Defender el bosque hasta morir: el caso de Juan Bautista y su hijo que marcó a Comayagua

Tegucigalpa- En el corazón montañoso de Comayagua, donde nacen ríos y se conservan algunos de los pulmones verdes más importantes del centro del país, la defensa del ambiente ha pasado de ser una causa comunitaria a una actividad de alto riesgo.

En ese escenario se anota la historia de Juan Bautista Silva Ventura y su hijo Juan Antonio Silva Hernández, asesinados el 26 de febrero de 2025 mientras realizaban labores de vigilancia forestal.

Juan Bautista tenía 69 años y era conocido en la aldea La Protección como uno de los principales guardianes del bosque en la zona de Las Botijas.

Durante más de dos décadas se dedicó de forma voluntaria a recorrer senderos, reportar incendios forestales y denunciar la tala ilegal que amenazaba las cuencas de agua de la región. No pertenecía a ninguna institución oficial, pero su liderazgo era reconocido por vecinos y autoridades locales.

Un amor por el bosque heredado

Su hijo Juan Antonio, de 20 años, solía acompañarlo en estas tareas. Juntos documentaban con fotografías y videos las actividades ilícitas que luego eran presentadas ante la Fiscalía Especial del Medio Ambiente. De acuerdo con registros del Ministerio Público, Juan Bautista interpuso al menos ocho denuncias entre 2005 y 2020, la mayoría sin respuesta efectiva.

Las Botijas es una zona de alto valor ambiental, pero también un territorio codiciado por intereses vinculados a la explotación forestal y proyectos de urbanización.

Esta presión convirtió la labor de los Silva en una actividad cada vez más peligrosa. En 2020, Juan Bautista fue atacado con un machete mientras realizaba patrullajes, un hecho que nunca fue investigado.

Cinco años después, el riesgo se materializó de la forma más violenta. La mañana del 26 de febrero de 2025, ambos salieron en motocicleta tras recibir información sobre nueva tala ilegal. Horas más tarde, al no regresar, la familia reportó su desaparición. Sus cuerpos fueron encontrados al día siguiente al fondo de un barranco, con señales de extrema violencia y uso de armas de fuego y motosierras.

Las investigaciones incluyeron allanamientos, peritajes forenses y análisis balísticos. Aunque se habló de testigos protegidos y sospechosos, el caso sigue sin resolverse, sin capturas y sin responsables ante la justicia.

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El asesinato de Juan Bautista y su hijo forma parte de una serie de crímenes contra defensores ambientales que, según la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), suman al menos 103 entre 2015 y 2025. Más del 90 % permanece en la impunidad, especialmente en zonas donde confluyen intereses por la tierra, recursos naturales y estructuras criminales.

Frente a esta realidad, ASJ, capítulo en Honduras de Transparencia Internacional, impulsa la iniciativa “Guardianes silenciados”, un proyecto que busca visibilizar la violencia contra defensores ambientales mediante investigación técnica, trabajo de campo y relatos humanos.

Hoy, el nombre de los Silva se ha convertido en un símbolo de una lucha desigual: la de comunidades que protegen los bienes naturales sin respaldo estatal, frente a un modelo de explotación que avanza entre el silencio institucional y la violencia.LB

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