El peso del 26 de julio, dos significados para Cuba y para Honduras

Ricardo Puerta

Tegucigalpa. – Las fechas pueden o no tener un significado especial para el país. Algunas marcan el inicio de una revolución o el fin de algo En otras es el fin de un gobierno democrático o dictatorial, o de otras vertientes que se convierten en símbolos que cada generación de ciudadanos la operacionaliza desde sus evidencias e ilusiones, propias o copiadas, que mantienen como expectativa, positiva o negativa del futuro.

El 26 de julio de 1953 quedó inscrito en la historia de Cuba como el día del asalto guerrillero al Cuartel Moncada, acción violenta encabezada por el comandante Fidel Castro Ruz que, aunque militarmente fracasó porque no derrocó a la dictadura batistiana vigente, sí dio origen al Movimiento Revolucionario Cubano 26 de Julio, que se  convirtió en el punto de partida de la Revolución Cubana y que finalmente logró tomar el poder político del gobierno en Cuba el 1ro de enero de 1959. 

Se puso en marcha un régimen político donde el único partido político legalmente permitido en Cuba es hasta hoy el Partido Comunista Cubano, cuyo fundamento e inspiración de gobierno es de tipo marxista, lidereado por los generales y comandantes históricos del Ejército Revolucionario Cubano.  El 26 de julio representa en Cuba una dictadura política que eliminó las pocas libertades y logros técnicos, políticos y económicos de corte liberal que eran residuos de los pocos gobiernos electamente democráticos que de verdad tuvo Cuba, desde que se instauró sin logros como una República Liberal democrática en 1902. Hasta ahora, la Cuba marxista tiene resultados y carencias peores, y aún con más limitantes, que las que tenía la dictadura batistiana que la derrocó.

En Honduras, el anuncio del regreso del expresidente Juan Orlando Hernández, conocido popularmente como JOH el próximo 26 de julio genera polémicas y dudas en un momento en que Honduras sigue debatiéndose entre la necesidad de fortalecer su débil e incipiente estado de derecho y con ello poder superar la persistencia de una polarización política que todavía la caracteriza y que han despertado comparaciones y lecturas simbólicas. La fecha del retorno ha sido anticipada públicamente por el propio exmandatario, su esposa y seguidores, tras la suspensión temporal de la orden de captura en su contra en los tribunales en donde es acusado por delitos de corrupción.

No existe evidencia válida que confirme que la elección de esa fecha de retorno tenga relación alguna de simpatía con el acontecimiento cubano del Moncada y su posterior gobierno dictatorial hasta el presente. Afirmarlo sería una especulación. Sin embargo, en política los símbolos suelen ser a veces tan importantes como los hechos que las evidencian, y las coincidencias en su calendario de gobierno muchas veces alimentan narrativas que más bien fortalecen o debilitan determinadas posiciones estratégicas del gobierno real y sus impactos.

Mientras tanto, el 26 de julio cubano recuerda el inicio de un proceso revolucionario que transformó completamente el Estado cubano, pero para mal, en otra dictadura, de tipo marxista comunista, que es la peor. El próximo 26 de julio podría representar para Honduras el comienzo de una nueva etapa de profunda confrontación, polarización y no de una efectiva inserción política y judicial de su ciudadanía para el bien del país. 

En ambos casos, los protagonistas pueden generar profundas divisiones entre quienes los consideran líderes, pero son las más responsables por los graves daños y males que resultan de sus mandatos, por tener al frente de su gobierno nacional consecuencias globales, sectoriales, culturales, políticas, sicológicas y de otros muchos matices que restan la autoconfianza a la ciudadanía para actuar colectivamente con esperanza  en el crecimiento y desarrollo de su futuro.

La diferencia fundamental es que uno pertenece a la historia consolidada y el otro apenas comienza a escribirse. El significado real que tendría del regreso de JOH a la vida política del país depende de la efectividad que necesita Honduras.

Las democracias no deben construir su memoria solo por lo realizado por sus líderes políticos, más bien depende de su fortaleza, continuo crecimiento y efectividad de sus instituciones y de la eficacia de la inserción práctica de su ciudadanía colectiva en esa evolución progresiva.  Las fechas pueden despertar emociones y evocar o no episodios históricos, pero son los hechos, con sus ilusiones y expectativas ante un futuro mejor, los que determinan el juicio final de la historia.

Quizá la mayor enseñanza del 26 de julio, tanto para Cuba como para Honduras, sea que ningún acontecimiento adquiere su verdadero significado el mismo día en que empieza.  Es el paso del tiempo, acompañado por las evidencias de la efectividad que logre en políticas de justicia distributiva y en la memoria colectiva de la nación y de la ciudadanía, los que terminan otorgándole su lugar y un significado real y positivo en la historia.

spot_img

Lo + Nuevo

spot_imgspot_img