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Curarse en “Salud”

Yanivis Melissa Izaguirre | Periodista, Honduras

Tegucigalpa, Honduras. De los súper ministros pasamos a los súper presidentes.

En la gestión pasada, la exsecretaria de Salud, Carla Paredes, asumió de forma paralela la titularidad de la Junta Interventora del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS). No hubo resultados, y terminó renunciando en las postrimerías del gobierno de Xiomara Castro.

Ahora, el presidente Nasry Asfura comienza su gestión aplicando una vieja receta, la de “curarse en salud”.

En la semana de arranque, tomó una decisión tan simbólica como riesgosa, no nombrar secretario/a de Salud y asumir él mismo la conducción de la problemática Secretaría como un súper presidente.

Asfura sabe muy bien que esa es una solución temporal, no estructural, pero no va a nombrar a nadie, porque no confía en nadie.

No es curiosa la decisión, pues si algo dejó su partido en el sector salud fue una herencia que no cabe en un discurso de toma de posesión, sino en varias tomas de declaración en los tribunales de justicia.

Ahí está el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), el gran trauma institucional, un saqueo documentado por años, con cifras millonarias y una intervención que se volvió sinónimo de crisis permanente.

El IHSS fue el símbolo que convirtió la indignación ciudadana en antorchas; y, desde entonces, la sensación de impunidad quedó instalada como parte del equipo hospitalario.

Luego vino la pandemia y su propio capítulo de terror administrativo, los hospitales móviles comprados por Inversión Estratégica de Honduras (Invest-H), objeto de investigaciones, informes y auditorías que describen procesos de adquisición cuestionados y manejo de fondos bajo lupa.

Durante la pandemia, el Consejo Nacional Anticorrupción documentó que el Estado erogó más de 1,200 millones de lempiras en la compra de hospitales móviles, una operación ejecutada mediante Invest-H y marcada por sobrevaloraciones e irregularidades que el organismo sustentó en una denuncia ante el Ministerio Público.

Un triste recordatorio de que, incluso en emergencia, la prioridad fue el negocio antes que la vida.

Y ni hablar de las pastillas de harina o de la exsecretaria de Salud, Alba Consuelo Flores, que sigue prófuga de la justicia.

Entonces volvamos a la decisión política, ¿por qué Asfura decide no nombrar a nadie?

La lectura “bonita” del mensaje presidencial dirá algo así como control directo, reducción de burocracia, respuesta rápida a la crisis. La lectura hondureña, la que se escribe con cicatrices, dice otra cosa, esto es un acto de desconfianza preventiva.

El sistema de salud ha estado capturado por el control político y está claro que nombrar un titular de esta área en Honduras no es llenar una vacante, es entregar la firma, heredar redes de corrupción y administrar una bomba de tiempo.

Quizá el presidente se quiere asegurar de que las camillas no sean solo sueño en los pasillos, que no existan pacientes sin insumos médicos, cirugías suspendidas y hospitales operando al límite.

Pero un sistema sanitario requiere gestión técnica diaria. Un presidente no tiene el tiempo para administrar un sistema de esa complejidad sin una cabeza ejecutiva dedicada.

¿Podrá el pueblo confiar en la capacidad de un secretario-presidente o su decisión terminará sin curar nada?

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