El baile de la impunidad

Carlos Medrano
Periodista

Mirar en redes sociales como en El Salvador y al ritmo de Shakira, el Consejero Marlon Ochoa bailaba sin ninguna preocupación, stress o ansiedad, mientras unos meses previos a las elecciones generales puso a todo un país al borde de una guerra civil, no genera menos que indignación.

No puede ser que un incendiario, irresponsable e irreflexivo personaje que debió administrar unas elecciones tranquilas y democráticas, más bien se prestó a socavar los cimientos de la vida republicana, interfiriendo y obstaculizando el normal calendario electoral en las elecciones internas y generales.

Con el mayor de los cinismos, el joven Ochoa ha gozado durante todos estos meses después de que su partido político perdió estrepitosamente este cotejo electoral, de la más impresionante impunidad.

Como si él fuese la ley, el Consejal Ochoa se opuso a los cambios aprobados por mayoría en el Consejo Nacional Electoral, CNE, del Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (TREP), un mecanismo que había sido aceptado por el Partido LIBRE en las elecciones pasadas.

Ochoa se ausentó injustificadamente durante casi un mes, provocando una parálisis institucional y enfrentamientos públicos entre los consejeros, además de entorpecer y retrasar el proceso electoral y el escrutinio después de los contundentes resultados.

Obedeciendo un perverso plan para evitar las elecciones y minar la democracia, el cuestionado Consejero procedió a atacar pública y personalmente a las consejeras Ana Paola Hall y Cossete López, convirtiéndose en un activista político que obedecía a directrices externas, lanzando sus hordas en el interior de la CNE, para entorpecer cuanto proceso fuese posible.

No importándole que las acusaciones de fraude que hizo lo único que evidenciaba era su inutilidad como funcionario electoral, el representante electoral no le importó las consecuencias de sus actos, como sucede con muchos funcionarios que llegan al poder y se trastornan y deforman creyéndose un ser superior, sin reglas y sin ley que les detenga en sus maquiavélicos planes.

Posteriormente Ochoa divulgó públicamente la existencia de unos supuestos audios en la que aparecerían actores políticos discutiendo planes para sabotear las elecciones o manipular el proceso electoral, sin mostrar ninguna autenticidad de estas grabaciones, evidenciando una narrativa que no pudo sustentar.

Muchos analistas y miembros de la sociedad civil, han expresado que el juicio político está incompleto si a Ochoa y a los otros señalados no se le acusa con todo el peso de la ley y pague por las calumnias, el retraso deliberado del proceso democrático y por todas las arbitrariedades cometidas en el ejercicio de sus funciones.

Hoy el Consejal Ochoa después de gozar de una asombrosa impunidad se asegura que salió del país huyendo por la consecuencia de sus irresponsables actos que socavaron la democracia en este país.

Otros compinches como el jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras Roosvelt Hernández, el expresidente del Congreso Nacional Luis Redondo Guifarro y el esfiscal Joel Zelaya también deberían estar en procesos judiciales por olvidar su promesa de ley de cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República.

spot_img

Lo + Nuevo

spot_imgspot_img