
Periodista
El Instituto Nacional de Formación Profesional INFOP, va a la deriva, no tiene rumbo, no camina, no produce, no cumple con su cometido, no sirve, no llena las expectativas que el país demanda, la clase política y gobernante ha convertido una herramienta de desarrollo en un elefante blanco.
Cerrar el INFOP para reconstruir una nueva organización que eduque técnicamente a este pobre pueblo, sería lo más recomendable, eliminando a ese sindicato que tiene secuestrado a esta institución, pues ellos amarran a cualquier director, lo manipulan, lo aíslan, lo boicotean y le hacen la vida difícil y compleja.
Cerrar el INFOP es una decisión técnica y estratégica, se debe de crear un sistema de formación profesional cuyo único objetivo sea generar empleo, productividad y desarrollo, no enchambar a activistas políticos que entran a esta dependencia cuando cambia un Gobierno.
Después de estas últimas elecciones, Honduras lo tiene más que claro, nuestro principal problema no es ideológico, es económico que incluye el tema del empleo principalmente y como convertir a este país en una potencia económica.
En ese contexto, el debate sobre el futuro del INFOP debe centrarse en una discusión sobre competitividad, productividad y futuro de una nación que necesita tener una mano de obra capacitada para producir algo que necesite los grandes mercados en el mundo.
El INFOP concebido como la herramienta para formar mano de obra calificada, durante los años se desvinculo de la realidad económica y social del país, las empresas requieren un producto y el INFOP produce otro muchas veces sin calidad, sin destreza, sin conocimiento; Miles de jóvenes egresan cada año del sistema educativo sin encontrar oportunidades, empresas señalan brechas de habilidades y el país sigue atrapado en baja productividad y salarios limitados.
Mientras el INFOP continúa enseñando de manera muy limitada, electricidad, soldadura y peluquería, el mercado laboral del siglo XXI exige técnicos en energías renovables, programación, logística, agroindustria tecnificada, automatización industrial, bilingüismo y comercio exterior, entre otros.
En otras palabras, los cursos tradicionales están desconectados de la dinámica empresarial que está exigiendo el mundo actual.
El INFOP debería hacerse una catarsis que les permita ver la realidad y el precipicio al que están conduciendo a este centro educativo-técnico, los sindicalistas deberían preguntarse, cuántos de sus educandos egresados consiguen empleo, cuánto ganan o cuánto aportan a la productividad nacional, si los resultados son negativos entonces no está cumpliendo su misión.
Cerrar el INFOP puede sonar radical, por los costos laborales, conflictos sindicales y un impacto político considerable, pero también puede ser una oportunidad histórica si se hace con responsabilidad y visión de Estado.
Más que un simple cierre administrativo, lo que Honduras necesita es un nuevo sistema de formación profesional con una formación dual real: empresa y aula trabajando juntas tal y como ocurre en países desarrollados como Alemania.
El INFOP debe iniciar un nuevo proceso privilegiando la meritocracia en la dirección institucional, currículos diseñados junto al sector productivo, transparencia absoluta en el uso de los fondos y alinearse con las empresas para que los alumnos salgan con trabajo.
Modelos como el sistema de formación dual alemán o el Instituto Nacional de Aprendizaje de Costa Rica demuestran que la educación técnica puede ser un motor de desarrollo cuando está alineada con la economía real.






