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Basta ya

Por Luis Cosenza

El pasado 30 de abril, Geoffrey S. Berman, el Fiscal del Departamento de Justicia de Estados Unidos de América asignado a la oficina del Distrito Sur de Nueva York, publicó un comunicado en el cual informa que Juan Carlos Bonilla Valladares, quien fuera Director de nuestra Policía, ha sido acusado en la Corte Federal de Manhattan por conspirar para importar cocaína a los Estados Unidos y por otros asuntos relacionados con la posesión de ametralladoras y otros aparatos destructivos.

Lamentablemente, una vez más nuestro Presidente aparece mencionado. Si bien es cierto que las acusaciones en su contra provienen de narcotraficantes convictos quienes han optado por colaborar con la justicia a fin de reducir la sentencia que pueda imponerles el juez, no es menos cierto que la acusación en su contra hecha por varias personas tiene serias y negativas consecuencias para nuestro país. Por supuesto que el citado comunicado dio pie a varias reacciones y pronunciamientos, pero el que más me ha impresionado ha sido el de Monseñor Ángel Garachana. Permítanme explicar por qué.

Monseñor Garachana es el Obispo de la diócesis que tiene a San Pedro Sula como su sede y además es el Presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras. A raíz del citado comunicado, publicó un mensaje en Twitter que decía “Corrupción, impunidad e inmunidad, volvemos a la misma trilogía. Heredamos su fruto más amargo, la inequidad social. No cesemos en la denuncia y la lucha y no perdamos la esperanza de que algún día brillará la verdad y la justicia”. A raíz de ese mensaje, una periodista entrevistó al sacerdote Juan Ángel López, portavoz de la Conferencia Episcopal, quien al comentar el mensaje se refirió a “la lacra del narcotráfico”, lamentó “la indiferencia en que vivimos los hondureños”, mencionó que la “situación del país es grave” y terminó diciendo “¡Basta ya! ¡Basta ya de tanto daño que se le ha causado al país!”

El mensaje de Monseñor Garachana y del sacerdote Juan Ángel López reflejan el dolor, la vergüenza y la frustración que sentimos muchos hondureños. Lo peor del caso es que estamos seguros de que nuestro vía crucis no terminará aquí. Lo que hemos visto es que la condena de un traficante de droga lleva a que se acuse a otras personas. En su afán por lograr una sentencia que conlleve menos años en la cárcel, muchos de los convictos optan por colaborar con las autoridades y delatan a otros traficantes de droga. De hecho, el aplazamiento de la sentencia a don Tony Hernández hasta finales de junio hace pensar que está colaborando con las autoridades. Es posible que la información que él ha provisto haya servido para completar la acusación contra don Juan Carlos Bonilla Valladares. Si condenan a don Juan Carlos, es posible que él opte por colaborar con las autoridades y que eso resulte en que otras personas sean acusadas. Es decir, es muy probable que nuestro calvario no termine aún.

En el documento que sustenta el comunicado, lo que denominan la “queja” (complaint), se menciona a un ex Presidente y al Presidente de la República como “co-conspiradores”, CC3 y CC4. Ojalá que yo esté equivocado, pero todo parece indicar que el Fiscal Berman está cerrando el círculo alrededor de estas personas y que no descansará hasta acusarlos formalmente. Sigue tirando de la madeja del ovillo, acusando y logrando la condena de otras importantes figuras. Seguro que piensa que tarde o temprano contará con suficientes testigos dispuestos a colaborar con la justicia y en ese momento procederá en contra de CC3 y CC4. Puede que eso tome un par de años, pero el Fiscal Berman ha dado pruebas de ser paciente y cuidadoso. No ha perdido un solo juicio y seguramente que buscará proteger su exitoso desempeño en los tribunales. Es decir, no acusará formalmente hasta sentirse seguro de que ganará.

Por nuestra parte, solo nos queda esperar que todo este penoso proceso termine pronto y que concluya exonerando a los inocentes y condenando a los culpables. Dios quiera que aprendamos algo y que esta triste y penosa experiencia nos permita construir un mejor país. Haciéndole coro al portavoz de la Conferencia Episcopal, ¡basta ya! Es hora de la conversión y de la depuración de nuestra clase política. Si eso es así, nuestro sufrimiento y vergüenza habrá valido la pena y el dolor.

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