
Debido a que en las últimas semanas el país ha estado muy entretenido con el show que día a día inventan los atorrantes políticos del patio, medios de comunicación y opinión pública en general, han pasado por alto o dejado de lado algunos temas importantes.
En efecto, la guerra en Medio Oriente y el estrés de cada fin de semana, en que el gobierno anuncia los nuevos pecios de los combustibles con el consabido impacto en la canasta básica, sumado al estupor que causan anuncios como el retorno al país de delincuentes que, sin ningún pudor, anuncian que vienen a poner orden en el estropicio que ellos mismos causaron con su comportamiento, nos distrae de pensar y hacer cosas realmente importantes.
Por ejemplo, casi ningún medio de comunicación se ha hecho eco del anuncio hecho por las autoridades del Banco Central de Honduras (BCH), sobre un importante cambio en su forma de trabajo. Esto es crucial ya que tiene mucho potencial para mejorar la economía del país en el futuro cercano. Se trata de una nueva forma de hacer política monetaria basada en “Metas de inflación”
Pero ¿En qué consiste la variante y qué la hace tan importante?
Bueno, pues hay que empezar por reconocer la importancia que tiene el dinero en todas nuestras actividades y cómo, el buen o mal uso que se le de, determina nuestro bienestar e incluso la paz y felicidad que podamos alcanzar.
¿Significa eso que tener más dinero garantiza la bonanza? No necesariamente. Si así fuera, resolveríamos nuestros problemas de manera muy simple: bastaría con que el Banco Central emitiera muchos más billetes y que el gobierno promulgara un decreto que nos facilite el acceso a ellos vía aumento salarial o simplemente a través de regalías. ¡No funciona así la cosa!
Y lo sabemos justamente, porque la historia está llena de casos en que, gobernantes irresponsables o ilusos, se dedican a imprimir o acuñar dinero y los resultados han sido catastróficos: los precios se disparan y se genera el aterrador fenómeno de la inflación que es, ni más ni menos, la pérdida de valor del dinero, debido a la ley de la economía que dice que entre más abundante es un bien, menos importancia le damos.
La experiencia entonces nos enseña que no existe daño más grande para una sociedad que la inflación. Nada causa más pobreza, miedo e incertidumbre. Por ello es imperioso que los gobernantes se dediquen seriamente a evitarla.
Hasta ahora, el BCH ha basado su política monetaria en el mecanismo tradicional: Le llaman “Meta de agregados monetarios” que consiste en calcular el nivel requerido de dinero por parte de los agentes económicos, coordinarse adecuadamente con el resto del sistema financiero, predecir la tasa de interés y emitir billetes y monedas de forma consecuente: ni tan poco que ralentice la actividad de los sectores (recesión), ni tanto, que provoque un exceso de demanda de productos y presione el aumento de precios (inflación).
Pero, de ahora en adelante, según lo anunciado, el BCH tomará una ruta modernizante para llevar a cabo su labor de manera más eficaz: fijará una meta de inflación estable y utilizará sus instrumentos (emisión, Tasa de Política Monetaria, letras para la esterilización, etc.) con el objetivo claro de mantener esa meta de forma que genere certidumbre. Si actúa disciplinadamente y logra su cometido, el país se hará más predecible, alejará el fantasma de la inflación, podrá atraer más capitales y además logrará la competitividad que ahora no tiene.
Será necesario, además, flexibilizar el mercado de divisas, eliminar las trabas al ingreso y salida de capitales, además de avanzar para lograr que la política monetaria sea totalmente autónoma. Muchos países latinoamericanos lo han hecho y están teniendo éxito. Honduras no puede seguir a la retaguardia en las reformas necesarias para solventar los retos que nos impone esta nueva era. Por ello es tan importante la noticia que nos da el Banco Central.
Pero la generación de empleo, la mejora en la inversión y, por ende, la prosperidad económica, no son solo responsabilidad del BCH. La política monetaria impacta en el corto plazo, es necesario entonces hacer más. Coordinar bien con la política fiscal y que el gobierno ejerza adecuadamente su rol para que el gasto social y la inversión pública complementen los esfuerzos del sector privado en la generación de riqueza. De esta forma, las cosas pueden ir cambiando de a poco para bien.
Será necesario entonces hacer políticas públicas con inteligencia y compromiso. Aún estamos a tiempo de transformar a Honduras.





