
La situación de polarización que vive el mundo, se agudiza cada vez más, debido al recurso del odio, calumnia y descalificación. Las conductas de los individuos tanto de los que gobiernan como de los gobernados, pasa por una crisis de imaginación política, es decir, al planteamiento serio de proyectos políticos, diseñados mediante políticas públicas que le den rumbo y norte a las generaciones presentes y futuras.
La herencia que estamos dejando a las generaciones presentes y futuras es de incertidumbre, confrontación, ninguneo y de decisiones equivocadas. La poca imaginación política, hace que la clase política, no solo local, sino que mundial, se debata en la miseria mental, desenfreno, ingobernabilidad, fantasmas y desidias morales impresionantes, mostrando así, una escasa o nula capacidad de proponer esperanza, realización, ideales, y políticas concretas que beneficien a la población que anhela un mundo mejor.
Si bien es cierto, el siglo XX, fue luminoso, pero demasiado corto, pues se habla que lo más notable de este hito fueron los eventos comprendidos entre 1914-1991, es decir, el comienzo de la Primera Guerra Mundial y la finalización o descalabro de la Unión Soviética. No obstante, por más que se pongan agendas mundiales, así como se hacen así se deshacen, porque los grados de intolerancia y negociación han desaparecido del mundo de la diplomacia internacional. La crisis de la imaginación política, va tan lejos y rápida, que lo mejor, para los nuevos cuadros políticos y las formas demasiadas laxas de gobernar son la revancha, odio y una absoluta ausencia de propuestas. La mejor opción es que nos pongamos a trabajar y se deje de estar inventando el día a día, que solo nos lleva a la pervivencia, indigencia, pauperismo, degradación, violencia, inflación y una cada vez más, acentuada desigualdad
La fatiga mental, la generación de lo poco, el desprecio por el “otro”, la manifestación y demostración hegemónica evidencia que nos hemos olvidado del respeto, consideración y de los buenos tratos entre hermanos y países. El estrés y la desesperanza, siguen su carrera, de tal forma, que hay un mundo enfermo, paranoico, desquiciado, manipulado, nada estimulado, indiferente, producto de la forma brutal de estilos de vida y modelos económicos ensayados, en donde se evoca el individualismo, conformismo, materialismo, egoísmo y el hedonismo.
El libro escrito por Jonathan Haidt, expone que esta generación “Z”, es la “generación ansiosa”. Agustín Laje, habla de una “Generación Idiota”. A nuestro juicio, no debería privilegiarse ni al “adultocentrismo”, ni el “adolocentrismo” en donde el primero es, la supremacía del adulto mayor, como el dueño de la verdad, y el segundo es o son las ideas de la generación presente, debería hacerse una simbiosis entre las excelentes ideas de los adultos y las inquietudes e ímpetu de los jóvenes, a efecto de vivir en un equilibrio político, económico, social, tecnológico, cultural, y hasta religioso. Es decir, promover las negociaciones y relaciones duraderas de una política que sea para iluminar, entusiasmar, trabajar, filosofar y dimensionar las mejores ideas y políticas públicas de desarrollo humano mundial, de lo contrario, podríamos estarle diciéndole adiós a los nueve mil millones de seres humanos que habitan este planeta.
Resulta mejor enarbolar el discurso apocalíptico, de fin del mundo, por el abandono de los verdaderos ideales de los seres humanos. Los sistemas políticos, son solo eso, pero la realidad de los individuos es tener el pan en la mesa, un trabajo y una vida digna que deben gozar y vivir en cualquier forma y política económica a la que esté sometido. Así que, se necesita la propuesta de futuros transformadores, esencia y decencia de los líderes políticos locales y mundiales, alcanzar mejores estadios de desarrollo humano, integridad, ética y transparencia en el manejo de los recursos que se administran. Se debe trabajar y formar una generación seria, comprometida, honesta, sin temores, altruista, futurista y preparada para afrontar los desafíos y retos de una sociedad que se debate y vive una actual crisis de la imaginación política.
Cómo corolario de lo anterior, es menester puntualizar que la crisis de la imaginación política, afecta la democracia como sistema, imposibilita la innovación, resolución de conflictos, el desarrollo estatal y ciudadano, la falta de visión, agrava más los problemas estructurales y deja al descubierto la incapacidad de mejorar las condiciones de vida de las familias y una marcada inestabilidad de las instituciones educativas, políticas, institutos de previsión, sistemas sanitarios, empresas, corporaciones, consorcios y como si fuera poco, deslegitima el quehacer y andamiaje del Estado, cuyo fin último, es la persona humana.







