
La semana recién pasada, última del primer tercio del año, el Banco Central de Honduras presentó su programa monetario.
Para mucha gente esta fue una novedad de la actual administración, al menos así parecía figurar en el alboroto que los medios de comunicación hicieron con ocasión del evento en que el joven presidente del Banco Central lo presentara públicamente.
La realidad es distinta: el Programa Monetario es un instrumento usual en la política económica de cualquier país. Es, junto al Presupuesto Nacional, la expresión de la voluntad que el estado de Honduras tiene para complementar los esfuerzos de la ciudadanía para mejorar su entorno material, es decir, generar riqueza y que ella le permita vivir mejor. Algunos “opinologos atrevidos”, emiten comentarios negativos o positivos al respecto, sin entender remotamente el alcance que ambos instrumentos revelan en su entramado.
La diferencia entre el Presupuesto y el Programa Monetario es de carácter fiduciario, es decir, tiene mucho que ver con confianza o falta de la misma.
El primero, o sea, el presupuesto, se financia (o se debe financiar) generalmente con impuestos que son, como todos saben, una suerte de expropiación forzosa que el estado hace de nuestros ingresos, producción o patrimonio, con la excusa de realizar por nosotros, algunos gastos que la gente particuar no estaría duspuesta a hacer por sí misma y que son necesarios para todas y todos.
En el segundo, el estado anuncia, a través del Banco Central, algunos elementos mas sutiles e intangibles, por lo tanto, menos presentes en el día a día, que la continua extorsión de que la gente se siente víctima al tener que pagar, por ejemplo, 15% del valor de una prenda o incluso la cuarta parte (25%) de sus ganancias anuales por invertir.
Allí se determina, por ejemplo, cual será la emisión de dinero que hará el Banco Central durante el presente año; a qué tasa de interés le prestará a los bancos comerciales para que estos tengan liquidez y puedan asumir de forma adecuada los compromisos con sus ahorrantes y prestatarios. También ese instrumento revela qué señales darán las autoridades a los agentes económicos (es decir, a mí como consumidor y a Usted como vendedor), para que decidamos mejor qué comprar o vender.
Además, en el Programa Monetario se establece qué tipo de relación o comportamiento, debemos asumir en el mercado cambiario, es decir, cómo los ciudadanos comunes y corrientes que hacemos transacciones, podemos utilizar monedas extranjeras para hacer intercambio con el resto del mundo.
Para llevar a cabo estas y otras tareas, el Banco Central usa una gran cantidad de instrumentos, algunos de ellos muy sofisticados. Uno de ellos es la llamada Tasa de Política Monetaria (TPM), también utiliza las denominadas Operaciones de Mercado Abierto (OMAs), que consiste fundamentaalmente en compra y venta de letras de cambio, bonos y otros papeles financieros, que le sirven para “esterilizar” la emisión de dinero que realiza, de manera que en el mercado haya únicamente la cantidad de lempiras necesarios para que la gente realice transacciones.
En resumen, hay una diferencia primigenea entre las política fiscal y monetaria de corto plazo: la primera se basa en la desconfianza , ya que el gobierno me expropia mi dinero y tengo todo el derecho a saber qué tan bien lo utilizará en mi beneficio. En la segunda, en cambió, debo confiar en que el Banco Central está poniendo en mi bolsillo, billetes que sirven para adquirir o vender bienes y servicios de manera adecuada.
¿Se ha preguntado Usted alguna vez si el billete de a 500 o de 20 lempiras que alguien le entrega, es verdadero a falso? Seguro que casi nunca, ya que el mercado monetario funciona precisamente en base a la confianza. Es por ello que a esos billetes que Ud. seguramente anda en su cartera, se le llama “dinero fiat”. Antes, el Banco Central solo emitía dinero en base a la cantidad de oro que tenía en sus bóvedas, a eso se le llamaba “Patrón Oro”. Al dinero fíat se le llama “Patrón Confianza”.
Esperemos que esta vez, el Banco Central tome medidas que fortalezcan esa confianza que no tenemos más remedio que tenerle y que, al mismo tiempo, se complementen adecuadamente con lo que el Gobierno Central hace para atenuar o establilizar el denominado “Ciclo Económico”.
A esta altura de la discusión, será necesario introducir un tema del cual las autoridades del Banco casi nunca hablan ni colocan en el Programa Monetario. Esto es el riesgo de que existan recurrentes défiicits cuasifiscales que pongan en riesgo el patrimonio de esa institución y que, según revelan las cifras en su balance general, ha venido afectandole de forma negativa. Ya hablaremos de eso después.





