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“Cachao”, mis pastelitos de guayaba con el creador del mambo

Mis “Personajes Inolvidables” (1)

Miami, (EEUU) – (Especial para Proceso Digital- Por Alberto García Marrder) –

Sobre la historia del mambo, dejemos las cosas claras desde un principio.

El cubano Dámaso Pérez Prado popularizó el mambo en el mundo, pero el verdadero creador de ese rimo frenético fue, a finales de los años treinta, otro cubano, Israel “Cachao” López, a quien conocí en Miami a principios de este siglo.

Tuve el honor de invitar a “Cachao” a un cafecito cubano y a unos pastelitos de guayaba en la cafetería-repostería ”Roma”, situada en la calle Ocho y la 48 avenida del suroeste de Miami. El objetivo era hacerle una entrevista para la Agencia de Noticias española EFE cuando yo era director de su delegación en Miami.

Y luego después, a acompañarlo a cortarse el pelo en una barbería cubana situada en el mismo centro comercial, donde era considerado todo un personaje famoso. Recuerdo aún la expresión de asombro de un cliente al entrar a la barbería y verlo en un sillón: “Coño, pero si es nada menos que “Cachao”.

Comenzó entonces una amistad. Fui a muchas de sus “descargas” de música cubana o casi “latín jazz”, él dirigiendo el ritmo, con los ojos cerrados, desde su contrabajo. Era todo un espectáculo, además con el famoso actor cubano-americano Andy García, de espontaneo en las congas o tumbadoras.

Y fui uno de los primeros periodistas en saber de su muerte por problemas renales, el 22 de marzo de 2008 a la edad de 89 años, gracias a una llamada de una hija. Estuve presente, además, en su funeral, con el féretro abierto, en el Teatro-Auditorio Miami-Dade, en la calle Flager.

Lo recuerdo humilde, pensativo, chistoso, de buena memoria, irónico y sin jactarse de haber compuesto más de tres mil danzones. Y de haberme introducido a los deliciosos pastelitos de guayaba.  

A finales de los años treinta, dos músicos cubanos y hermanos, Israel “Cachao” López y Orestes López formaban parte de la Orquesta-charanga de Arcaño y sus Maravillas. Y Comenzaron los dos a experimentar, acelerando el ritmo del danzón o el son montuno e introduciendo un ritmo sincopado de un compás de cuatro por cuatro en la percusión. A “eso”, le llamaron el “mambo del danzón”.

En los años cuarenta y cincuenta, Pérez Prado lo popularizo mundialmente con arreglos de gran orquesta, con formato de una “Big Band”. Además, aceleró aún más el ritmo e introdujo saxofones y trombones. Y puso a bailar el mambo al mundo entero, hasta a los tímidos japoneses.

Por algo, era llamado el “Rey del Mambo”.

En mi charla con “Cachao”, él siempre reconoció el impulso que le dio Pérez Prado a su idea original. Y me contó, con su modestia habitual, como salió exiliado de Cuba en 1962 y los años duros en Miami, cuando tenía que trabajar como un desconocido en los bailes de “Quinceañeras”.

Pero fue el actor cubano-americano Andy García quien lo “redescubrió” en 1993 y lo lanzo a la fama de nuevo con un documental y conciertos de “descargas” en Miami y Nueva York, de los dos juntos, a los que yo asistí.

“Cachao” tiene, con todo mérito, su estrella en el “Paseo de la Fama” en Hollywood y fue premiado varias veces con los “Grammys” de música.

Y para mí, desde luego, fue uno de mis “Personajes Inolvidables”.


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