desarrollo de los sectores afectados por la aplicación de leyes pobres y hermenéuticamente mal interpretadas.

Hoy la hegemonía de los que tienen el poder, se evidencia por la influencia geopolítica y económica que se ejerce sin preguntar ni negociar, pues el que tiene el dinero, paga los mariachis y pide la música que le gusta. Además, es importante remarcar, que vivimos días en que pareciera que la moral, el derecho y la justicia están en la etapa final, viviendo en el ocaso, en abierta y plena laxitud y decadencia. Lo transitorio del poder, nos habla de tan fugaz, rápido e inexorable es. No obstante, siempre notamos una amnesia, astucia, desorden y abusos que comenten los que ostentan el poder, salvo raras excepciones.

La figura del Juicio Político, conocido también como “Impeachment”, se hizo efectiva su aplicación en Inglaterra en el año 1376, y el objetivo era enjuiciar a los consejeros del rey, por la malversación o abuso de poder, y esto, lo hacía el Parlamento. En Honduras, se acaba de aplicar una ley emanada de la Constitución de la República, ejercida por el Congreso Nacional, nos referimos a la figura del “juicio político”, cuya ley tiene 16 artículos, que resalta en su primer Considerando, “mediante Decreto 231-2012, de fecha 23 de enero del 2013 y publicada en el Diario Oficial “La Gaceta” el día 24 de enero del 2013”. Cuyo objetivo es hacerle juicio a los servidores públicos. Ha sido interesante presenciar la interpelación que se le hizo al abogado y notario Johel Antonio Zelaya Álvarez, ex fiscal general de la República de Honduras. Sin duda, que ha sido una buena calistenia mental, jurídica y legal para los nueve miembros, electos por los 93 diputados que votaron a favor de la aplicación del juicio político. Sin embargo, todo es tendente a mejorar, así que, seguramente, se revisará y se tratará de cometer menos errores, ya que, si se mostraron algunos vacíos y yerros, al momento del juicio, hablamos de algunos argumentos utilizados, desde los que preguntaban, así como el que respondía.

Grandes lecciones las que estamos viviendo en Honduras, que sigue después, no lo sabemos, pero la ley del juicio político es clara, taxativa en su articulado, apuntando que puede ser aplicada desde la máxima figura del Presidente de la República hasta el último servidor electo por el congreso nacional. Entonces, el poder es una imbecilidad transitoria, cuando nos parece que es vitalicia, y no, es todo lo contrario, dura demasiado poco, que en poco tiempo se esfuma, y no digamos cuando alguien es sometido, enjuiciado y destituido. No se puede, ni siquiera intentar alguna mala práctica, malicia, negligencia y decidía al momento de la operatividad de la justicia, o función propia del cargo. Así que, no se puede postergar ni dudar en la pronta aplicación de la justicia y seguir los procesos correspondientes, no importa el rango, abolengo, poder o influencia que una persona tenga. Cuando la justicia se politiza y los funcionarios no actúan ipso facto, el juicio político, puede estar tocando a sus cargos, evidenciando que el poder, sino se usa correctamente, puede ser una IMBECILIDAD TRANSITORIA.

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