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El futuro es mañana

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CISI

Le preguntaron a Woody Allen qué era lo que más le interesaba de la vida, respondió: “sin duda el futuro, porque es allí es donde pienso pasarla”. ¿Cuál futuro se nos presenta cada mañana? La humanidad construye la vida sobre falsas certezas, que Jesús, signo de contradicción, desbarata cual castillo de naipes. Para quienes ponemos la vida en sus manos todo es ganancia, porque permanece a nuestro lado mientras la barca es zarandeada por la tempestad, Mateo 8,24.

 

El juicio “post-mortem” permite detectar errores, actualizar conocimientos, mejorando protocolos y habilidades, lecciones aprendidas. Este tsunami golpea cada nación según coyunturas, recursos e idiosincrasia, aptitud y actitud de su gente. La pregunta sería: ¿Por qué la pandemia se enfocado como un problema de salud pública, una crisis sanitaria, en lugar de considerarse un asunto de Defensa y Seguridad Nacional? Por tanto, una declaración de guerra, biológica, no convencional, pero con escenarios de actuación similares.

Algunos países asiáticos así lo entendieron, lecciones aprendidas de anteriores pandemias. Utilizaron protocolos de guerra ante la actitud jocosa y prepotente de sociedades que, mirándose el ombligo en esta era del hedonismo y bienestar, donde se ha sustituido a Dios por la tecnología, no visualizaron el tsunami. La devastación que sufre Italia, España, Estados Unidos, muestran ese pecado de orgullo y soberbia.

El soporte para entender que estamos en una guerra son dos conceptos que deberían estudiarse desde la secundaria. Defensa Nacional: “Disposición, integración, y acción coordinada de todas las fuerzas morales y materiales, ante cualquier forma de agresión, afectando a toda la población y territorio”. Seguridad Nacional: “Acción del Estado dirigida a mantener el patrimonio y los recursos de la nación, en todas sus formas, así como el desarrollo armónico y marco de convivencia de los ciudadanos, a cubierto de cualquier interferencia y agresión, interna y externa”. Mientras el primero pone en marcha la maquinaria para confrontar al enemigo, el segundo se preocupa de la seguridad y desarrollo de la población. ¿Qué sería la fuerza moral? La fortaleza de un pueblo cuya riqueza no está en su economía sino en su cultura, educación, valores, y actitud positiva. “Lo demás viene por añadidura”, Mateo 6,24.

Los países que entienden la pandemia como un problema de salud pública modifican estrategias porque no visualizaron correctamente los efectos colaterales. Ejemplo catracho: el 11 de marzo la Secretaria de Salud confirma la presencia del primer caso de Covid-19; el 15 de abril, con 419 casos, la Secretaría de Salud entra en conversaciones con laboratorios y microbiólogos privados para que apoyen la realización de pruebas de detección del virus, porque sus recursos son insuficientes. En una guerra, desde el minuto uno, todos los recursos de la nación, incluidos los particulares, se ponen a disposición del gobierno quedando integrados en la Defensa Nacional.

La guerra biológica presenta singularidades. Los combatientes no son soldados sino médicos y enfermeros; no hay armamento militar, sino biosanitario; las infraestructuras no son cuarteles, arsenales, sino hospitales, laboratorios, farmacias. Los heridos no lo son por balas, sino por virus, afectando patologías concomitantes; no se requieren cirujanos sino neumólogos, respiradores, medicinas. No se necesitan camiones para movilizar tropas sino ambulancias para trasladar enfermos. La estrategia de lucha no es ofensiva sino defensiva, la gente no se concentra en refugios antibombas, se confina en sus domicilios. Fase de contención, donde el aislamiento por dos semanas controla la incubación en un portador asintomático, rompiendo la cadena de contagio.

En una guerra donde todos somos potenciales agresores y victimas, el futuro se construye cada mañana. El gobierno y su gabinete de guerra, asesorado por expertos en las áreas que se requieran, una vez operativa la “Defensa Nacional”, implementa por fases el concepto “Seguridad Nacional” para reactivar el desarrollo social, el tejido productivo, la economía, según un nuevo modelo de relaciones laborales. Guerra donde la desobediencia a la autoridad es una agresión contra la sociedad.

A los valerosos que trabajan en silencio, con riesgo, por un futuro para Honduras, les dejo una bendición que la tradición irlandesa atribuye al patrón San Patricio: “Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos, que el viento sople siempre a tus espaldas, que el sol brille cálido sobre tu cara, que la lluvia caiga suave sobre tus campos y, hasta que volvamos a encontrarnos, que Dios te lleve en la palma de su mano”.

El compromiso es un acto, no una palabra”. -Sartre-

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