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EEUU: Preocupa, y mucho, el interregno de Trump de 78 días (Análisis)

(Especial para “Proceso Digital”- Por Alberto García Marrder).

Washington, (EEUU).- Preocupa seriamente en Estados Unidos los 78 días en que el país estará en un interregno bajo las órdenes de un presidente casi en funciones, Donald Trump, llamado ya como “un león herido”.

Hay un término en ingles que califica ese papel como un “lame-duck” (“pato cojo”). Es un presidente saliente que aún tiene el poder, aunque por poco tiempo por haber ya uno electo, de tomar medidas controversiales sin temor a las consecuencias.

Como, por ejemplo, perdonarse a sí mismo, a sus dos hijos mayores y amigos, de futuras demandas. Incluyendo sus negocios millonarios. O lanzar un ataque a un país enemigo, como Irán o Venezuela.

Podría adoptar órdenes ejecutivas, sin necesidad de aprobación del Congreso, para endurecer o anular las medidas de inmigración, como aquella que concede la ciudadanía americana automáticamente a cualquiera que hubiera nacido en Estados Unidos, aunque sus padres no fueran residentes legales.

Eso afectaría a miles de centroamericanos, especialmente hondureños.

Desde luego que estas medidas de “última hora” en la Casa Blanca podrían ser derogadas por el presidente electo, el exvicepresidente demócrata Joe Biden, tan pronto asuma el poder el 20 de enero.

Trump no reconoce la victoria electoral de Biden y alega, sin fundamento alguno, que le han robado las elecciones.

Por ahora, Trump no reconoce la victoria electoral de Biden y alega, sin fundamento alguno, que le han robado las elecciones.  Y que él es único vencedor. Por eso, hoy lunes, sus abogados impugnarán los resultados electorales en cuatro estados: Arizona, Georgia, Nevada y Pensilvania.

Dada estas circunstancias inauditas en la historia americana, no se vislumbra una transferencia pacífica de poder, ni que Trump felicite a Biden. Aunque, sea por teléfono o por “twitter” el sistema favorito del presidente. Envía, de promedio, unos 15 diarios a sus más de 80 millones de “seguidores”.

Nombra ministros o los despide por este sistema. O los difama a los que han caído en desgracia con él.

En esta capital, existe una situación novedosa y rara: parece haber dos gobiernos paralelos.

Uno, con un presidente “en funciones” y furioso, atrincherado en la Casa Blanca. Y quejándose de que le han robado la reelección por otros cuatro años más y nada menos por un político de carrera que él califica de “insignificante”, lo que más le duele.

Ese presidente está rodeado de asesores e hijos fieles que tienen miedo de decirle la verdad: que ha perdido las elecciones y que se vaya lo más digno posible.

Y otro gobierno “electo”, en Wilmington (Delaware), donde vive Biden con su influyente esposa, Jill Biden. En esa ciudad, el presidente electo está formando, a partir de hoy, un comité de expertos para controlar la segunda o tercera onda de la pandemia del coronavirus ante la aparente pasividad del gobierno de Trump.

Esta ya formando su futuro gabinete, hasta con republicanos moderados. Y haciendo una lista para, de forma inmediata, derogar las controvertidas medidas de Trump, como la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Y sobre todo, mejorar las relaciones con los aliados europeos, a los que Trump ha denigrado, en palabras y en acciones, por su política de aislar a Estados Unidos.

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