
Según el RNP, en Honduras, hay cinco apellidos súper comunes, esto es a saber: Hernández, López, Martínez, Rodríguez y García. Hay otros no menos importantes por el número de habitantes que portan, tales como los apellidos Vásquez, Pérez, Rivera, Gómez, Díaz, Pineda, Ramírez, Aguilar, Alvarado, Velásquez, Castro, Romero, Mejía, Cruz, Flores, Castillo y Santos. Cabe hacer notar, que las familias se reconocen casi siempre por el abolengo, tradiciones e historia que han venido construyendo a lo largo de sus vidas, según el asentamiento o departamento en donde han crecido, multiplicado y mezclado.
Los apellidos que nos han gobernado en Honduras en los últimos 100 años, los enlistamos sin ningún problema, a continuación: Bonilla, Membreño, Bertrand, Gutiérrez, Mejía Colindres, Arias, Paz García, Paz Barahona, Carías Andino, Gálvez, Lozano Díaz, Rodríguez, Villeda Morales, López Arellano, Cruz, Melgar Castro, Suazo, Azcona, Callejas, Reina, Flores Facusse, Maduro, Zelaya, Lobo, Hernández, Castro y el actual Asfura Zablah.
La presencia de familias con apellidos diferentes a los criollos que todos conocemos, y que se quedaron viviendo en Honduras, están los de origen chino, judío, inglés, alemán, y otros, pero muy pocos. Los presidentes en Honduras del Siglo XIX y XX, estuvieron relacionados con los enclaves minero, bananero y militar. Así que, los movimientos políticos, económicos y sociales estaban fríamente calculados, de tal forma, que el poder ha sido manoseado, ostentado, y encomendado a ciertas familias herederas del poder y de los privilegios que este conlleva. Obviamente, no siempre fuimos 10 millones de habitantes en Honduras. Las familias eran muy marcadas, ya fuera por el color rojo o azul, y esos colores eran respetados y llevados, no solo como color, sino que eran convicción, orgullo y doctrina. Hoy, vemos que un día son de un color, mañana son de otro. Otro aspecto de las nuevas generaciones, es que fundan partidos e instituciones políticas y las dejan huerfanas, acéfalas, abandonadas y olvidadas. Por otra parte, están los que han sido censados en todos los partidos políticos, estos seguramente, son inversionistas y multicolores.
El cometido de este artículo, es puntualizar el hecho de que cuando una persona ostenta el poder, “todo mundo” dice ser familia o conocido de esa persona. Como anécdota de un extinto personaje en Honduras, aseguraba que de niño, cazaba, jugaba y era amigo íntimo de un expresidente, cierto o no, en realidad, es algo muy común, que aparezcan desde los parientes más cercanos, hasta los que están allá por el octavo grado de consanguinidad, dispuestos a hacerse pruebas de ADN, para demostrar lo filial. Bueno, el actual presidente, no tiene apellidos criollos, son de origen palestino, así que, está salvado. Nadie puede decir, que es familiar, solo sus parientes más cercanos, que no deben ser muchos, pues sus apellidos, no están entre los cinco más comunes en Honduras, ni mucho menos en los 20 que siguen en la lista.
Es interesante,como se escucha, entre los comentarios y pláticas ya sea en cafés o peluquerías y no digamos en los salones de belleza, estadios o reuniones sociales, la jactancia de algunos que suelen decir: El ministro X, es familiar de mi amigo, o de la novia, de la esposa o de algun conocido, lo que supone, conseguir chamba en el gobierno, o mantenerse en el cargo, trafico de influencias para agenciarse favores de todo tipo. Estar en el poder, sobran los amigos y familiares. Estar en la llanura, nadie quiere saber del árbol caído. Es importante en un país como el nuestro, comenzar a trabajar los conceptos de meritocracia, eficiencia y productividad, en donde los grados de consanguinidad pasan a un segundo plano, para que prevalezca la capacidad, la decencia, experiencia y la excelencia en el ejercicio de los cargos públicos, y, abandonemos el nepotismo que tanto daño y desprestigio le hace a cualquier partido político que se convierte en gobierno.




